PRÓLOGO
Hay historias que comienzan mucho antes del primer encuentro. Antes de las miradas, de las palabras, incluso antes de que la vida decida entrelazar dos caminos. Historias que ya estaban escritas en algún rincón del destino, unidas por un hilo invisible, delgado pero irrompible… Un hilo rojo.
Cuenta una antigua leyenda oriental que dos almas destinadas a encontrarse están atadas por este hilo. No importa cuánto tiempo pase, cuántos kilómetros las separen o cuántas personas crucen sus caminos: tarde o temprano, el hilo las lleva una hacia la otra. Porque lo que está destinado… simplemente ocurre. Puede demorarse, puede cambiar de forma, puede incluso parecer que se desvanece, pero nunca se rompe. Siempre está ahí, silencioso, paciente, esperando el momento justo.Y es que hay conexiones que no entienden de lógica ni de tiempo. Conexiones que se sienten en lo más profundo, incluso antes de entenderlas. A veces, las almas se reconocen antes que las miradas, antes que las palabras. Como si en algún rincón de la existencia ya se conocieran, como si se estuvieran esperando desde siempre.
Esta no es una historia perfecta. Nunca lo fue. Hay heridas que dolieron más de lo que quisieran admitir, silencios que pesaron como montañas y errores que dejaron huellas. Hay distancias que parecieron eternas y momentos en los que todo parecía perdido. Pero también hay magia. De esa que no se ve, pero se siente. Magia que habita en los detalles más pequeños, en las coincidencias imposibles, en los encuentros inesperados, en las señales que solo ellos supieron leer. Como ese hilo rojo que, aunque nadie lo note, siempre estuvo ahí… tirando suavemente del corazón, guiando cada paso, cada decisión, cada latido.
A veces, las almas destinadas a encontrarse tienen que separarse para crecer, para sanar, para aprender. Porque el amor verdadero no siempre llega en el momento perfecto, pero sí llega cuando ambos están listos. Y cuando lo hace, es como si todo cobrara sentido. Como si cada paso, incluso los más dolorosos, los hubiera llevado justo hasta ese instante.
Esta es la historia de dos almas que se buscaron sin saberlo, que se perdieron sin querer y que, pese a todo, nunca dejaron de pertenecer el uno al otro. Una historia tejida con hilos de paciencia, de fe, de recuerdos que no se borran y de sueños compartidos en silencio. Porque el amor verdadero no necesita gritar para ser real; se construye en la quietud, en la perseverancia, en la certeza de saber que, aunque el camino sea incierto, el destino está escrito.
Y así, entre idas y vueltas, entre sombras y luz, comprendieron que el amor, ese que trasciende todo, siempre encuentra el camino de regreso. Porque cuando dos almas están unidas por el hilo rojo del destino, no importa cuán lejos se vayan: siempre se volverán a encontrar
Porque aunque el tiempo intente borrar nuestros caminos, y el mundo gire en contra del destino, hay un hilo rojo, suave y divino, que ata tu alma, silenciosa y mágicamente a la mía…