________ se despertó a la mañana siguiente con el sonido del agua de la ducha. Estaba tratando de entender cómo podía estar la ducha en marcha mientras ella seguía en la cama, cuando el sonido se interrumpió y, poco después, un hombre alto y de pelo castaño apareció envuelto en una toalla pequeña de color lila.
______ abrió mucho los ojos y se cubrió la boca con la mano.
—Buenos días —saludó Tom, sujetándose la toalla con una mano mientras cogía su ropa con la otra.
Ella lo estaba mirando fijamente. Y no precisamente a la cara. Tom acababa de salir de su ducha y tenía el pelo mojado y muy despeinado. Se le veían gotas de agua en los hombros y en el pecho, haciendo más nítido el tatuaje. El contorno de las líneas de tendones, músculos y venas, simétricas y equilibradas, configuraban unas proporciones dignas de un ideal de belleza. Las líneas clásicas de aquel cuerpo dejarían sin aliento a cualquiera. ________ acababa de pasar la noche con el dueño de ese cuerpo en su cama, y él la había abrazado y jugado con su pelo. Y ese cuerpo iba unido a una mente brillante y a una alma profunda y apasionada.
Permanecía con la mirada clavada en su físico y las palabras «semidiós marino» revolotearon por su conciencia. Tom sonrió.
—He dicho buenos días, ______.
Ella cerró la boca de golpe.
—Buenos días.
Él se acercó y se inclinó para darle un beso suave con los labios entreabiertos. Unas cuantas gotas de agua la salpicaron y la sábana las absorbió.
—¿Has dormido bien?
Ella asintió lentamente, demasiado sofocada para hablar.
—No eres muy habladora de buena mañana —bromeó él, incorporándose con una sonrisilla en los labios.
—¡Estás casi desnudo!
—Es verdad. ¿Preferirías que acabara de desnudarme del todo? —preguntó, moviendo la toalla provocativamente alrededor de sus caderas.
________ casi se muere de la impresión.
—Estoy bromeando, cariño. —Volvió a besarla con el cejo fruncido. Y, al recordar lo que le había contado la noche anterior, se alejó de ella cautelosamente—. Me había olvidado de lo que te pasó en San Luis cuando eras pequeña. Siento haber salido así del baño. Lo he hecho sin darme cuenta.
Ella lo miró de arriba abajo, admirándolo en silencio, y lo tranquilizó con una sonrisa.
—No pasa nada. Es que... eres impresionante. Se te ve contento.
Él le devolvió la sonrisa.
—Dormir a tu lado me sienta bien. ¿Puedo prepararte el desayuno?
—Sí, claro. Pero ya sabes que no tengo cocina.
—Soy un hombre de recursos.
La sonrisa de Tom era tan cálida que hizo que _______ se olvidara de las carencias de su apartamento. Justo antes de que la puerta del baño se cerrara tras él, ________ pudo disfrutar del espectáculo de un perfecto glúteo, cuando Tom dejó caer la toalla al suelo, dejándola a ella boqueando como un pez.
La noche siguiente, cuando Rachel regresó de su escapada romántica con Aaron, revisó su buzón de voz. Tras llamar en seguida a su padre, telefoneó a Tom y le dejó un mensaje.
«¿Qué demonios pasa, Tom? ¿Qué le has hecho a _______? Sólo ha desaparecido una vez en su vida, cuando su ex la humilló de un modo espantoso. Así que, repito, ¿qué demonios le has hecho? ¡Como tenga que ir yo allí para enterarme, será peor! Llámame. »Por cierto, papá me ha dado recuerdos para ti. Dice que se alegró mucho de que lo llamaras. ¿Sería mucho pedir que le llamaras más a menudo? ¿Una vez a la semana, por ejemplo? Ha decidido volver al trabajo porque no soporta estar en casa solo. Y, por cierto, la ha puesto a la venta.»
Luego, preocupada por su mejor amiga, llamó a _______ y le dejó también un mensaje.
«______, ¿qué hizo Tom? He encontrado un mensaje suyo en el buzón de voz. Parecía loco de atar. No responde al teléfono, así que no sé qué ha pasado. Tampoco creo que me contara la verdad. De todos modos, espero que estés bien y lo siento mucho. Hiciera lo que hiciese, te ruego que no vuelvas a desaparecer de mi vida. No ahora. Éste será el último día de Acción de Gracias que celebraremos en casa. Papá la ha puesto a la venta. Aaron insiste en comprarte un billete. Llámame, ¿quieres? Te quiero.»
