—Ahora te soltaré y me largaré. Salí de su habitación sintiéndome derrotado y no era porque ella me hubiera dominado, sino porque no pasó lo que yo quería. Quería que se montara sobre mí y me demostrara lo maldita y perversa que puede ser. Esa mujer me provoca como ninguna otra. Golpeé la pared con fuerza porque estaba frustrado. Aunque, si lo pensaba bien, había ganado algo. Yo la había masturbado. Yo le había dado placer. Entonces recordé el video. Con eso la iba a joder. Llegué a mi habitación, tomé mi celular y se lo envié. Pensé en su rostro cuando lo viera. Imaginé su reacción y sentí una satisfacción oscura recorriéndome el cuerpo. Comencé a desvestirme, pero seguía caliente. El deseo aún ardía dentro de mí. —Ahh… maldita mujer… joder, cómo te deseo. Comencé a mover mi mano

