Estaba tratando de librar la batalla más difícil de mi vida. Y es que si ella hubiese peleado para que la soltara, las cosas habrían sido menos intensas. Pero la muy desgraciada se quedó quieta, observándome fijamente con ese maldito aire de superioridad que me cabreaba. Sabía que estaba buena y disfrutaba verme en esta situación. Era un reto claro para ella hacerme perder el control. Y aunque no estaba seguro de si permitiría que algo sucediera entre los dos, igual lo aprovecharía. Le demostraría que nunca podría ir por delante de mí. Así que, observando fijamente sus ojos, deslicé el arma desde sus pechos hacia su vientre, por encima de la bata. Hasta llegar a su centro. Justo allí hice presión. Y ella se estremeció. Joder. Pensé que tenía el control de la situación, hasta que

