—Señor Kaulitz —saludó Ethan.
—Ethan —contestó Tom.
______ pensó que sus oídos la habían engañado, pues le había parecido que la voz de Tom había sonado como un gruñido animal surgido de lo más profundo de su pecho, pero no podía ser. Tras apretar el botón de ENVIAR, le devolvió el teléfono a Ethan.
—Ya está. Listo.
—Gracias, _______. Te debo una copa —dijo, antes de despedirse con una inclinación de cabeza y desaparecer.
Ella se dirigió hacia el baño.
—¿Adónde crees que vas? —preguntó Tom, siguiéndola.
—Al servicio de señoras, aunque no sabía que fuera asunto tuyo.
Él la sujetó por la muñeca y no pudo resistirse a acariciarle con el pulgar las venas que latían bajo su pálida piel. ______ ahogó una exclamación.
Tom tiró de ella, arrastrándola hasta un pasillo largo y oscuro y empujándola contra la pared. Sin dejar de acariciarle la muñeca, sintió cómo el pulso se le aceleraba y apoyó la otra mano en la pared, a la altura de su hombro. Estaba atrapada.
Se permitió un momento para aspirar su aroma a vainilla mientras se pasaba la lengua por los labios, pero no parecía contento en absoluto.
—¿Por qué le has dado tu número de teléfono? Ethan vive con una mujer. ¿Por qué de repente te llama ______ y te invita copas?
—¡Me llama ______ porque ése es mi nombre! Tú eres el único que no lo usa. Y, a estas alturas, aunque quisieras hacerlo, te diría que no. Será mejor que de ahora en adelante me llames señorita Mitchell. Y no le he dado mi número de teléfono.
—¿Cómo qué no? Te he visto. Se lo estabas anotando. ¿Con cuántos hombres a la vez piensas quedar?
Ella negó con la cabeza, demasiado enfadada para responder, y trató de escabullirse por debajo de su brazo, pero él la atrapó por la cintura.
—Baila conmigo.
—¡Ja! ¡Ni de coña!
—No seas rebelde.
—Sólo estoy empezando a ser rebelde, profesor.
—Ten cuidado —susurró él en tono amenazador. _____sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
—¿Por qué no me clavas un puñal en el corazón y acabamos antes? —susurró, mirándolo fijamente—. ¿No me has hecho ya bastante daño?
Tom la soltó inmediatamente y se tambaleó hacia atrás.
—_______. —Su tono estaba a medio camino entre un reproche y una pregunta. Frunció el cejo, muy disgustado. No estaba enfadado. Más bien parecía herido—. ¿Tan perverso soy? —murmuró.
Ella negó con la cabeza, con los hombros hundidos.
—No tengo ningún deseo de hacerte daño. Todo lo contrario —dijo él al ver que había vuelto a adoptar una postura sumisa y le buscó la boca con la mirada. Vio que el labio inferior le temblaba. Y también que no sabía a dónde mirar.
«Está asustada, payaso. Afloja un poco.»
—Antes has dicho que no te había invitado a bailar. Te invito ahora —añadió, suavizando mucho su tono de voz—.______, ¿me harías el honor de bailar conmigo, por favor?
Y sonrió con la cabeza un poco ladeada, un gesto que usaba mucho cuando quería seducir a una mujer, pero que no tuvo el efecto deseado, porque ______no alzó la vista. Alargando la mano, volvió a acariciarle la muñeca, como si estuviera pidiéndole disculpas a su piel, aunque ésta no las habría aceptado de haber podido hablar.
_______ se llevó a mano al cuello instintivamente, como si estuviera sufriendo un latigazo cervical por culpa de su vaivén emocional. Al levantar la vista hacia su garganta blanca como la nieve, Tom volvió a fijarse en sus venas azules, que vibraban con cada latido.
«Como un colibrí —pensó—. Tan diminuta, tan frágil. Ten cuidado...»
______ tragó saliva y buscó una salida con la vista.
—Por favor —insistió Tom, con los ojos brillándole en la oscuridad.
—No sé bailar.
—Estabas bailando hace un momento.
—Bailar lento es distinto. Te pisaré y te haré daño con los tacones. O tropezaré y acabaré en el suelo y te sentirás avergonzado. Ya estás bastante enfadado conmigo... —El labio le empezó a temblar de un modo más evidente.
Él dio un paso hacia ella, que se apretó contra la pared casi como si tratara de desaparecer a través del muro. Tom le cogió la mano y se la llevó a los labios ceremoniosamente. Con una sonrisa decidida, se inclinó y le acercó la boca a la oreja. La piel de ______vibraba con su cercanía y la calidez de su aliento.
—______, ¿cómo podría estar enfadado con alguien tan dulce? Te prometo que no me enfadaré ni me sentiré humillado. Ya verás como sí sabes bailar —susurró. Su voz era suave pero decidida; seductora y s****l; whisky escocés y licor de menta—. Ven conmigo.
Al tomarla de la mano, un nuevo escalofrío le recorrió el brazo. Mientras Tom esperaba su reacción, ella se quedó muy quieta. Se sentía muy rara. Un momento antes estaba temblando, pero en ese instante parecía no poder moverse.
—Por favor, profesor —le rogó con un hilo de voz, con los ojos clavados en su pecho.
