Unos pasos la persiguieron. Cuando alguien la metió en un cuarto oscuro y corrió el pestillo, ________ gritó. Al intentar salir de allí, chocó contra un pecho sólido. El desconocido la sujetó por las muñecas.
—________.
Estaba demasiado oscuro para verle la cara, pero _______ reconoció su voz, así como la extraña sensación que la recorría cada vez que él la tocaba. Dejó de resistirse.
—Por favor, enciende la luz. Tengo claustrofobia —dijo, con una voz que a Tom le recordó a la de una niña asustada.
La soltó y sostuvo su iPhone en alto como si fuera una linterna.
—¿Mejor así? —preguntó, reprimiendo el impulso de preguntarle qué tenía que ver la luz con la claustrofobia.
Rodeándole los hombros temblorosos con un brazo, le dio un beso en la frente.
—¿_______?
Ella miró a su alrededor y vio que estaban en el cuartito de las escobas.
—¿________? —repitió él, tratando de retener su atención—. He visto que Ann te seguía. ¿Estás bien?
—No.
—¿Qué te ha hecho?
—Me ha dicho que sería una buena mascota —murmuró, con la cabeza baja.
Tom frunció el cejo.
—¿Te ha tocado?
Ella cerró los ojos y se secó unas gotas de sudor de la frente.
—Sólo la mano.
Él bajó la intensidad de la luz del iPhone por miedo a que Ann viera la luz por debajo de la puerta.
—Tenía miedo de que pasara esto. ¿Por qué no me has hecho caso?
—Ya te lo he dicho. Cuando he visto el mensaje ya era demasiado tarde. Francamente, no esperaba que nadie me tirara los tejos en una cena académica y mucho menos que lo hiciera ningún profesor que no fueras tú.
Tom gruñó.
—Llevaba toda la cena observándote. Sin duda la has excitado con tu timidez y tu belleza. Para ella, estar en una habitación contigo es una provocación tan grande como enseñarle un cordero a un lobo. —Negó con la cabeza—. He tratado de impedirlo.
________ lo miró a los ojos.
—¿No era porque estuvieras celoso?
—Claro que estoy celoso. Los celos son una emoción nueva para mí, _______. No estoy acostumbrado a lidiar con ellos. Pero le habría pedido a Paul que te llevara a cenar a otro sitio, a cualquier sitio, con tal de mantenerte alejada de esa mujer.
—¿Tuviste una historia con ella?
La mirada de él perdió brillo y apretó los labios.
—No es el lugar adecuado para hablar de eso.
_______ negó con la cabeza y volvió a marearse. Había confiado en que Paul estuviera equivocado, pero la reacción de Tom acababa de confirmar sus temores.
—¿Cómo pudiste?
—Estás temblando. ¿Vas a vomitar?
—¿Por qué no respondes a mis preguntas?
—________—dijo él, con los dientes apretados—, en estos momentos lo único que me preocupa es tu salud y tu bienestar. No responderé a ninguna pregunta hasta que esté seguro de que te encuentras bien. Aunque, si vomitas, te prometo que te apartaré el pelo de la cara —añadió, con una débil sonrisa.
—No voy a vomitar —murmuró ella—. Por desgracia, no es la primera mujer que trata de ligar conmigo. Lo que más me preocupa es que me ocultes cosas.
Tom juntó mucho las cejas al oírla, pero en seguida recobró el aplomo.
—_______, confía en mí. Cuanto menos sepas sobre ella, mejor. Tu alma estará más limpia cuanto más apartada estés de esa mujer.
—¿Y qué pasa con tu alma? ¿No pasa nada si te toca por debajo de la mesa? Os he visto, Tom. Por eso se ha fijado en mí.
Él la fulminó con la mirada.
—Me estaba provocando. Quería que montara una escena en público. Me he resistido esperando que se mantuviera entretenida conmigo y no se fijara en ti, pero he fracasado.
—¿Por qué he tenido que enterarme por Paul de que estuviste liado con ella?
—¿Paul te lo ha contado?
_______ asintió.
Tom maldijo y se frotó los ojos con fuerza, como si tratara de librarse de una imagen repulsiva.
—No pensaba que viniera a la conferencia. No compartimos valores ni temas de interés. Hacía meses que no la veía. Forma parte de mi pasado, de un pasado que no pienso repetir. Ni aunque viviera eternamente.
—Paul me contó que le gusta el dolor. ¿Fuisteis... violentos juntos?
Él apretó tanto los puños que los tendones se le tensaron y empezaron a temblar.
