Capitulo 11

4628 Palabras
Lobby era una coctelería exclusiva de la calle Bloor. Tom, siempre fiel a la obra de Dante, se refería al local como El Vestíbulo y se imaginaba que los parroquianos eran como los paganos virtuosos que pasaban la eternidad en la versión de Dante del Limbo. Aunque, en realidad, muchos de los clientes de Lobby tenían más en común con los habitantes de varios de los círculos del Infierno. A Tom no le apetecía ir allí con ________, y mucho menos con Rachel, ya que Lobby era su terreno de caza. El lugar adonde iba a satisfacer sus apetitos. En ese sitio lo conocía demasiada gente, o al menos conocía su fama. Tenía miedo de lo que pudieran decir unos labios rojos liberados por el alcohol. Pero al menos en Lobby estaría en su terreno, podría tratar de controlar el entorno. De ninguna manera se arriesgaría a llevar a Rachel y a _______a un local que no pudiera controlar. Por una noche cambiaría de papel. Dejaría de ser Dante y se convertiría en Beowulf; sería un guerrero en vez de un poeta. Llevaría la espada en la mano y mataría al monstruoso Grendel y a todos sus parientes si se atrevían siquiera a mirar a cualquiera de las dos jóvenes a su cargo. Sabía que era muy hipócrita por su parte, pero no le importaba. Esa noche sería una tortura, pero haría cualquier cosa para que Rachel estuviera contenta. Cuando ésta y ______ salieron del taxi tras él, los tres se dirigieron a la entrada del club, donde había una larga fila de gente que quería entrar. Ignorando la fila, Tom se acercó al guardia de seguridad, un enorme gorila calvo afrocanadiense, con diamantes en las orejas. El hombre lo saludó estrechándole la mano formalmente. —Señor Kaulitz. —Ethan, quiero presentarte a mi hermana Rachel y a su amiga, ______—dijo señalándolas. El vigilante las saludó con una inclinación de cabeza y se apartó para dejarlos pasar. —¿Cómo ha hecho eso? —susurró_______ al oído de Rachel, mientras entraban en un espacio moderno y elegante, decorado en blanco y n***o. —Al parecer, Tom está en la lista de los vip. No preguntes —respondió su amiga, arrugando la nariz. Tom las guió hacia la parte trasera del club, una área exclusiva donde había reservado sitio, llamada «El salón blanco», que debía su nombre a su decoración monocromática. Las amigas se sentaron en un banco largo acolchado y se acomodaron entre los cojines forrados de armiño. Desde su mirador privilegiado se veía la pista de baile, situada en el centro, con acceso privado a todos los reservados. En ese momento todavía no había nadie bailando. Rachel dedicó una mirada de admiración a su protégée. —_______está preciosa, ¿no crees, Tom Espectacular. Ella se ruborizó mucho más de lo habitual y acabó de un color parecido al carmesí. —Rachel, por favor —susurró, jugando con el dobladillo del vestido. —¿Qué pasa? —insistió su amiga, fulminando con la mirada a su hermano, que le estaba lanzando a su vez una mirada de advertencia—. ¿Está guapa o no está guapa? —Las dos estáis muy bien —dijo él, no admitiendo nada y cambiando de postura como si le doliera algo. ______ negó con la cabeza discretamente, reprendiéndose. Se preguntó por qué seguía importándole su opinión y por qué le costaba tanto a aquel hombre ser agradable. A su lado, Rachel se encogió de hombros. Era el dinero de Tom. Si a él no le importaba gastarse casi dos mil dólares para que ______estuviera guapa, ¿quién era ella para objetar nada? El problema era que le daba rabia ser incapaz de conseguir que su hermano reaccionara, así que decidió provocarlo un poco. —_______ —empezó a decir, mirándolo a él de reojo y asegurándose