—Pensaba que esta noche éramos Tom y ______.
—En realidad no quieres bailar conmigo. Es el whisky el que habla por tu boca.
Él enarcó las cejas. Habría respondido de mala manera, pero se reprimió. Lo estaba provocando. Parecía que supiera exactamente qué botones tenía que pulsar para que saltara.
—Sólo un baile. No es mucho pedir.
—¿Por qué quieres bailar con una virgen? —murmuró ella, súbitamente fascinada por la punta de sus zapatos.
Tom se puso tenso.
—No quiero bailar con una virgen, quiero bailar contigo, ______. Pensaba que tú también querrías bailar con alguien que no fuera a acosarte en la pista y que no se tomara libertades contigo en un club lleno de hombres sexualmente agresivos.
Ella lo miró con escepticismo, pero no dijo nada.
—Estoy tratando de mantener a los lobos a raya —añadió Tom en voz baja.
«Un león manteniendo a raya a los lobos —pensó ella—. Muy adecuado.»
Pero él no parecía tomárselo a broma. Sus intensos ojos cafés la mantenían clavada en el sitio.
—Si bailas conmigo, aunque sólo sea una vez, nadie te molestará. Y eso será muy de agradecer —aclaró con una débil sonrisa—. Con suerte, nadie volverá a acercarse a ti y podré bajar la guardia durante el resto de la noche.
A ella no le hizo ninguna gracia, pero se dio cuenta de que era una tontería discutir con él. A esas alturas de la vida estaba acostumbrado a salirse con la suya.
«Pero no siempre fue así. ¿No es cierto, Tom?»
—¿Qué quieres que bailemos? —Preguntó él, con una mano apoyada en la parte baja de su espalda, mientras volvían al reservado—. Pediré que pongan lo que tú quieras. ¿Qué tal los Nine Inch Nails? Podría pedir Closer.
Tom sonrió para que viera que estaba bromeando, pero _____no se dio cuenta, porque estaba mirando el suelo para no tropezar y no avergonzar a El Profesor. Sin embargo, en cuanto el nombre de la canción salió de sus labios, se quedó petrificada.
Se detuvo tan bruscamente que fue él quien casi chocó contra su espalda. Tom sintió la tensión de su cuerpo con la punta de los dedos y se arrepintió de haber pronunciado el nombre del grupo. La rodeó para mirarla a la cara y lo que vio lo dejó muy preocupado.
—_______, mírame.
Ella contuvo la respiración.
—Por favor —insistió él.
Obedientemente, ______ levantó la vista y lo miró a través de sus largas pestañas. Vio que estaba asustada y, sobre todo, muy incómoda y se le encogió el estómago.
—Ha sido una broma... de mal gusto. No ha tenido ninguna gracia. Nunca pediría esa canción para bailar contigo. Sería una blasfemia horrible someter a alguien como tú a unas palabras como ésas.
______ parpadeó, confusa.
—He sido un auténtico... stronzo esta noche. Pero elegiré algo bonito. Te lo prometo.
No queriendo soltarla por miedo a que saliera huyendo, se la llevó con él hasta la cabina de DJ y, deslizando un billete en su dirección, susurró su petición. El DJ sonrió y asintió, saludando a ______ con la mano antes de ponerse a buscar su encargo.
Tom la guió hasta la pista de baile y la acercó a él, aunque no demasiado. Se fijó en que sus manos, mucho más pequeñas que las suyas, habían empezado a sudar. Ni se le ocurrió pensar que esa reacción pudiese tener algo que ver con la canción de los Nine Inch Nails que había mencionado. Lo que pensó fue que ______ le tenía una gran antipatía y que él había empeorado las cosas con su prepotencia y sus modales insultantes, cuando lo único que pretendía era ahuyentar a los lobos que habían acudido a olisquear sus faldas.
«¿Y por qué tengo que preocuparme yo de quién se le acerca? Ya no es una niña. Ni siquiera somos amigos.»
Ella se estremeció y Tom volvió a lamentar haber sido tan brusco. Era un ser delicado y evidentemente muy sensible. No debería haber mencionado que había notado que era virgen. Había sido un comentario zafio. Grace se habría sentido horrorizada, y con razón.
Trataría de compensarla. Trataría de demostrarle a la hermosa ________ que era capaz de comportarse como un caballero. Sujetándola con delicadeza por la cintura, la acercó un poco más. La respiración de ella se aceleró inmediatamente.
—Relájate —susurró él, rozándole la mejilla con los labios accidentalmente.
Sus cuerpos se acercaron hasta que sus pechos entraron en contacto separados sólo por la ropa. El pecho masculino, duro y fuerte, contrastaba con el suave y blando de ella. Tom bailó, comportándose de un modo irreprochable.
______ no reconoció la canción que había pedido. La vocalista cantaba en español y, aunque no entendía la letra, reconoció las palabras «bésame mucho». Sabía poco español, pero lo suficiente para entender eso. Moviéndose al compás del lento ritmo latino, Tom la guió como un experto por la pista de baile. Que hubiera elegido una canción tan romántica hizo que ella se ruborizara.
«Te besé mucho, Tom, durante una única y gloriosa noche. Pero tú no te acuerdas. Me pregunto si te acordarías si te besara otra vez...»