—Sí. Me gustaría poder decirte que me embaucó con sus malas artes de seductora, pero no fue eso lo que pasó. Sin embargo, no pienso entrar en detalles. No quiero que tu mente descienda a su oscuro reino. Lo que sí te contaré es que durante uno de nuestros... encuentros, hizo algo que me hizo perder el control. Y que le di a probar su propia medicina. Por eso me echó de su casa y no volví nunca más.
—¿Te pegó?
—Varias veces —admitió él muy serio—. De eso se trataba.
—Tom—sollozó ella, rompiéndole el corazón—. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste dejar que te tocara y mucho menos que te hiciera daño?
Él la abrazó con fuerza.
—_______ , por favor, no hablemos de eso. Por favor, olvida lo que te ha dicho Paul. Olvídate de esa mujer.
—No puedo. Y tampoco puedo olvidar lo que has dicho en tu conferencia esta tarde. Tu descripción del amor ha sido preciosa, pero no es eso lo que tú deseas. Tal vez no creas posible que dos amantes puedan quererse así.
Tom la miró fijamente.
—Por supuesto que es lo que quiero. Y por supuesto que creo que es posible. Es sólo que todavía no lo he experimentado. —Carraspeó—. No eres la única virgen en esta relación.
________ lo miró sorprendida.
—Entonces, ¿por qué querías que alguien te hiciera daño? ¿No habías sufrido bastante en la vida?
Él la miró apenado.
—Tom, tu vida está llena de habitaciones secretas, cerradas con llave. Nunca sé lo que hay acechando detrás de esas puertas. No me cuentas nada. ¡Tengo que enterarme de que has tenido una relación con una mujer a través de tu ayudante!
—No tuvimos una relación. Y cuando te pregunté a ti por Simon, tampoco quisiste contarme nada, así que estamos en paz.
_______ hizo una mueca.
—Pero te hablé de mi madre.
Él suspiró.
—Sí, lo hiciste. Enterarme de lo que te pasó en San Luis me dolió más de lo que puedas imaginar. Mucho más que Ann y sus jueguecitos de salón. —Negó con la cabeza—. Tienes razón. Debí hablarte de ella.
Cambió el peso de pie varias veces y se metió las manos en los bolsillos.
—Pensé que si te lo contaba te sentirías tan asqueada que huirías de mí. Que te darías cuenta de que soy un demonio.
—No eres un demonio —susurró _______—. Eres un ángel caído que aún tiene bondad en su interior. Un ángel caído que aspira a hacerle el amor a una mujer y tratarla con ternura. —Cerró los ojos—. Haberme enterado de la existencia de la profesora Singer por tu boca habría sido muy preferible a esto. He tenido que aguantar que ella me lo restregara por la cara y tú ni siquiera me mirabas.
—La vergüenza es una pesada carga, ________, y es algo que tú desconoces.
—No eres el único pecador que hay en este cuarto, Tom—replicó ella, abriendo los ojos y respirando hondo— y por eso no puedo echarte en cara tus pecados del pasado. ¿Aún la deseas?
—¡Por supuesto que no! —exclamó él, indignado—. No tuvimos una relación, ________, sólo un par de encuentros. Fue hace más de un año y no habíamos vuelto a vernos desde entonces. —Suspiró—. Si insistes, te contaré los detalles, pero no aquí ni ahora. ¿Puedes esperar a que acabe la cena al menos, por favor?
Ella se mordió el labio inferior, pensativa. Tom le cubrió la boca con la suya y, besándola, le liberó el labio.
—Por favor, no te lastimes. Me duele.
—Yo podría decir lo mismo.
A él se le hundieron los hombros y gruñó un poco.
—Te doy de tiempo hasta después de la cena, pero sólo si me prometes que no dejarás que ella vuelva a ponerte la mano encima.
—Encantado.
______ soltó el aire con fuerza.
—Gracias.
—¿Te quedarás?
—No, no puedo estar sentada frente a esa mujer, comiendo paella tranquilamente. Me revuelve el estómago.
—Te llevaré a casa.
—Eres el invitado de honor. No puedes irte.
Tom se pasó las manos por el pelo.
—Al menos deja que te pida un taxi. Trataré de escaparme lo antes posible. El conserje te abrirá la puerta.
Metiendo la mano en el bolsillo, sacó un fajo de billetes sujeto por un lujoso clip metálico.
Ella negó con la cabeza.
—Ya tengo dinero.
—Coge al menos mi tarjeta de crédito y pide comida a domicilio. No has cenado.
—Ahora no podría comer aunque quisiera.
Tom suspiró y se frotó los ojos. _______ se dispuso a marcharse, pero él la detuvo, sujetándola por el codo.
