La ciudad de Moscú amaneció revolucionada por los restos del cadáver que colgaba en la plaza… donde se encontraba Aleksandra, ya cambiada y presentable. Yo, aunque estaba presente, en realidad no era el protagonista, sino más bien un espectador que no dejaba de pensar en todos los problemas que tendríamos a partir de hoy. Y es que, si antes teníamos a todos los mafiosos encima, ahora la cosa sería peor, porque habíamos declarado la guerra a toda esa familia entera que ahora se acercaba llena de odio y de rencor. —¡Alexander!… ¡Oh, por Dios, hijos… noooo! —¡Noooo! La madre de Alexander estaba tirada en el piso y se revolcaba de dolor. Algo que claramente me emocionó. Pero no me inmuté y seguí desayunando como si nada al lado de mi marido. La plaza se iba llenando y todos estaban en sho