de que estaba atento a sus palabras antes de seguir hablando—, ¿qué tal fue tu cita con Paul? La piel de su amiga mantuvo su profunda tonalidad carmesí. —Muy agradable. Es un auténtico caballero chapado a la antigua —respondió, resistiéndose al impulso de volverse para ver si Tom estaba escuchando. No debería haberse molestado. Rachel ya se estaba ocupando de mirar por las dos. —¿Fuisteis a cenar? —Sí. Fuimos al Nataraj, su restaurante hindú favorito. Y mañana iremos a ver una sesión doble al Festival de Cine y después a cenar al barrio chino. —¿Es mono? ______ se revolvió en el asiento, inquieta. —Bueno, me cuesta llamar «mono» a un jugador de rugby, pero es guapo y amable y me trata como a una princesa. —Follaángeles. Las dos se volvieron hacia Tom al mismo tiempo, sin acabarse de creer lo que habían oído. ______ alzó las cejas, pero en seguida apartó la vista. Satisfecha de haber conseguido provocar una reacción en su hermano, Rachel se volvió hacia el espejo que cubría la pared para retocarse el maquillaje. Se estaba aplicando un toque de pintalabios Chanel color rosa cuando se detuvo en seco y se quedó observando a alguien que venía hacia ellos. —Tom, ¡esa mujer se te está comiendo con los ojos! ¿Qué demonios...? Antes de poder acabar de preguntar, una camarera rubia de bote llegó a su lado. —Señor Kaulitz, me alegro de volver a verlo —dijo y se inclinó sobre él, mostrándole el escote y apoyándole una mano en el hombro. Llevaba las uñas pintadas de color coral y le brillaban a la suave luz del local. Con el cejo fruncido, ______ se preguntó si tendría previsto hacerle algo a Tom con esas uñas o si enseñarlas sólo era su manera de ahuyentar a las demás mujeres. —Me llamo Alicia —añadió, saludándolas—. Seré su camarera esta noche. —Abre una cuenta a mi nombre, por favor. Y apunta las bebidas de los tres —le dijo Tom, poniéndole un billete doblado en la mano y soltándose así el hombro—. Ponle también una copa a Ethan de mi parte. Y otra para ti, por supuesto. Alicia sonrió y se guardó el billete en el bolsillo. —¿Señoras? —preguntó, sin dejar de mirarlo y sonriéndole provocativamente. La punta de la lengua asomaba entre sus labios. —Para mí un Cosmo. ______no supo qué pedir. —¿Qué te apetece? —la animó Rachel. —No... no lo sé —balbuceó, preguntándose qué decir para no quedar en evidencia. En un sitio como Lobby no podía pedir una cerveza o unos chupitos de tequila, que eran sus opciones habituales. —Pues dos Cosmopolitans —encargó Rachel. Y volviéndose hacia ella, añadió—: Te encantará. Está buenísimo. —Laphroaig de veinticinco años para mí. Doble y sin hielo. Y un vaso de agua mineral sin gas —pidió Tom, sin devolverle la mirada a la camarera. Cuando ésta se hubo marchado, Rachel empezó a reír. —Hermanito, sólo tú puedes conseguir que pedir una copa suene pretencioso. _______ se echó a reír, divertida ante la expresión indignada de él. —¿Qué es Laphroaig? —preguntó. —Un whisky escocés de malta. —¿Y para qué quieres el agua mineral? —Una o dos gotas potencian el sabor del whisky. Te lo dejaré probar cuando me lo traigan. Cuando Tom le sonrió, ______ apartó la vista en seguida y se quedó contemplando sus preciosos zapatos nuevos. Él siguió la dirección de su mirada y se quedó hipnotizado por los deliciosos zapatos de tacón. Rachel no tenía ni idea de la buena compra que había hecho. Estaba encantado de haber pagado hasta el último céntimo que hubieran costado sólo por poder ver las preciosas piernas de la señorita Mitchell, estilizadas y arqueadas por los exquisitos zapatos. Se removió incómodo en el asiento, esperando que el