—¿Una cena? –preguntó Allegra sonriendo— ¿en tu casa? —Mamá quiere agradecerte todo lo que hiciste por Nicholas. Así que sí; estás invitada a cenar en mi casa –le contestó Duncan sonriendo también. Iba entrando a su volvo dorado, sin su eterno acompañante Boinet, luego de dejar todos los paquetes en los asientos de atrás del coche. Había ido de compras, y como el tema era lencería, quiso ir a solas. No era cosa de inspirarse teniendo cerca la malencarada expresión del guardaespaldas. —Pues allá estaré. ¿A las siete? —A las siete. Luego… tengo pensado llevarte a un lugar especial. —Ah, de veras? –preguntó ella acomodándose el teléfono entre el hombro y la oreja mientras se ponía el cinturón de seguridad—. ¿Qué planes perversos tienes para mí esta noche? —Lo de siempre, una ronda de

