2. Tú no eres mi tipo

2280 Palabras
Mis dedos temblaban de manera estrepitosa mirando aquel anillo que brillaba intensamente, burlándose de mí. Me había acostumbrado a ser una mujer que soportara el alcohol y, por lo general, recordaba mis cosas… pero ayer me afectó más de lo que deseaba. Mi hermano, ese hombre que tanto odiaba el amor y era tan frío con las emociones… verlo casado me hizo replantearme y quebrarme… ¿Acaso estaba yo dispuesta a aferrarme al amor? Él y yo éramos mellizos; cuando fuimos niños éramos sumamente parecidos, pero al crecer nuestro concepto sobre el amor cambió. Él decidió soltar y encerrarse en una placa de hierro que April destruyó… y yo estaba anclada a algo que me mantenía más cerca de la tumba que de la vida. Exhalé con detenimiento intentando no llorar. «Lo siento tanto, Richard.» «Discúlpame tanto.» Mis sollozos se mezclaban con mis gimoteos. Mis lágrimas ardientes bajaban por mi rostro. En ese momento, la emoción que me invadía era dolor. Sentía que me había convertido en la peor persona del mundo porque le juré en su tumba que no volvería a estar con nadie hasta que muriese. Sin poder evitarlo, mi mente viajó varios años atrás. Su sonrisa. Su luz. Esa brillantez que nadie había dado en mi vida… excepto… —Anastasia, ¿por qué lloras? —susurró en un tono preocupado—. Desátame, estoy preocupado por ti. Excepto él… Nunca había visto esa luz que era difícil de mirar, pero aun así no quería apartarme de ella. Me molestaba. Lo odiaba… y aun así… me atraía. Era una explicación incomprensible de cómo nuestros cuerpos estaban siendo atraídos como la gravedad atrae a los planetas. Esa necesidad incontrolable de no solo acercarnos, sino también de que estuviera a mi lado. —Anastasia, no llores —murmuró con la voz temblando—. No te preocupes, todo esto será una anécdota muy graciosa que le contarás a tu familia, ¿sí? —agitaba ligeramente la cabeza y sus manos para intentar soltarse—. Solo… desátame y así nos divorciamos. Tú sigues tu camino y yo el mío. No llores por esto. Sorbiendo con ligereza mi nariz, finalmente lo solté. Me despegué con delicadeza para darle su espacio, pero él hizo lo contrario. Acortó la distancia entre nosotros, dándome un fuerte abrazo. Nuestra piel contra piel hizo un contacto imposible de descifrar. Hubo una calidez inigualable, diferente, emocional. No era como los abrazos que me daban mis padres… no, pero se sentía como un hogar. Cálido, de esos en los que no quieres irte sino quedarte. Me aterraba. Con fiereza detuve el abrazo empujándolo, lo cual provocó que él me mirara con desconcierto. Sus ojos mostraban confusión; no comprendía… y lo mejor era que así fuera, para que se alejara de mí. —Anastasia —sus ojos azules me recorrían con una lentitud casi tortuosa—, ¿por qué me empujaste? —Tú… —hablaba con el poco hilo de voz que tenía— ¡No me abraces! Nunca vuelvas a hacerlo, no eres ni mi padre ni ninguno de mis hermanos —respiraba entrecortada, pues mi corazón iba a toda marcha—. No te quiero en mi vida, ¿entiendes? Así que déjame en paz. Con rabia me levanté con el objetivo de darme una ducha, cambiarme y pretender que fue un mal sueño. Al incorporarme, la toalla que me cubría rodó, dejando entrever que muy probablemente… no habíamos estado jugando cartas la noche anterior. William desvió la mirada un segundo hacia mi cuerpo, sus ojos brillaron con deseo y mis piernas solo respondieron con un ardor que me obligó a callar. Con rapidez cerré las piernas cubriéndome con las sábanas de nuevo. —¡Deja de mirarme desnuda! —chillé—. Tú y yo no somos nada. —Técnicamente hablando, estamos casados —dejó escapar una coqueta sonrisa—, así que sí lo somos hasta que nos divorciemos. Además, no veía tus pechos. —¿Ah, no? —rugía de molestia—. ¿Qué veías? —Tu tatuaje —sonrió con descaro—. Por la manera en que tu padre te trata, dudo mucho que él sepa que su hija tiene ese tatuaje. —¡Eso no es de tu incumbencia! Le lancé una de las almohadas, la cual él recibió con una sonrisa divertida. No sabía si lo hacía para irritarme aún más, pero me provocaba la fuerte necesidad de alejarlo. Bajé