movimiento bastara para liberar su creciente erección de la presión de la ropa. No fue así. —Tom, tú puedes quedarte a esperar las bebidas si quieres, pero _______ y yo nos vamos a bailar. Antes de que ella pudiera protestar, Rachel la había llevado a la pista de baile y, tras hacerle un gesto al DJ para que subiera el volumen de la música, empezó a bailar con entusiasmo. ______, en cambio, se sentía muy incómoda. Tom se había cambiado de sitio y la estaba observando reclinado cómodamente en el asiento. Su mirada era intensa. Parecía que ni siquiera parpadeara. Se preguntó si se habría dado cuenta de que no llevaba ropa interior convencional debajo del vestido. «¿Se fijarán los hombres en esas cosas —se preguntó—. ¿Se dará cuenta de que llevo tanga?» ______ no podía apartar la mirada de él y vio cómo la recorría con los ojos de arriba abajo, deteniéndose más tiempo del necesario en sus largas piernas y en sus zapatos de suela roja. —No puedo bailar con estos zapatos —le dijo a Rachel al oído. —Tonterías. Deja los pies quietos y mueve el cuerpo. Por cierto, estás impresionante. Mi hermano es idiota. _______ le dio la espalda a Kaulitz y empezó a bailar, cerrando los ojos y dejándose llevar por la música. Era una sensación increíble. En cuanto logró olvidarse de El Profesor y de sus penetrantes ojos cafes, empezó a disfrutar un poquito de la noche. «¿Se marcará el tanga debajo del vestido? Espero que sí. Espero que Tom se fije y sufra. Disfruta del espectáculo, profesor, porque es lo único que vas a conseguir esta noche.» Cuando la canción llegó a su fin, Rachel se acercó al DJ con una sonrisa y le preguntó qué canciones tenía previsto poner a continuación. Su respuesta le gustó, porque levantó el puño en el aire de un modo nada femenino y soltó un grito. —¡Genial! —exclamó, regresando junto a _______, cogiéndola de las manos y haciéndola girar. Al verlas bailando —y pasándolo tan bien—, varias personas de los reservados cercanos empezaron a unirse a ellas, incluido un joven rubio muy guapo. —Hola —saludó, acercándose a ______ y moviéndose al ritmo de la música. —Hola —contestó ella, un poco incómoda por estar llamando la atención. Recordó la vieja asociación femenina entre baile y el sexo en los hombres. No sabía quién era el recién llegado, pero sin duda debía de ser excelente en lo segundo, porque era un bailarín muy bueno, con un estilo muy heterosexual. Cortaba la respiración. —No te había visto nunca por aquí —dijo él, sonriendo. _______ se fijó primero en sus dientes, muy blancos, y luego en sus ojos, azules como la flor del aciano. Perdida en ellos, se olvidó momentáneamente de responderle. —Yo soy Brad. ¿Cómo te llamas tú? —insistió él, inclinándose y casi rozándole los labios con la oreja para poder oír su respuesta por encima de la música. Ella se sobresaltó un poco al notar su cercanía. —________—respondió. —Encantado de conocerte, _______. Es un nombre precioso. Ella asintió con la cabeza para que supiera que lo había oído y dirigió una mirada desesperada a Rachel, pidiéndole en silencio que la rescatara. Pero su amiga estaba bailando con los ojos cerrados. Al parecer, le encantaba aquella canción. —¿Puedo invitarte a una copa? Mis amigos y yo estamos en una mesa de allí delante —dijo, haciendo un vago gesto con la mano. —Gracias, pero estoy con mi amiga. Él sonrió más ampliamente, acercándose un poco más. —Tráetela también. Tienes unos ojos preciosos. No me perdonaría nunca dejarte escapar sin pedirte el número de teléfono. —Bueno... no sé. —Al menos, deja que te dé el mío. _______ se volvió hacia Rachel, lo que no fue muy