Después de eso, Rachel regresó a su vida en Filadelfia, esperando recibir noticias tanto de su hermano como de su mejor amiga. Y planeando una boda.
Tras convencerla de que no se subiera al primer avión con destino a Toronto para patearle el culo, Tom llamó a Richard y le pidió que retirara la casa del mercado. Luego llamó a ______, pero no pudo hablar con ella, porque estaba comunicando, así que le dejó un mensaje.
«Nunca me coges el teléfono. [Refunfuña ligeramente.] ¿No tienes llamada en espera? ¿Puedes contratarlo? No me importa lo que cueste. Pago yo. Estoy harto de dejarte mensajes. [Respira hondo.] Acabo de hablar con Rachel. Estaba furiosa conmigo, pero creo que he podido convencerla de que tú y yo discutimos sobre un tema académico, pero que ya nos hemos dado un besito y hemos hecho las paces. [Se ríe.] Bueno, lo del besito no se lo he dicho. »Tal vez podrías llamarla y tranquilizarla para que no cumpla su amenaza de venir a Toronto. [Suspiro.] _______, me gustó mucho despertarme a tu lado ayer. Más de lo que puedo expresar por teléfono. Dime que podré despertarme a tu lado otra vez pronto. [Con una voz más baja y ardiente.] Estoy sentado frente a la chimenea, deseando que estuvieras aquí, entre mis brazos. Llámame, principessa.»
Mientras tanto, ________ estaba hablando con su padre.
—Me alegro de que vengas a casa, ______. Estaré de guardia, pero podremos pasar algún rato juntos. —Tom acabó la frase tosiendo y aclarándose la garganta.
—Bien. Rachel también quiere que vaya a visitarla. Va a casarse y creo que necesita ayuda con los preparativos, ahora que Grace no está.
—Deb me ha invitado a cenar con ella y los niños en Acción de Gracias. Estoy seguro de que no le importará que vayas.
—Ni de coña —murmuró ______.
—¿Cómo dices?
—Perdona, papá. Me gustaría saludar a Deb, pero no pienso ir a cenar a su casa.
John hizo una pausa incómoda.
—No hace falta que vaya yo tampoco. Veo a Deb constantemente.
_______ puso los ojos en blanco.
—¿A qué hora llegarás al aeropuerto? —le preguntó su padre.
—De hecho, como Tom Kaulitz está viviendo en Toronto, me comentó que podríamos volver juntos a Filadelfia. Así podría ir con los Clark desde el aeropuerto.
John guardó silencio unos segundos.
—¿Tom está ahí?
—Da clases en la universidad. Tengo un seminario con él.
—No me lo habías dicho, ________. Tienes que mantenerte apartada de ese chico.
—¿Por qué?
—Porque no es una buena compañía.
—¿Qué te hace decir eso?
John volvió a carraspear.
—No fue a ver a su madre cuando se estaba muriendo. Y pasa muy poco tiempo con su familia. No me fío de él y no quiero que esté cerca de mi hija.
—Papá, es el hermano de Rachel. Y ella se ha ofrecido a recogernos en el aeropuerto.
—Bajo ningún concepto le lleves ninguna bolsa en el avión y no aceptes nada que te ofrezca que sea sospechoso. Tendrás que cruzar la frontera.
—¿Qué demonios quieres decir?
—Quiero decir que me preocupo por ti. ¿No puedo preocuparme por mi única hija?
_______ reprimió el impulso de decir algo cruel o maleducado.
—Cuando tenga el billete, te diré cuándo llego.
—Perfecto. Hablamos entonces.
Y con esas palabras, la poco productiva conversación entre ________ y John Mitchell llegó a su fin. Luego, ella pasó la hora siguiente asegurándole a Rachel que estaba bien y que, sorprendentemente, Tom ya no se estaba comportando como un asno. También logró convencer a Aaron de que no era necesario que le comprara el billete. Mencionó el problema de los planes de su padre para Acción de Gracias y les aseguró que cenaría con ellos el jueves por la noche. Estaba ya muy cansada cuando por fin pudo hablar con Tom. No fue fácil convencerlo de que no era buena idea dormir juntos cada noche. Alguien ligado a la universidad podría verlos entrar o salir de sus respectivas viviendas. Él le dio la razón a regañadientes, pero le hizo prometer que volverían a dormir juntos antes de una semana. ________ no quería que Tom perdiera el trabajo por su culpa, por eso estaba decidida a reducir las posibilidades de que los descubrieran juntos. Tampoco quería pasar todas las noches en su cama, porque sabía adónde llevaría eso. Seguía intentando confiar en él. Su reticencia era más que razonable, teniendo en cuenta que aún hacía poco tiempo que Tom había cambiado de actitud hacia ella. Y que él había admitido que su pasión estaba a punto de acabar con su precario control. Ella no quería dejarse convencer para hacer algo para lo que no se sentía preparada. No quería entregarle parte de sí misma y volver luego a su apartamento sintiéndose utilizada y sola, como le había pasado tantas veces con él. Cierto, Tom no era él. Pero no podía evitar ser cautelosa, por mucho que deseara confiar en él. A pesar de sus precauciones para protegerse, _______ dormía mucho mejor con Tom que sin él y cada día que pasaba sin verlo le dolía el corazón.
El lunes por la tarde, un mensajero llevó a casa de _______ una gran caja blanca. Tras firmar el recibo, cerró la puerta y abrió el sobre que acompañaba la caja. La tarjeta tenía grabadas las iniciales T.J. K . y estaba escrita a mano.
Querida _______:
Gracias por compartir conmigo el viernes por la noche.
Tienes corazón de león.
Me encantaría poder domesticarte lentamente,
sin lágrimas ni adioses.
Tuyo,
Tom
P. D.: Tengo una nueva cuenta de correo electrónico a tu disposición. Es ésta: tjk717@gmail.com
________ abrió la caja e inmediatamente quedó cautivada por una agradable fragancia. La sorprendió ver que procedía de un gran cuenco de cristal lleno de agua. Flotando en su superficie, había siete gardenias. Con mucho cuidado, sacó el cuenco de la caja y lo colocó en la mesa plegable, aspirando profundamente el perfume que empezaba a extenderse por la habitación. Releyó la nota de Tom y abrió el portátil para enviarle un mensaje a su nueva dirección desde su correo de sss.
Querido Tom:
Gracias por las gardenias, son preciosas. Gracias por la tarjeta.
Gracias por escucharme.
Tengo muchas ganas de verte, ________
Besos
El miércoles por la tarde, ________ se encontró con Paul en los casilleros, antes del seminario del profesor Kaulitz. Se saludaron y charlaron un poco antes de ser interrumpidos bruscamente por el móvil de ella. La pantalla decía que la estaba llamando —milagrosamente— Dante Alighieri, así que, por supuesto, respondió.
—Tengo que contestar —murmuró, disculpándose con Paul, antes de salir al pasillo.
—¿Hola?
—_________.
Ella sonrió al oír su voz.
—Hola.
—¿Cenarás conmigo esta noche?
________ miró a su alrededor para asegurarse de que estaba sola.
—Hum, ¿qué habías pensado?
—Cenar en mi casa. No te he visto desde el sábado. Estoy empezando a pensar que sólo estás interesada en una relación por correo, ahora que tienes mi nueva dirección electrónica —dijo él y se echó a reír.
Ella respiró profundamente, contenta de que no estuviera enfadado.
—He estado preparando mi próxima reunión con Katherine. Y tú tenías tu conferencia, así que...
—Necesito verte.
—Yo también tengo ganas, pero vamos a vernos dentro de un momento.
—También quería hablarte de eso. Lo mejor será que no hagamos ninguna referencia a lo que pasó. Si ves que te ignoro, es por eso. No estoy enfadado. Quería avisarte para que no te preocuparas. —Tras una breve pausa, añadió—: Sólo pienso en tocarte, pero tenemos que guardar las apariencias.
—Lo entiendo.
—_________—dijo Tom bajando la voz—, esta situación me disgusta tanto como a ti, pero me gustaría mucho que vinieras a cenar esta noche, para compensarte. Después de cenar, podemos pasar una velada tranquila junto al fuego, disfrutando de nuestra mutua compañía. Antes de acostarnos.
Ella se ruborizó inmediatamente.
—Me encantaría, pero esta noche tengo que trabajar. No he acabado de leer todos los textos que me dio Katherine y la reunión es mañana por la tarde. Es muy exigente, ya la conoces.
Él empezó a maldecir entre dientes.
—Lo siento, Tom, pero quiero que esté contenta conmigo.
—¿Y no quieres que yo esté contento contigo?
—Yo... —_______no supo qué responder.
Él refunfuñó un poco más antes de decir:
—¿Me prometes que nos veremos el viernes por la noche?