Capitulo 45

1897 Palabras
Al principio, Tom pareció sorprendido por la petición, pero en seguida reaccionó y fue a la nevera a buscar un trozo de queso cheddar blanco curado. —Perfecto —murmuró ella. Cuando acabó de comer, permaneció unos segundos en silencio, preguntándose si debería volver a su casa. No le apetecía, pero tal vez después de tantas lágrimas y tanto drama, Tom no quisiera que se quedara. —No respondiste a mi nota —comentó él, rompiendo el silencio—, la que te envié con las gardenias. —Te envié un correo electrónico. —Pero te olvidaste de una cosa. _______ tardó unos segundos en contestar. —No sabía cómo responder a lo de la domesticación. —Me dijiste que ese diálogo entre el Principito y el zorro era tu favorito. Pensé que te quedaría claro. Ella negó con la cabeza. —Sé lo que quería decir el zorro, pero no tengo tan claro lo que significa para ti. —Entonces te lo aclararé. No espero que confíes en mí, pero me gustaría ganarme tu confianza. Tal vez cuando logre que confíes en mí con la mente, puedas confiarme también tu cuerpo. Ése era el tipo de domesticación al que me refería. Quiero estar pendiente de ti... de tus necesidades y tus deseos... y quiero dedicarles todo el tiempo que se merecen. —¿Cómo me domesticarás? —Mostrándote con mis actos que soy digno de confianza. Y así. Le sujetó la cara entre las manos y acercó su boca a la de ella hasta que estuvieron casi rozándose. _______cerró los ojos y aguardó, conteniendo el aliento, a que sus labios se tocaran. Pero no lo hicieron. El aire cálido que salía de los labios entreabiertos de Tom le acariciaba la boca. Con la punta de la lengua, ______ se humedeció el labio inferior. Al sentir el aliento de él sobre la humedad de sus labios, un escalofrío le recorrió la espalda. —Estás temblando —susurró Tom, enviándole una nueva oleada de aliento cálido junto con sus palabras. ______ se ruborizó entre sus manos. El calor se extendió por su rostro y descendió por su cuello. —Noto cómo te ruborizas. Tu piel florece y se llena de color. Le acarició las cejas. Al abrir los ojos, ______ se encontró con dos ojos cafeces oscuro. —Tienes las pupilas dilatadas —siguió describiendo Tom, con una sonrisa— y tu respiración se ha acelerado. ¿Sabes lo que eso significa? —Él decía que era frígida —confesó _______, avergonzada—. Fría como la nieve. Y eso lo enfurecía. —Sólo un niñato que no sabe nada de mujeres puede estar tan ciego y decir algo tan ridículo. No lo creas ni por un momento, _______. Sé que no es verdad. —Esbozó una sonrisa seductora—. Sé perfectamente cuándo estás excitada. Lo veo en tus ojos. Lo noto en tu piel. Puedo... sentirlo. Volvió a pasarle los dedos por las cejas para relajarla. —Por favor, no te sientas mal. No hay nada vergonzoso en ello. Es excitante y muy erótico. ______ cerró los ojos y aspiró hondo. —Aramis, menta y el bendito Tom. Él se echó a reír. —¿Es tu manera de decirme que te gusta mi colonia? — Se inclinó un poco hacia ella para que pudiera olerle mejor el cuello, donde el aroma de la colonia era más intenso. —¿Qué haces? —Alimentar el deseo, ______. Dime qué deseas. Estás sofocada, tu corazón late rápidamente y la respiración se te ha acelerado. ¿Qué deseas, ______? —repitió, volviendo a sujetarle la cara entre las manos y acercándole la boca a los labios, sin tocarla. —Quiero besarte —susurró ella. —Yo también quiero besarte —replicó él, sonriendo. _______ aguardó, pero Tom permaneció quieto. —_______—murmuró él contra su boca. Ella abrió los ojos. —Toma lo que deseas. ______ inspiró hondo. —Si no inicias tú el beso de vez en cuando, pensaré que no me deseas. Que te estoy obligando. Y después de una noche como ésta, la única que debes exigir algo eres tú. Tom la estaba mirando con los ojos muy abiertos y cargados de intención. Ella no necesitó más. Sorprendiéndolos a ambos, le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí. Cuando sus labios se encontraron, las manos de Tom se desplazaron hasta la espalda de _______. Se imaginó acariciando su piel desnuda. Ella le mordisqueó el labio inferior antes de succionárselo y metérselo en la boca, imitando lo que él le había hecho en una ocasión anterior. Aunque le faltaba experiencia, a Tom le encantó. Su calmada pasión lo enardecía. En pocos segundos, le había subido la temperatura y su corazón se había disparado. Mientras le exploraba la boca con la lengua, deseaba separarle las castas rodillas con una mano y apretarse contra ella. Y llevarla en brazos hasta el dormitorio para... Se separó bruscamente y la sujetó por los antebrazos desnudos. —Tengo que parar. —Apoyando la frente en la suya, soltó el aire ruidosamente. —Lo siento. Tom le besó la frente. —No te disculpes por seguir el dictado de tus deseos. Eres hermosa y sensual. Y me excitas muchísimo. Puedo disfrutar de ti sin llevar esto más lejos, pero no seré capaz de contenerme si te sigo besando. Permanecieron inmóviles, abrazados, hasta que él abrió los ojos y le acarició la mejilla. —Dime que deseas, _______. Esta noche soy tuyo. ¿Quieres que te lleve a casa? ¿Quieres