de la cama y, a regañadientes, me dirigí a la ducha. El agua caliente fue mi mantra. Bajaba lentamente por mi cuerpo, obligando a mi mente a recordar… pero solo una imagen llegó. Cerré los ojos y, sin quererlo, regresé a ese momento. Ese preciso instante donde mordía mi piel, haciéndome suya una y otra vez. Un calor abrasador me recorrió y me obligó a apartarlo de mi memoria. ¡Debía alejarlo! Pero, ¿cómo podía si toda la habitación parecía destrozada? Dejé que el agua arrastrara mi frustración. Solo debíamos firmar el divorcio. Seguiríamos nuestro camino y pretenderíamos que esto nunca pasó. El golpeteo constante del agua contra la porcelana se mezclaba con mi propio corazón. Un latido fuerte, doloroso… y de pronto, la memoria me golpeó. Once años antes —Anastasia, ¿por qué no quieres casarte conmigo? Su voz estaba llena de dolor. Sus ojos almendrados se posaban en mí. Sus labios temblaban. Sujetaba el volante con fuerza. Respiraba de manera errática. —Richard, entiéndeme… —¿Acaso no me amas? —agachó la cabeza acelerando un poco más el auto—. Pensé que me amabas… que estaríamos juntos en esta vida. —Richard, claro que estaremos juntos —susurré apenas—. Te prometí que te amaría a ti y solo a ti… es solo que no me siento preparada aún. —Anastasia, pero ¿por qué? —el dolor en su voz se quebraba—. Vine desde Inglaterra persiguiéndote… dejé mi casa… mi familia… todo por ti… somos novios desde la secundaria… ¿es porque soy pobre? —No, Richard… es que aún me siento muy joven… —susurraba apenas con voz. —¡Entonces por qué no me lo dijiste antes de que comprara ese maldito anillo! —vociferó con fuerza—. Me rechazaste delante de todos… y usaste la excusa de que apenas tienes dieciocho… ¿Por qué? ¿Sabes cuántas parejas se casan temprano? Si no me amas, solo dímelo. —¡Richard, te amo! —Gritaba con un fuerte dolor en todo mi pecho. —¿Me rechazaste porque tienes a alguien más? —frenó de golpe en la luz roja—. ¡No lo entiendo! Anastasia… tú me juraste que solo me amarías a mí hasta que te mueras, pero no lo parece. —Richard, eres la persona que más amo —susurré con apenas voz—. Yo te amaré hasta la muerte. —Entonces ¡demuéstrame que me amas! Acepta casarte conmigo… Ni siquiera sabemos cuándo nos pasará algo y aquí estoy arriesgando mi vida porque te amo. Quiero estar a tu lado ¡Quiero que tengamos una maldita familia j***r! Todo pasó extremadamente rápido. Un auto rojo frente a nosotros se pasó la luz perdiendo el control. El sonido del chirrido fue estremecedor. Las luces parecieron difuminarse. Mis pulmones parecieron perder el aire. El auto que había perdido el control se dirigía hacia mí. Richard, con el poco rango que tenía, comenzó a mover el auto para intentar evitar el choque… me empujó con fuerza… pero todo fue inevitable. El fuerte golpe seco en su lado hizo que todo su cuerpo se sacudiera… un grito seco intentando comprender todo. El terror me invadía, pero en sus ojos solamente había paz. Actualidad Abrí los ojos intentando calmar mis lágrimas, camufladas ya con el agua de la ducha. No quería experimentar de nuevo ese accidente que me había estado persiguiendo como una película cruel. No había peor sufrimiento que ver a la persona que amabas morir delante de ti, con sus últimas palabras clavadas como cuchillas dulces, que me amaba más que a nada. Obligué a mi cuerpo a salir de la ducha, secándome y colocándome la bata del hotel. Al salir de la habitación para buscar mi ropa, noté a William al teléfono. Llevaba pantalones, el rostro endurecido y los ojos azules tan fríos como la noche. Cerró la llamada y me observó. —¿Qué? No me mires así —levanté una ceja—. Me preparo, te preparas, vamos a la corte y nos divorciamos. Parecía lo más fácil del mundo, pero sus ojos no reflejaban eso. Había algo impresionante en su mirada, algo calculador, que me incomodó. —No, necesito que estemos casados. Así que no, no nos vamos a divorciar. Su voz firme vibró en la habitación. Su mandíbula se tensó, y noté un leve temblor en la mano que aún sostenía el teléfono. Lo disimuló, pero en su mirada había acero. Comencé a reírme con