buena idea, pues eso impidió que viera que Brad se acercaba todavía más. Al volverse, lo pisó. Él hizo una mueca de dolor y ______ perdió el equilibrio. Brad la sujetó antes de que cayera al suelo y la mantuvo abrazada contra su pecho. La verdad era que tenía un pecho musculoso y unos brazos sorprendentemente fuertes para ser alguien que trabajaba con traje. —Cuidado, preciosa. Siento haberte hecho caer. ¿Estás bien? La siguió sujetando con la mano izquierda, mientras con la derecha le apartaba el pelo de la cara. Cuando los ojos le quedaron al descubierto, la miró y sonrió. —Estoy bien. Gracias por no dejarme caer. —Sería un idiota si te dejara escapar, ________. Ella vio que tenía una bonita sonrisa. De hecho, todo él era muy agradable. Su traje le dijo que había ido al club directamente del trabajo. Probablemente debía de estar en alguna gran empresa del centro de la ciudad. Una de esas compañías donde los empleados todavía tenían que llevar traje y corbata. Y zapatos negros muy brillantes. Se lo veía seguro de sí mismo, pero no arrogante. Sus palabras, aunque elegidas cuidadosamente, no parecían calculadas. ______ se podía imaginar saliendo con él unas cuantas veces, pero no creía que esa relación fuera a llegar muy lejos. No creía que tuvieran demasiado en común. Bailar, por ejemplo. Aunque a ella no le habían quedado ganas de repetir la experiencia en un futuro próximo. Sin embargo, no le importaría bailar con él en privado... Era demasiado tímida para alargar la conversación, de modo que abrió la boca para disculparse, pero justo entonces alguien la agarró por el otro brazo y se colocó entre Brad y ella. Sintió que un escalofrío le recorría la piel y supo con certeza quién era el dueño de aquellos dedos largos y fríos que le sujetaban el brazo desnudo. —¿Estás bien? —le preguntó Tom, hablando y mirándola como si estuviera sola. El tono tranquilo de su voz contrastaba con el inexplicable enfado que se reflejaba en sus ojos. Ese enfado la sorprendió tanto que no respondió. Se quedó inmóvil, perpleja y Brad se dio cuenta enseguida. —¿Te está haciendo daño este idiota? —preguntó, enderezando la espalda. Y, mirando a Tom amenazadoramente, dio un paso al frente. ______negó con la cabeza, todavía sorprendida. —Está conmigo —gruñó Tom, sin molestarse en mirarlo. Su tono había sido tan agresivo que el otro dio un paso atrás. —Vamos —ordenó Tom, apartándola de la pista y dirigiéndose con ella hacia el reservado. Con una mirada de disculpa por encima del hombro, ______lo acompañó de buen grado. Tom le acercó una copa mientras por su parte trataba de recuperar el aliento. Se había sorprendido a sí mismo con su reacción. Se había lanzado al rescate de ______ sin pararse a pensar en las consecuencias. Mientras ella bebía unos sorbitos de su Cosmopolitan, tratando de procesar lo que acababa de pasar, Tom se volvió y la miró, sujetando con fuerza su copa, ya medio vacía. —Debes ir con más cuidado. Estos locales pueden ser peligrosos para chicas como tú... ¡que eres una calamidad andante! ______ apretó los dientes, indignada. —Estaba bien. ¡Y él ha sido muy amable! —Te ha puesto las manos encima. —¿Y qué? Me ha sujetado para que no me cayera al suelo. Estaba bailando con él. ¿Me has invitado tú a bailar? Porque no lo he oído. Tom volvió a reclinarse en el asiento y le dirigió una sonrisa lenta y sinuosa. —Eso frustraría el objetivo de la noche, que es mirar, ¿no crees? Ella se echó el pelo por encima del hombro y apartó la mirada de los brillantes zafiros en que se habían convertido los ojos de Tom con ayuda del whisky escocés. Vio que Brad trataba de llamar su atención desde la pista de baile y, mediante lenguaje corporal, le transmitió el mensaje de que Tom y ella no estaban juntos. Los ojos del joven se iluminaron al entender lo que le decía. Asintió con la cabeza y desapareció. —Te he prometido que te lo dejaría probar —dijo Tom, acercándose a ella y levantando la copa a la altura de sus labios. —No —replicó ______ desdeñosa, volviendo la cara. —Insisto. —La voz de él se había endurecido. Ella suspiró y trató de coger la copa, pero Tom no la soltó. —Deja que te lo dé yo —susurró con voz ronca. Una voz que sonaba a sexo. O, al menos, como ______se imaginaba que sonaría el sexo de estar éste sentado en un banco blanco, con los ojos cafeces brillantes, mandíbula arrogante y tratando de acercarle un vaso helado a la boca. «Oh, Dios mío, Tom. Oh, Dios mío, Tom. Oh, Dios mío, Tom. Oh... Dios... mío... Tom.» —Puedo hacerlo sola —murmuró, insegura. —Por supuesto. Pero ¿por qué hacerlo sola si estoy yo aquí para dártelo? —insistió él con una sonrisa que dejó al descubierto sus dientes perfectos. ______no quería tirar su caro whisky escocés al suelo por accidente, así que dejó que apoyara la copa en su labio inferior. Los movimientos de Tom eran lentos y sensuales y ella cerró los ojos y se concentró en la sensación de frío que le transmitía el cristal. Tom levantó la copa con delicadeza hasta que el líquido ahumado penetró en sus labios y se derramó en su boca abierta, expectante. Qué extraño que se estuviera comportando de un modo tan atrevido y sensual, pensó_____. Pero en cuanto el whisky le alcanzó la lengua, abrasándole la boca, se olvidó de todo lo demás y tragó rápidamente. —¡Es horrible! —exclamó—. ¡Es como beberse una hoguera! Tom se echó hacia atrás y la contempló. Estaba sofocada y muy animada. —Es por la turba. No es algo que guste la primera vez que se prueba. Cuando lo hayas probado dos o tres veces, puedes decidir si quieres seguir insistiendo hasta que te guste —replicó él con una sonrisa irónica. ______negó con la cabeza y tosió. —Lo dudo mucho. Y, por cierto, no soy una niña pequeña y sé cuidarme sola. Así que, a menos que te pida ayuda, te agradecería que me dejaras ocuparme a mí de mis asuntos. —Tonterías. —Tom señaló hacia la pista de baile—. Grendel y sus parientes te devorarían si les diera la menor oportunidad, así que no te molestes en discutir conmigo. —¿Cómo dices? ¿Quién te has creído que eres? —Alguien que reconoce la inocencia y la ingenuidad cuando las ve. Ahora, bébete tu copa despacio como una niña buena y deja de actuar como si estuvieras acostumbrada a moverte en este ambiente. —Le dedicó una mirada sombría y se acabó el whisky de un trago—.¡Calamity_______! —¿Qué quieres decir con eso de inocencia e ingenuidad? ¿Qué me estás diciendo exactamente, Tom? —¿Tengo que deletrearlo? Haciendo una mueca, se le acercó. ______puso los ojos en blanco mentalmente cuando su cálido aliento le rozó el cuello. —Te ruborizas como una adolescente, _______—susurró él—. Y puedo sentir tu inocencia. Es obvio que eres virgen, así que deja de aparentar que no es así. —¡Eres un...! ¡Eres...! —Se apartó bruscamente de su lado mientras buscaba un insulto adecuado en inglés. Al no encontrarlo, pasó al italiano—: Stronzo! Tom la miró furioso durante un instante, pero en seguida la expresión de la cara se le suavizó y empezó a reír. Echando la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y se rió con tantas ganas que acabó sujetándose el vientre con las manos. ______ estaba furiosa. Allí sentada, bebiéndose su Cosmopolitan muy de prisa, se preguntó cómo era posible