Después de esa despedida en la puerta del café, Luna caminó hacia su hogar con una sensación extraña, como si sus pasos ya no fueran completamente suyos y a medida que se alejaba de Ángel, un vacío comenzó a invadirla, pero al mismo tiempo, algo cálido y reconfortante crecía en su interior.
No podía evitar sonreír al recordar la manera en que él le había hablado, su risa y ese tono de sinceridad que había dejado claro que no solo estaban jugando a un juego inofensivo, sino que había algo más entre ellos, mientras se dirigía hacia su casa, sus pensamientos se arremolinaban.
La imagen de Ángel seguía presente en su mente: su mirada intensa, cómo la luz había caído sobre su rostro mientras hablaba, Todo en él parecía estar perfectamente ensamblado, como si todo encajara, como si todo tuviera sentido.
La sensación de su presencia aún flotaba en el aire que la rodeaba y la simple idea de que había compartido una tarde con él, la llenaba de una felicidad inesperada.
Al llegar a casa, Luna no pudo evitar salir a la pequeña terraza de su apartamento.
La brisa fresca de la noche acariciaba su rostro mientras se recostaba en la silla, mirando las estrellas.
Su mente no dejaba de darle vueltas a esa conexión especial, esa química palpable, que sentía que había comenzado a formarse entre ambos. Pero también estaba el desconcierto, esa pequeña duda que aún persistía en el fondo de su mente: "¿realmente había algo ahí, o era solo un juego del destino?"
La inquietud comenzó a apoderarse de ella, así que decidió hacer lo que mejor sabía hacer para calmar su mente: bailar, simplemente bailar en la privacidad de su sala, con la música suave y envolvente de fondo.
Luna cerró los ojos y comenzó a moverse, dejándose llevar por el ritmo,
No importaba si nadie la veía; en ese momento eran solo ella y la música.
Bailar le permitía liberarse de las dudas y dejar que sus emociones fluyeran con la misma libertad mientras se movía, sus pensamientos regresaron a Ángel.
"¿Qué pensaría él de todo esto?".
Pensaba en sus ojos marrones, tan intensos y llenos de calidez, en su cabello oscuro y desordenado que contrastaba tan bien con sus labios.
Era como si todo en él tuviera un propósito, como si todo estuviera diseñado para cautivarla.
"¿Se sentiría de la misma manera?" Se preguntó, sin poder evitar sonrojarse.
La canción terminó y aunque se sentía más tranquila, un pequeño nudo seguía presente en su pecho y entonces, decidió enviarle un mensaje, algo ligero, algo que no complicara las cosas pero que de alguna manera le permitiera saber que lo pensaba.
Lo escribió, lo leyó una y otra vez hasta que finalmente presionó "enviar", y al hacerlo sintió una mezcla de nerviosismo y emoción.
Por otro lado, Ángel regresó a su apartamento con el rostro iluminado por una sonrisa que ya no podía disimular.
Había sido una tarde inesperada, llena de momentos sencillos pero que de alguna manera, lo habían marcado.
Nunca había imaginado que una cita con alguien que apenas conocía podría ser tan… fácil.
Luna había sido diferente, su presencia lo había calmado y lo había hecho sentir que podía ser él mismo, sin pretensiones y no solo eso, había algo en ella que lo hipnotizaba, algo que lo mantenía pensando en cada pequeño Pero cuidadoso detalle.
La forma en que su cabello rojizo brillaba a la luz del café, sus ojos que reflejaban una curiosidad y ternura únicas, sus labios que se curvaban con esa sonrisa tan genuina y esas pecas que hacían juego con el tono de su piel.
Era prácticamente imposible sacarla de su cabeza, cada pequeño gesto, cada palabra de ella resonaba en su mente y no podía dejar de sonreír al recordarlo. "¿Qué significaba todo esto? ¿Habrá sentido lo mismo que él?"
Se echó hacia atrás en el sillón y miró por la ventana, como si la distancia pudiera ayudarlo a aclarar sus pensamientos.
Nunca había sido tan difícil olvidar a alguien después de una sola tarde juntos, a veces cuando alguien te deja una impresión tan profunda, las cosas no son tan fáciles de olvidar ¿no? se preguntó soltando un suspiro, mientras su rostro y sonrisa volvían a su mente, unos minutos después, su teléfono sonó.
Era un mensaje de Luna.
su rostro se iluminó al ver su nombre en la pantalla.
"Hoy fue una tarde divertida y a pesar de no saber exactamente cómo jugar al 'duelo de mantas', me hizo sentir bien. Nos vemos pronto, campeón."
Ángel no pudo evitar sonreír al leer sus palabras, fue un mensaje sencillo, pero con un toque de complicidad y sin pensarlo mucho, escribió rápidamente su respuesta.
"Lo mismo digo aunque no sé quién fue el verdadero campeón, pero por lo visto, creo que tenemos que repetir el desafío, hasta pronto, campeona."
Sintió que el peso de la duda desaparecía un poco y aunque todo esto había comenzado como una broma, había algo en su intercambio que parecía mucho más genuino, algo que él quería explorar un poco más.
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Esa noche, mientras Luna se sumía en el silencio de su apartamento y Ángel se encontraba igualmente absorto en sus pensamientos, ambos sabían que esa tarde había sido el principio de algo y aunque aún no entendían qué forma tomaría todo esto, ninguno de los dos podía negar la conexión que había nacido entre ellos.
Era algo que se sentía real, como las primeras notas de una canción que apenas comenzaba, pero que ya dejaba una huella en lo profundo del corazón.
Los dos se fueron a dormir esa noche con una sensación de expectación en el aire.
Un capítulo nuevo había comenzado en sus vidas y aunque ninguno lo admitiera...no podían esperar a ver qué depararía su próximo encuentro.