No sé en qué momento las lágrimas se escaparon de mis ojos, cuando las sentí rodar por mi mejilla, y no lloraba de dolor, lloraba de impotencia. —Te fue difícil perdonar que haya mantenido una relación con Travis sin haber sabido que era tu amigo, pero se te hizo tan fácil perdonarle a la bruja esa que nos haya ocultado que estabas en coma. O tal vez nunca tuviste en coma y quisiste quedarte con ella porque mis hijos y yo siempre te estorbamos. —No digas esas estupideces, jamás fueron un estorbo para mí—, sonreí y limpié una lágrima que rodaba lentamente y continúe. —Recuerda que cuando te enteraste que venían en camino quisiste asesinarlos, mejor dicho, ibas asesinarlos. ¿Olvidaste que no estabas dispuesto a ser padre?, pero yo, yo me aferré a qué nacieran y gracias a mí están en est