que él supiera la verdad habiéndose visto tan pocas veces. No creía que Rachel... No, Rachel no haría algo así. Era una información muy personal y no se la habría contado a nadie. Tal vez a Aarón, pero a nadie más. Y Aarón era demasiado caballero como para repetir eso por ahí. Mientras Tom seguía riendo, ella lamentó haber perdido la oportunidad de conocer a alguien que parecía agradable. Probablemente no le habría dado su número de teléfono, pues no solía hacer esas cosas, pero en todo caso habría preferido tomar personalmente la decisión, no que le viniera impuesta por El Profesor. En efecto era un c*****o. Y ya era hora de que dejara de serlo. Poco después, la camarera rubia de bote se acercó a _____ y le entregó una cajita dorada. —Es para ti. —Lo siento, debe de haber un error. Yo no he pedido nada. —Es obvio, cariño. Uno de esos tipos de la mesa de los banqueros te lo envía. Y me ha pedido que te diga que le romperás el corazón si lo rechazas. —Con una seductora sonrisa en dirección a Tom, añadió—: ¿Le traigo otra copa, señor Kaulitz? —Creo que estamos servidos, gracias —respondió él, con la mirada clavada en ________ mientras ella examinaba la caja, dándole vueltas. Al abrirla, encontró una tarjeta de visita y un bombón envuelto en papel metalizado dorado. En la tarjeta leyó: Brad Curtis, MBA Vicepresidente, Mercado de capitales Banco de Montreal Calle Bloor, oeste, n.º 55, 5.ª planta Toronto, Ontario Tel. 416-555-2525 Al darle la vuelta, vio que había escrito una nota con una letra que denotaba confianza: ______: Siento que hayamos empezado con mal pie. El chocolate me recuerda tus preciosos ojos. Brad Por favor, llámame: 416-555-1491 Ella le dio la vuelta a la tarjeta y sonrió. Brad bromeaba sobre el incidente, no pensaba que su timidez fuera un obstáculo y no la había llamado «virgen» como si fuera una palabrota. Había elogiado sus ojos y le había hecho saber que le parecía atractiva. Con delicadeza, abrió el envoltorio y se metió el bombón en la boca. «Celestial.» ¿Cómo había sabido que le encantaba el chocolate caro? Tenía que ser el destino. Cerró los ojos y paladeó el sabor intenso, oscuro, pasándose la lengua por los labios para asegurarse de que no desperdiciaba ni una pizca. Se le escapó un gemido involuntario. «¿Por qué no conocí a alguien así en mi primer año en Saint Joseph?» Mientras tanto, Tom se estaba mordiendo los nudillos de la mano derecha como un animal desquiciado. Una vez más, la visión de la señorita Mitchell disfrutando de los pequeños placeres de la vida estaba siendo uno de los espectáculos más eróticos que había presenciado nunca. Su manera de abrir los ojos al ver el bombón; el rubor que le había cubierto las mejillas al metérselo en la boca; el gemido; la lengua asomando para recoger los restos de chocolate de sus labios rojos como el rubí... Era demasiado. Tenía que ponerle fin de alguna manera. —¿No te habrás comido eso? ______ volvió la cabeza bruscamente. Había estado tan perdida en las sensaciones cuasi orgásmicas inducidas por el bombón que se había olvidado de Tom. —Estaba delicioso. —Podrían haberte drogado. ¿Nadie te ha dicho que no debes aceptar dulces de extraños, niña? —Supongo que esa norma no se aplica a las manzanas, ¿no, Tom? Él entornó los ojos ante el brusco cambio de tema. ¿Se había perdido algo? —Y no soy una niña —añadió, refunfuñando. —Pues deja de comportarte como si lo fueras. No pensarás guardar eso, ¿no? Señaló la caja que ella acababa de meter en el bolsito. —¿Por qué no? Parecía simpático. —¿Serías capaz? ¿Serías capaz de liarte con un hombre al que has conocido en