Han pasado quince días desde que nos atacaron, pero no me he quedado tranquilo. En estos días hemos estado tan ocupados que mi mujer y yo solo nos hemos visto a la hora de dormir, y es que tuvimos que hacer una reunión extraordinaria con nuestras familias, contratar más personal y Aleksandra se ocupa de instruirlos. En fin, no hemos podido ni hablar, porque cuando llego a la cama, ya ella está dormida o viceversa. Y eso me está volviendo loco. No es normal no tenerla cerca… no después de todo. Así que esta mañana desperté con ánimos de compartir con mi mujer, así que la desperté dejando besos por su rostro y cuello. —Ivanov… —¿Cuándo será el día que voy a escuchar una palabra de amor salir de tu boca? —Nunca —jajaja—. No pude evitar reír, y es que me gustaba tanto provocarlo. Me enc

