Arquitectura del deseoActualizado el Jul 24, 2025, 04:28
Catalina Ibáñez es una arquitecta brillante, independiente y perfeccionista. Dueña de una carrera envidiable y de una estética pulcra que también ha trasladado a su vida personal.Catalina lo tiene todo: prestigio, control, reconocimiento, pero en medio de su orden meticuloso, algo empieza a resquebrajarse. Su vida, aparentemente impecable, se ha vuelto una sucesión de días grises y silencios que no sabe cómo llenar. El éxito ha comenzado a pesarle. El deseo —ese que alguna vez la desbordó— parece haberse evaporado entre planos, contratos y reuniones sin alma.Santiago, con su caos ordenado, sus cielos opacos y cafés húmedos, se transforma en el telón de fondo de ese vacío creciente. Las fachadas antiguas que Catalina admira durante sus caminatas esconden un hastío que ya no puede disimular ni con maquillaje ni con logros. Está cansada de su mundo, pero no sabe cómo salir de él.Todo cambia una tarde de otoño, cuando un encargo aparentemente rutinario la lleva a conocer a León Araya, un fotógrafo bohemio, intuitivo y marcado por un pasado turbio que apenas menciona. León no busca agradar, no impresiona con palabras ni sonríe por compromiso. Observa, con una cámara en la mano y una mirada inquietante, la atraviesa sin pedir permiso. La mira como si viera lo que ella lleva años ocultando y eso, lejos de incomodarla, la enciende.Lo que comienza como un cruce casual, una conversación entre las paredes de una cafetería y una cámara fotografíca , se transforma en una atracción brutal, tan física como emocional. En la intimidad de una ciudad que esconde más de lo que muestra, Catalina y León se van encontrando sin buscarse del todo, dejando que las fisuras de sus mundos cuidadosamente construidos se ensanchen cada vez más.Con cada encuentro, Catalina empieza a redibujar sus límites. León le propone un deseo que no se apura ni se disculpa, un erotismo que es también mirada, gesto, silencio y ella, que ha diseñado cada centímetro de su vida, comienza a rendirse ante una arquitectura nueva: la del instinto, la de la piel, la del caos, pero también una arquitectura peligrosa, porque amenaza con derribar lo que ha tardado años en edificar.En paralelo, León se ve arrastrado por una conexión que lo confronta con heridas no cerradas, con un pasado que aún lo persigue entre sombras y cicatrices. Catalina representa no solo una pasión inesperada, sino una posibilidad que había dejado de imaginar: la de ser visto y aceptado sin máscaras.En una ciudad donde cada rincón guarda secretos, pasajes que conducen a lo oculto y cerros que testifican encuentros furtivos, Catalina y León deberán enfrentar la pregunta que lo cambia todo: ¿pueden dejarse consumir por un deseo que no promete futuro, pero sí una intensidad que los hace sentir vivos?Arquitectura del deseo es una novela sobre cuerpos que se buscan, pasados que pesan, y la lucha íntima entre lo que se quiere controlar y lo que se quiere sentir. Es también una historia de arte, de piel y de rendiciones. Porque a veces, para amar —y para desear de verdad—, hay que estar dispuesto a derrumbarlo todo.