¿Puede una persona decir si está verdaderamente enamorada?
Mientras miraba aquella hermosa bola de cristal con mariposas, sonreía. No había dejado de poner una y otra vez la canción Perfect, pero mi cerebro —despiadado como siempre— le dio una patada a mi corazón. En ese momento… me descubrí sonriendo al recordar a Luke. ¿Qué demonios? ¿Luke?
Definitivamente necesitaba dormir más.
Durante la noche llamé a mi única amiga en Nueva Jersey, a la cual le conté todo. Desde que besé al chico que pensaba que era mi primer amor, hasta que descubrí que me gustaba de verdad. Incluso le confesé que ahora seríamos hermanastros muy pronto. Victoria hizo una pausa, como si procesara todo lo que acababa de decirle.
—A ver, Mely —dijo calmada desde el otro lado del teléfono—. Técnicamente no tienen lazos sanguíneos. ¿Qué sientes tú?
—Me gusta mucho —suspiré, mirando el techo—. Ese beso me hizo sentir chispas. Como… una explosion de fuegos artificiales que explotan en tu pecho.
—¿Y qué tal si te confiesas?
—¡Vic! Eso sería raro.
—No tanto. Mira, ustedes apenas se conocieron como hermanastros. No es como si hubieran vivido toda la vida juntos. Mira esto: ¿qué tal si le dices lo que sientes y solo lo dejas así? Si te rechaza, pues ya sabes que solo fue un simple beso y un enamoramiento de verano.
—¿Y si me acepta? Digo, yo sentí una chispa con él, imagino que él también la sintió conmigo.
—Mientras no le preguntes nada, no lo sabrás —dijo con total calma—. Además, Mely, es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado, ¿o no? Mejor soltarlo ahora, antes de que la palabra “hermanastro” se imprima en sus carnets de identificación.
Aquello me arrancó una leve sonrisa.
—Me aterra que me mire raro.
—Yo creo que lo peor sería quedarte toda la vida con ese sentimiento de “¿qué hubiera pasado?”. Sería tu mayor arrepentimiento, ¿no lo crees?
—No lo sé —murmuré.
—Mely, yo creo que debes ser sincera contigo. Escríbele algo lindo y confiésate, así tipo escolar, como en esos K-dramas que hemos visto.
—Vic, eres demasiado imaginativa.
—Lo sé, y por eso somos tan buenas amigas.
Corté la llamada tras despedirme, intentando pensar.
Mis sentimientos brotaban de la misma forma en que lo hace un río tras una tormenta. Tal vez solo debía confesarme a Logan y, si me rechazaba, pues ya está.
La noche la pasé tranquila, o lo más tranquila que podía estar con una explosión emocional a punto de reventar dentro de mí. Por la mañana, esperaba desayunar con mi padre, pero él solo me comentó que debía irse más temprano a trabajar. Caroline también se había ido; me dejó una nota en el refrigerador diciéndome que al día siguiente empezarían mis clases, por lo que me pidió que fuera con uno de mis hermanos a comprar ropa y que no fuera sola todavía, pues no conocía la ciudad.
Ojalá fuera Logan. Sería mi oportunidad.
Tras desayunar, subí corriendo las escaleras con un leve salto en cada peldaño. Elegí mi ropa con demasiado cuidado, algo que no debía importar, pero importaba.
Me puse un vestido rosa claro con corte corazón, estilo campana, con ligeros cuadros y detalles de encaje suave. Era tierno, pero marcaba justo lo suficiente. Me até un lazo a juego en el cabello, dándole un aire un poco ochentero, un poco romántico. Quizá si me veía linda, Logan notaría algo más que mis intentos torpes de agradarle. O quizá era solo una excusa para fingir que tenía el control de lo que sentía.
Fui a la habitación de Logan y toqué la puerta, pero no respondió.
—Cerecita, él no está en su habitación, tuvo que salir con…
Me giré ligeramente. Era Luke.
Su voz —esa maldita voz rasposa— flotó en el aire como si hubiera invadido la calma que tenía. Sus ojos se mantuvieron fijos en mí. Me escudriñó con lentitud, desde mi cabello hasta mis zapatos, y su mirada… brilló de una forma indescriptible, como si pudiera prenderle fuego al universo entero.
Nuestros ojos se encontraron, y, sin entenderlo, sentí un leve latido en mi corazón que quise mandar a la basura. ¡No! ¡Se suponía que a mí me gustaba Logan!
—Estás preciosa —dijo con extrema sinceridad.
—Gracias… Bueno, si Logan no está, me iré sola a comprar —respondí, pasando por su lado.
Él me sujetó del brazo.
Hubo una tensión invisible, como si el aire entre nosotros se comprimiera. Lo odiaba, sí. Lo detestaba, también.
Entonces… ¿por qué me hacía sentir que el piso temblaba?
Oh… muy seguramente era una leve confusión porque se parecía a Logan.