quedarte? Ella le acarició la mandíbula con la nariz. —Me gustaría quedarme. —En ese caso, creo que es hora de que nos vayamos a la cama. Le ofreció la mano para ayudarla a bajar del taburete. —¿No te resulta raro compartir la cama conmigo? —Te quiero en mi cama y entre mis brazos todas las noches. _______ guardó silencio mientras iba en busca del maletín. —¿Te molesta? —preguntó él, frunciendo el cejo. —No, aunque tal vez debería. —Te he echado de menos esta semana. —Yo también te he echado de menos. —Duermo mejor cuando estás entre mis brazos —confesó Tom con una cálida sonrisa—, pero puedes elegir donde prefieres dormir. —Me gustaría compartir la cama contigo —admitió ella, con timidez—, si no te importa. —Nunca te negaría algo así —dijo él, guiándola hacia el dormitorio. Cuando _______ se sentó en la cama, Tom cogió la foto de la cómoda. —Tú tienes una foto mía debajo de la almohada. Pensé que no te importaría que yo tuviera una foto tuya —bromeó, ofreciéndosela. _______ se devanó los sesos tratando averiguar cómo habría encontrado él la fotografía. —¿De dónde la has sacado? —Soy yo el que debería preguntarte de dónde sacaste tú una foto de mis tiempos en el equipo de remo de Princeton —replicó él, mientras se sacaba la camisa del pantalón y se desabrochaba los botones del chaleco y la camisa, dejando al descubierto la ceñida camiseta que llevaba debajo. ________ apartó la vista, maldiciendo en silencio el día en que alguien decidió que los hombres llevaran camisetas debajo de la camisa. Ver cómo se desnudaba era todavía más sexy que verlo cubierto por una toalla lila demasiado pequeña. — Bueno... Rachel la tenía colgada en un corcho, en su habitación. La primera vez que la vi, no pude resistirme y me la llevé. Tom se inclinó sobre ella para mirarla a la cara. —¿Te la llevaste? ¿Quieres decir que la robaste? —Ya sé que no hice bien. Pero tenías una sonrisa tan maravillosa. Yo tenía diecisiete años y era muy tonta, Tom. —¿Tonta o enamorada? _______ bajó la vista. —Creo que ya lo sabes. —Rachel tomó unas cuantas fotos con su teléfono cuando fuimos a Lobby. Ésta es mi favorita, por eso la enmarqué. —La observó más de cerca—. ¿No te gusta? Ella se puso nerviosa. —Estás muy guapo. Tom le quitó la foto de las manos y la dejó en su sitio. —¿Qué piensas? Cuéntamelo. —Tu manera de mirarme mientras bailábamos... no la entiendo. —Eres una mujer muy hermosa, _______. ¿Por qué no iba a mirarte? —Pero me miras de una manera muy especial. —Siempre te miro así —confesó él, dándole un beso suave—. Te estoy mirando así ahora mismo. —Le echó el pelo hacia atrás—. En seguida vuelvo. Ella se quitó el vestido y se puso lo que sería su pijama de aquella noche. Luego se acercó a la puerta del cuarto de baño, de donde salía una luz blanquecina. —Quieta —dijo Tom, que había regresado a la cama y estaba tumbado, observándola. _______ se miró, inquieta. Había dudado mucho. Casi todos sus pijamas eran demasiado infantiles para ponérselos estando con él y no tenía lencería bonita. Y, aunque tuviera, no se habría atrevido a ponérsela. Así que, finalmente, se había decidido por una camiseta amplia y oscura y unos pantalones cortos con el logo de la universidad de Saint Joseph. —Eres exquisita. Ella hizo una mueca y alargó la mano para apagar la luz. —Espera. Ahí, recortada contra la luz, pareces un ángel. _______ asintió para que supiera que lo había oído, antes de apagar la luz y volver a la cama. Él la acogió en un cálido abrazo. ________ se dio cuenta de que iba vestido de un modo muy similar. ¡Menudo par estaban hechos! Pero al menos sus piernas desnudas podían unirse felizmente bajo las sábanas. Tom la besó con ternura y se reclinó en la almohada, suspirando de satisfacción cuando ella apoyó la cara en su pecho y le rodeó la cintura con un brazo. —Lamento que te sientas sola, _______. Ella se sorprendió por el brusco cambio de tema. —Hace unos días, me dijiste que te sentías muy sola. Que no tienes amigos. ________ hizo una mueca al recordarlo. —¿Quieres que te compre un gato o un conejo para que te hagan compañía? —Tom, te lo agradezco mucho, pero no puedes tratar de solucionar todos mis problemas comprándome cosas. —Lo sé, pero puedo comprarte cosas para hacerte sonreír. Volvió a besarla. —La amabilidad vale mucho más que todo el dinero del mundo. —La tendrás. Entre otras cosas. —No quiero nada más. —Quédate conmigo este fin de semana. Ella sólo dudó un instante. —De acuerdo —susurró. Tom pareció aliviado. —¿Qué me dices de un pez? Son la nueva moda en mascotas. _______ se echó a reír. —Mejor no. Bastante me cuesta ya cuidar de mí misma, como para tener que cuidar de una pobre criatura que no tiene ninguna culpa. Él se incorporó un poco para poder mirarla a la cara. —En ese caso, deja que yo cuide de ti —susurró, con los ojos brillantes. —Podrías tener a cualquier mujer que quisieras, Tom. Él frunció el cejo. —Sólo te quiero a ti. Ella apoyó la cabeza en su pecho y sonrió. —Estar sin ti es como vivir en una eterna noche sin estrellas.
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