Capítulo XIV

1007 Palabras
"Recuerdos encontrados" Trisha apenas y podía respirar con dificultad, cuando vio que se acercaron varios hombres a las chicas, las golpeaban y burlaban. —Malditos —musitó, se escondió entre los arbustos de tal manera que nadie la viera y respiro hondo para calmar su enojo. La tarde se estaba acercando y oscurecía todo a su paso, debía escapar pronto. Movió su pie con calma para no hacer ruido, pero este se encontraba sobre algo pegajoso, miro y ahogó un grito, se encontraba parada sobre una pila de c*******s malolientes y en estado de pudrición. —Por Dios, ¿qué sucede? —contuvo un sollozo y aguanto las náuseas causadas por el aroma emanado de las chicas bajo sus pies. Al menos una docena de mujeres con colores de cabellos variados pero un aspecto en común, todas estaban en su peor estado. Sus cuerpos eran casi un esqueleto la más reciente se lo había dejado claro, puesto que estaba tirada al final cerca de un hoyo, con la cara boca arriba dando a la vista unos ojos blancos fuera de sí y con los labios morados. — ¡La que grite muere! —se tensó de inmediato cuando escucho la voz del hombre, tan cerca y una brillante idea cruzó su mente, hacerse la muerta. Arrojó el c*****r que estaba pisando y tomó otros dos con desagrado que estaban en mejor estado para cubrirse, en efecto su idea funcionó para sobrevivir, ninguno de los dos hombres que se habían acercado para arrojar un cuerpo nuevo la percibieron. Contó hasta diez reteniendo la respiración y la soltó cuando ya se daba fuera de peligro. —Debo salir de aquí, rápido —Pensó. Intentó salir varias veces de ese lugar pero cada tanto que buscaba levantarse se resbalaba con alguna parte putrefacta de los cuerpos. Cayó frente al rostro de una de las chicas, piel grisácea, ojos fuera de órbita y labios hinchados; el mal olor que salía de ella era incomparable al de las demás, era como si su cuerpo estuviera produciendo algo distinto. Y lo confirmo cuando su mano vagó por el cabello buscando algo con que taparle el rostro, ya que, le daba mucha pena la manera en que pensaba murió. Un líquido de color amarillo salía de uno de los orificios que no había notado antes, pero que se encontraba en la zona baja del cráneo, unió sus dedo entre sí por mera curiosidad, dándose cuenta que era viscoso y producía un olor que causó las náuseas de la chica, la cual no pudo aguantar y dejó escapar sobre los arbustos que le servían de camuflaje. Se dispuso a salir de aquel lugar que le sirvió durante horas para salvar su joven vida y se acercó a una de las ventanas de la cabaña rogando por no ser vista. Las chicas que antes había visto estaban peor aterradas que ella, abrazadas unas entre si y otras rasgando las paredes, la de cabello n***o que vio con curiosidad, se encontraba inconsciente en una camilla sucia y sangrando de la cabeza. —Ayuda. Escuchó murmurar y busco de dónde provenían las palabras de auxilio, una chica de cabello rojo y largo la miraba desde el otro lado de la ventana, con ojos suplicantes, negó y se alejó del vidrio. Su corazón latía a mil por segundo, parecía que en cualquier momento le dejaría de funcionar o estallaría dentro de su cuerpo. —Ayuda, ¡Ayuda, por favor!—Se negó a sí misma y corrió en dirección a los arbustos para esconderse, pero era demasiado tarde, había creado una discordia dentro del lugar, los gritos de las chicas se escuchaban desde donde ella se encontraba, pero para su mala suerte y de las demás los gritos de los hombres más golpes secos también se hicieron presentes. —Te dije que te callaras pero no me hiciste caso — Desde una pequeña brecha abierta que encontró observó cómo un hombre alto, robusto y bien formado tenía a una de las chicas de cabello rubio tomada por el mismo. La abofeteó un par de veces pero la agredida no paraba de gritar y pedir por su vida, lo último que vio la dejó helada en su lugar, con un objeto contundente la golpeó varias veces en la cabeza, hasta que el cuerpo flácido de la rubia dejó de moverse, ni un sollozo, ni un grito, nada más se escuchó venir de la misma. Había presenciado un asesinato a sangre fría y sin remordimiento, mientras más la joven pedía piedad, mayor era la fuerza con la que estaba siendo golpeada. —Maldito— se aovillo en un lugar y no le importó para nada tener que compartirlo con un c*****r a media descomposición, sollozó todo lo que pudo en silencio. Llegada la madrugada, se decidió por salir de allí lo antes posible, o terminaría en peor estado que las chicas muertas, de eso estaba muy segura. Se arrastró sin dirección alguna, lejos de la cabaña, hasta que estuviera lejos de la vista de alguien, cuando ya solo era acompañada por la tenue luz de luna se levantó, corriendo en busca de un camino que la llevara a la ciudad. —No voy a morir aquí Golpeaba su rostro cada tanto que sus ojos se intentaban cerrar por el cansancio, se levantaba rápido cuando caía de bruces por la torpeza de sus piernas en el bosque donde se adentra. Dos días siendo guiada por su suerte y poca fuerza vital, cayó desmayada a pocos metros de una gasolinera. No sabía si era suerte o el destino, pero en el momento que su cuerpo reaccionó y miró a lo lejos enmudeció, una de las camionetas que antes vio llenaba el tanque de gasolina. Se arrastró como pudo con sus brazos tras un árbol y esperó paciente a que los engendros del demonio se marcharon del lugar, al ver cuando se marcharon tomó fuerza y se levantó con piernas temblorosas, sed y hambre se dejó caer justo frente al trabajador de la tienda.
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