—Espera —le rogó—. Cuando te he visto entrar en la sala de conferencias, el corazón me ha dado un brinco. Literalmente. _______, nunca te había visto tan hermosa. Parecías... feliz. —Tragó saliva ruidosamente—. Siento mucho haber matado a esa ________ feliz. Siento no haberte dicho la verdad. Crees... ¿crees que podrás perdonarme?
—No tengo nada que perdonarte, Tom. No pecaste contra mí. —A ella los ojos se le habían llenado de lágrimas—. Estoy tratando de determinar hasta dónde llega tu afición al dolor y cómo puede afectar a nuestra relación. Siento que eres un desconocido y me duele.
Con esas palabras, salió del cuarto.
Los hados se apiadaron de _______. Cuando regresó a la mesa a recoger sus cosas y excusarse, Ann aún no había regresado del baño de señoras. Otra profesora también estaba ausente de la mesa.
Una mirada a la pálida cara de ________ y a sus ojos enrojecidos le indicó a Paul que no valía la pena tratar de convencerla para que se quedara. Cuando ella le ofreció una excusa no muy convincente sobre un comienzo de migraña, no le preguntó nada hasta que hubieron salido del restaurante.
—Singer te ha seguido al baño, ¿verdad?
________ se mordió el labio inferior y asintió. Él negó con la cabeza.
—Es una depredadora. Una depredadora peligrosa. Debí advertirte. ¿Estás bien?
—De verdad, estoy bien, pero quiero irme a casa. Lo siento por la paella.
—Que le den a la paella. Me preocupas tú. —Haciendo una mueca, añadió—: Si quieres presentar una denuncia contra ella, te acompañaré a la oficina del comité judicial el lunes.
—¿Qué es eso?
—Es la oficina que gestiona las acusaciones de conducta inapropiada contra miembros de la facultad. Si quieres contar lo que ha pasado, te ayudaré en lo que pueda.
_______ negó con la cabeza.
—No ha habido testigos. Sería su palabra contra la mía. Voy a tratar de olvidarme, a menos que vuelva a intentarlo.
—Tú eres la que tiene que decidirlo, pero debes saber que yo presenté una denuncia contra ella el año pasado. Y a pesar de que fue su palabra contra la mía, la denuncia sigue en su expediente. Gracias a eso, no ha vuelto a molestarme. Estoy muy satisfecho de haberlo hecho.
________ lo miró muy seria.
—No me apetece nada, pero lo pensaré. Siento mucho que tuvieras que pasar por eso.
—No te preocupes por mí. Que tengas un buen fin de semana y procura no pensar en ello. Si necesitas hablar con alguien, llámame. Si no, hasta la semana que viene.
Con una mirada de ánimo, Paul se despidió de ella con la mano mientras el taxi se alejaba.
Con las palabras de Virgilio resonando en sus oídos, _______ miró el móvil y encontró un mensaje que Tom le había enviado poco antes de que los profesores entraran en el Segovia.
Mantente alejada de prof. Singer. Quédate cerca de Paul. Ella lo odia. Ten cuidado. T.
«Poca información y tarde», pensó ______, con tristeza.
Al entrar en el piso de él, lo primero que hizo fue encender la chimenea, en un intento por dispersar las sombras que reptaban sigilosas alrededor de su corazón. Pero no sirvió de mucho. En realidad, lo único que quería era irse a casa y esconderse bajo las sábanas. Pero era consciente de que huir de la realidad no solucionaba los problemas.
Aunque no le gustaba fisgar en los asuntos de los demás, se encontró arrodillada en el suelo del vestidor de Tom. Quería mirar las fotos en blanco y n***o para ver si la profesora Singer aparecía en alguna de ellas. Por el pelo, podría ser. Pero las fotos habían desaparecido. Buscó y rebuscó por el armario y el resto de la habitación, incluso debajo de la cama, pero no las encontró. En el lugar donde antes estaban colgadas las fotos había seis cuadros. Unos eran abstractos; otros renacentistas; uno de Tom Thomson. Todos ellos muy hermosos y todos ellos desprendían una sensación de... paz. Tom había redecorado su habitación.
Se acercó a admirar una reproducción de La primavera de Botticelli, colgada sobre la cómoda y descubrió con sorpresa una foto de veinte por veinticinco centímetros colocada sobre el mueble. Era la fotografía de una pareja bailando.
El hombre era alto, atractivo, elegante y desprendía una aura de poder. Miraba a la mujer con una mirada intensa y ardiente.
La mujer era menuda, estaba ruborizada y tenía la mirada clavada en los botones de la camisa de él. Llevaba un vestido de un color lila tan vibrante que el resto de los colores de la foto palidecían en comparación.
«¿De dónde habrá sacado una foto de nosotros dos bailando en Lobby? De Rachel», se respondió inmediatamente.
Salió de la habitación, dejándolo todo tal como lo había encontrado.