¿Verdad?
—No tienes que ir sola, cerecita. Yo te llevo a donde quieras ir, tú y yo —dijo con voz ronca—. A lo que quieras, como quieras, cuando quieras.
Sus palabras de doble sentido me hicieron temblar.
Me sonrió de una forma petulante, con esa arrogancia que gritaba en silencio: “Sé que me deseas.”
Con un leve movimiento, aparté su brazo para alejarlo.
—Luke, solo te dejo venir conmigo si prometes no molestarme.
—No lo haré. Además, necesitas a alguien que te lleve a la tienda —movió las llaves de su auto—. Vamos.
Bajamos al área del parqueo, donde tenía su deportivo. Tenía ese aire de “soy un nepobaby, así que témanme”. Fruncí el ceño, a lo que él sonrió con descaro.
—¿Qué? Me lo regalaron hace años, por mi mayoría de edad.
—¿No tienes dieciocho?
—No, tengo veintiuno —me guiñó un ojo—. Tengo la edad suficiente para hacer todas las travesuras que quieras.
—¿Incluyendo la de ser tarado?
—Incluyendo esa —sonrió con coquetería, y sin poder evitarlo, me reí.
Era un tonto, sí, pero imagino que mi actitud cambió solo un poco por el regalo que me dio.
Era una caja de edición limitada que valía unos diez mil dólares. Aunque fuera un imbécil, yo sabía apreciar un buen regalo.
—Gracias por el regalo.
—De nada, hermanita.
Con eso, solo logré empujarlo un poco por el hombro, lo cual lo hizo reír. Por irónico que pareciera, cuando Luke no estaba en su papel de “soy un dios griego”, era fácil… e incluso divertido hablar con él.
Al parecer coincidíamos en una banda que me gustaba, y probablemente podríamos ir juntos a un concierto algún día.
Él parecía agradable…
No.
NO.
¡No!
Definitivamente era un no.
Se suponía que era un idiota, y que Logan era el amable y tranquilo, el que me gustaba más.
Al llegar al centro comercial, notaba cómo Luke llamaba la atención. A pesar de llevar ropa relajada, su cabello rebelde y sus ojos esmeralda lo hacían un buen partido. Era la definición de un hombre hecho para ser admirado.
Él se mantuvo amable… en lo que pudo, mientras compraba.
Llevaba mi bolsa en una mano y, de repente, tomó mi otra mano, sonriendo de forma endiabladamente encantadora.
—¿¡Qué haces!?
—Cobro mi comisión por traerte al centro comercial —dijo de forma divertida.
¡Ese tono!
Apreté su mano con fuerza para que me soltara, pero él continuó caminando como si nada pasara.
Su palma era tibia, sujeta con firmeza, como si le perteneciera. O como si quisiera que yo creyera que le pertenecía.
—Oye, cerecita…
—No me digas así —lo interrumpí, deteniéndome.
—¿Por qué no? Me pareces deliciosa y linda como una cerecita —dijo con calma.
Su comentario, tan inesperado, provocó un sonrojo en mí.
Él solo me dedicó una sonrisa sutil, y, de pronto, todo desapareció: los sonidos, la sensación de la gente alrededor… las luces parecían más brillantes, y una sensación de peligro recorrió mi cuerpo como un escalofrío encantador.
—Y sí, te ves linda como una cerecita… mira, ahora estás sonrojada.
Solté su mano, mirando hacia otro lado, peleando con la emoción de que, en el fondo, me gustaba un poco que me hablara así.
Él me miró, sonriendo de forma sumamente provocativa.
—Si no me agarras de la mano, espero, como mínimo, un beso como pago.
—No te voy a besar.
—¿Ah, no? —se acercó a mis labios—. ¿Por qué? ¿Acaso no te gusto? Estoy seguro de que te gusto, tus ojos te delatan —dijo con seguridad.
No me gustaba.
No…
Lo miraba fijamente. Tenía que detener esto ahora mismo. Sí. A pesar de que se suponía que estábamos rodeados de personas, no lo parecía. Era como si el mundo se hubiese detenido en el momento justo antes del desastre.
—No puedes gustarme.
—¿Ah, no? Yo sí creo que te gusto. No tienes una buena razón para que yo no te guste —dijo, seguro de sí.
—No puedes gustarme… porque me gusta tu hermano Logan.
Mi confesión cayó entre nosotros como un balde de agua helada.
Gélido. Sólido. Irrompible.
Y de repente, todos los sonidos a nuestro alrededor volvieron. Las personas que parecían haber desaparecido, regresaron.
Luke me miró a los ojos con una expresión que no supe descifrar. Sus ojos esmeralda se oscurecieron, como el verde profundo de un bosque bajo la tormenta. No había emoción. No había rabia. Solo… vacío.
Y en ese momento, tuve la terrible, irrevocable sensación…
de que acababa de cometer el peor error de mi vida.