ironía. Me parecía una locura que ese hombre insinuara que íbamos a quedarnos juntos. —William, lo siento, pero me divorciaré de ti —respondí seca—. Tú no eres mi tipo, no te soporto, y preferiría mil veces estar presa que estar contigo. Levantó ligeramente una ceja y vi algo en su mirada: la de un hombre que planea cada movimiento, y al que algo no salió como esperaba. Un tic involuntario en su ojo derecho lo delató antes de que volviera a disfrazarse de control. —Escúchame, este matrimonio es una idiotez —resopló con rabia—, pero este pequeño… desliz me está causando un dolor de cabeza en Inglaterra. —¿Y? —dejé escapar una leve risa irónica. —¿Y? —repitió como si le frustrara lo que decía—. ¡Sabes lo que me está causando eso! —Con su mano libre apretó el puente de su nariz con dos dedos—. Al parecer, fotos mías y tuyas salieron en las redes y están pidiendo mi dimisión inmediata —rió de manera irónica—. ¿Sabes lo complicado que fue para mí ser el primer ministro de Inglaterra? —su risa nerviosa se volvió errática—. ¡Gasté tiempo! Dinero, mi vida en esto… y que me lo arrebaten por una maldita tontería me parece inaudito. Te vienes conmigo. —No iré a ningún lado, William —crucé mis manos—. Me vale muy poco que pierdas tu puesto. Mis palabras cayeron entre nosotros como un balde de agua fría, donde no pensaba ceder. Pude ver que su ojo derecho hizo un pequeño tic de nuevo, por lo que imaginé que estaba fundido en la rabia. —Anastasia, ¿qué quieres para que finjas ser mi esposa por un año? —su mirada azulada se tornó fiera—. Pide por tu boca, mi jefe de prensa ya está creando un comunicado de que nos casamos enamorados en un arrebato y bla, bla, bla —respiraba de manera agitada, su nariz se inflaba como si intentara llevar todo el aire de sus pulmones—. Solo te pido un año para que esta tontería no me afecte; puedo darte dinero, una casa, lo que quieras, pero te necesito. Intenté no reírme, pero fue imposible. Comencé a reírme de manera algo cruel, pues me sentía insultada. Con mi mano acaricié mi cabello con lentitud. —¿En serio crees que puedes comprarme con esas tonterías, William? Tengo dinero, mi familia tiene dinero, así que muy seguramente lo que puedes ofrecerme yo me lo puedo comprar, así que nos divorciamos hoy —bravé—. Y te recomiendo hacer esto de manera pacífica; no querrás agregar a tu escándalo también un caso de demanda conmigo, ¿no? Porque sinceramente, si tengo que ir a la corte para divorciarme, con una simple llamada, mi tío se encargará de ti. Su mirada azulada temblaba. Era la misma de un hombre que estaba a punto de perderlo todo. —Anastasia… te lo ruego… es solo un año —su voz tembló momentáneamente. —La respuesta es no, William —mi mirada seria se posó en él—. Esto no es una novela donde soy una damisela y me caso contigo porque me pagas o porque mi vida depende de eso. Yo soy una mujer hecha y derecha y lo que menos quiero es estar con alguien… y menos contigo. —No habrá nada que te haga cambiar de parecer, ¿no es así? —Así es —respondí con frialdad. Nuestra mirada se mantenía feroz, donde ninguno de los dos parecía a punto de ceder. No había nada en este mundo que me hiciera aceptar esta estupidez… hasta que un fuerte sonido en la puerta retumbó en toda la habitación. La mirada de ambos se posó en ese objeto como si estuviese embrujado. El aire se congeló y la habitación pareció arder en un solo segundo. —¡Anastasia Lennox! ¡Abre la puerta en dos segundos antes de que mande a abrirla! El terror me recorrió como un rayo. La nuca se me heló, mis manos buscaron el anillo de manera instintiva y mis piernas temblaron contra el suelo. La voz de mi padre tronaba al otro lado como un trueno. Nunca se enojaba conmigo ni con Alejandro… y sin embargo, allí estaba, su voz rebozando como un volcán desbordado. Miré a William, y él entendió. Mostró una sonrisa estratégica, manipuladora, había triunfo. —Vaya, parece que sí existe algo que te pueda hacer cambiar de parecer, Anastasia. Si te libro de esta locura, ¿aceptarás estar casada conmigo durante un año?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR