Capitulo 13

928 Palabras
hombres se emborracharían y tendrían las manos demasiado largas y las mujeres se emborracharían también y se pondrían cachondas. No quería exponer a su hermana ni a la virginal señorita Mitchell a cualquiera de esos tipos de comportamiento. Así que pagó la cuenta y le pidió a Ethan que les consiguiera dos taxis. Pensaba darle una buena propina al taxista de la señorita Mitchell para que dejara a ésta en la puerta de su casa y esperara hasta que estuviera a salvo en el interior. Pero por desgracia para él, Rachel tenía sus propios planes. —¡Buenas noches, _____! Te veo luego en casa, Tom. Gracias por acompañarla a casa —dijo, entrando en uno de los taxis, cerrando la puerta de golpe y alargándole un billete de veinte dólares al taxista para que arrancara antes de que su hermano pudiera preguntarle nada. Era obvio que estaba tratando de lanzarlos al uno en brazos del otro. Sin embargo, era menos probable que Rachel se encontrara con algún indeseable en el vestíbulo del edificio Manulife, donde siempre había un vigilante de guardia, que la señorita Mitchell en la avenida Madison. Así que no pudo enfadarse demasiado con ella. Ayudó a _____ a entrar en el otro taxi antes de entrar él. Cuando se detuvieron delante de su bloque de pisos, le indicó al taxista que lo esperara. La acompañó hasta la puerta y aguardó mientras ella buscaba las llaves. Por supuesto, se le cayeron al suelo, porque seguía alterada por lo que había pasado en el club. Tom las recogió y abrió. Al devolvérselas, le acarició la mano con un dedo y se la quedó mirando con expresión enigmática. _____ inspiró hondo y empezó a hablarles a sus zapatos negros —que eran un poco demasiado lujosos y brillantes incluso para Tom—, porque no podía decir lo que tenía que decir mirando aquellos ojos preciosos pero tan fríos. —Profesor Kaulitz, quiero darle las gracias por abrirme la puerta y por bailar conmigo. Estoy segura de que se ha sentido mal por tener que comportarse así con una estudiante. Sé que sólo tolera mi presencia porque Rachel está aquí y que, cuando se marche, todo volverá a la normalidad entre nosotros. Prometo que no le diré nada a nadie. Se me da muy bien guardar secretos. Voy a solicitar un cambio de director de proyecto. Sé que piensa que no soy demasiado brillante y que si no pidió el cambio fue porque sintió lástima al ver mi apartamento. Es evidente que piensa que no estoy a su altura y que le resulta muy duro tener que tratar con una estudiante virgen y tonta. Así que, adiós. Con el corazón encogido, se volvió para entrar en el edificio. —¿Has terminado? —preguntó él, borrándole el paso. ______alzó la vista, temblando al oír la dureza en su voz. —Tú has dicho lo que querías decir. Creo que las leyes de la cortesía me otorgan el derecho de réplica. —Se apartó de la puerta y se la quedó mirando fijamente, con furia reprimida—. Te abro las puertas porque es así como se trata a las damas, y tú, señorita Mitchell, eres una dama. Sé que yo no siempre me comporto como un caballero, aunque Grace intentó inculcármelo. Rachel es una chica muy dulce, pero demasiado sentimental. Si por ella fuera, estaría recitando sonetos bajo tu ventana, como un adolescente. Así que vamos a dejar a mi hermana fuera de todo esto, ¿de acuerdo? Por lo que a ti respecta, si Grace te adoptó como me adoptó a mí, quiere decir que vio en ti algo muy especial. Ella tenía un modo muy particular de curar a la gente, gracias al amor. Por desgracia, en tu caso, igual que en el mío, probablemente llegó demasiado tarde. _______levantó la vista al oír esas últimas palabras. Habría querido preguntarle a qué se refería, pero no se atrevió. —Te he pedido que bailaras conmigo porque me apetecía estar contigo. Tienes una mente brillante y una personalidad encantadora. Si quieres otro director, no me opondré, pero francamente, me decepcionas. No creía que fueras de las que se rinden ante la primera dificultad. Y si piensas que hago cosas por lástima es que no me conoces. Soy un cabrón egoísta y egocéntrico que no suele darse cuenta de los problemas de la gente que lo rodea. ¡Maldito sea tu discurso, maldita sea tu baja autoestima y maldito sea el curso de especialización! —resopló, tratando de no perder la compostura—. Tu virginidad no es algo de lo que debas avergonzarte y, desde luego, no es asunto mío. Sólo quería hacerte sonreír y... Se calló y le acarició la barbilla. Luego le levantó la cara con delicadeza hasta que sus ojos se encontraron. Se inclinó hacia ella hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros de distancia. Estaban tan cerca que _______ podía notar su aliento en la cara. «Whisky escocés y licor de menta.» Los dos aspiraron, empapándose del aliento del otro. Ella cerró los ojos y se humedeció el labio inferior, esperando. —Facilis descensus Averni —susurró él y sus palabras agoreras y premonitorias golpearon a ______en el alma—. Qué fácil es descender al infierno. Enderezando la espalda, le soltó la barbilla y se dirigió al taxi, cerrando la puerta con un golpe seco. _______ abrió los ojos y vio que el coche se alejaba. Las piernas le temblaban tanto que tuvo que apoyarse en la pared para no caerse.
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