un bar? ______ frunció el cejo y el labio inferior le empezó a temblar. —¡No me he liado con nadie! ¿Y tú? ¿No te has liado nunca con una mujer en un bar? ¿Y no te la has llevado a casa? Yo no lo he hecho nunca, aunque no veo que eso sea asunto tuyo, profesor. Tom se ruborizó. No podía contradecirla, sería demasiado hipócrita por su parte. Pero algo de lo que había pasado entre ella y Grendel, el banquero rubio, lo había alterado mucho, aunque aún no sabía exactamente qué había sido. Con un gesto de la mano, pidió otro whisky. Por su parte, ______ pidió otro Cosmopolitan, esperando que el combinado afrutado pero potente la ayudara a olvidarse del hombre cautivador y cruel que estaba sentado a su lado, pero que nunca podría ser suyo. Cuando Rachel regresó y se dejó caer agotada en el asiento, _____ se excusó y buscó los servicios. La arrogancia y condescendencia de Tom la ponían furiosa. Al parecer, no la quería, pero tampoco quería que nadie más se le acercara. ¿Qué demonios le pasaba? Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se percató de que había un hombre en el pasillo y tropezó con él. Cuando estaba a punto de caerse al suelo, el hombre la agarró. —Gracias —murmuró ella. Al levantar la cabeza, vio que se trataba de Ethan, el gorila de la entrada. —No pasa nada —dijo él, soltándola de inmediato. —Estaba buscando el baño. Ethan señaló con el teléfono móvil. —Está hacia el otro lado. —Y volviendo a mirar el mensaje de texto que estaba escribiendo, exclamó—: ¡Maldita sea! —¿He roto algo? Él negó con la cabeza. —No, no. Es que tengo problemas... para expresarme. ______ le dirigió una sonrisa compasiva. —Lo siento. —Yo también. —Ethan la miró de arriba abajo y añadió—: Estoy impresionado. Kaulitz no suele venir nunca con compañía femenina. —¿Ah, no? ¿Por qué? El hombre rió con ironía. —¿Lo preguntas en serio? Mira a tu alrededor. ¿Cuántas de las parejas que ves crees que han venido juntas? —Oh. ¿Y viene a menudo? —Eso vas a tener que preguntárselo a él. _______se sintió mal. Al darse cuenta de su expresión, Ethan trató de tranquilizarla. —Eh, esta noche está aquí contigo. Eso debe de significar algo, sin duda. Ella se miró las manos y jugueteó con sus uñas. —Bueno, en realidad no está conmigo. No soy más que una vieja amiga de su hermana. Tenía un aspecto tan triste, con aquellos enormes ojos castaños y el labio tembloroso, que Ethan trató de distraerla con lo primero que se le ocurrió. —________ (nombre completo), ¿no hablarás italiano, por casualidad? Ella sonrió. —Me llamo ____. Y de hecho, sí, estudio italiano en la universidad. Los ojos del hombre se iluminaron. —¿Podrías ayudarme a escribirle un mensaje de texto a mi novia? Es italiana y me gustaría impresionarla. —Tom lo habla mucho mejor que yo. Deberías pedírselo a él. Ethan la miró como si se hubiera vuelto loca. —Estás de broma, ¿no? No quiero que Tom se acerque a mi pareja. Veo cómo reaccionan las mujeres cuando está cerca. No puede quitárselas de encima. ______ volvió a sentir náuseas, pero luchó contra ellas. —Por supuesto. ¿Qué quieres traducir? Ethan le entregó el teléfono y ella empezó a escribir palabras en italiano. Con alguna de las frases más íntimas se le escapó la risa, pero en general se quedó impresionada de que un tipo de aspecto tan duro e insensible como Ethan se molestara en asegurarle a su novia que la quería y que estaba manteniendo a raya a las clientas de Lobby. Cuando estaba acabando, alguien tosió a sus espaldas. ______ alzó la vista y se encontró con un par de ojos cafés muy enfadados.
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