Capitulo 14: El reto de las mantas

1058 Palabras
La tarde pasaba lenta mientras Luna pensaba en Ángel y en la promesa de volver a verse, pero también en las dudas que lo acompañaban. “¿Por qué no le había escrito? ¿Sería una forma casual de dejarlo pasar o realmente había algo detrás de sus palabras?”. Luna no podía evitar pensar en eso. Se encontraba atrapada en un torbellino de incertidumbre y ansias, como si cada minuto que pasaba fuera una oportunidad desperdiciada para entender lo que estaba pasando entre ellos. Durante todo el día en la oficina, el teléfono permaneció en silencio, cada vez que Luna miraba su pantalla, sentía un leve suspiro de decepción. Su mente divagaba entre el trabajo y las miles de preguntas que la recorrían: “¿Debería ser ella la que tomará la iniciativa? ¿Sería demasiado apresurado?” Pero no lo hizo. Se mantuvo esperando, aunque con una creciente sensación de frustración y ansiedad. Al final de su jornada, Luna ya estaba a punto de rendirse y salir de la oficina cuando su teléfono vibró. El corazón le dio un pequeño salto. Miró la pantalla y un suspiro de alivio escapó de sus labios cuando vio que el mensaje provenía de Ángel. “¿Te atreves a enfrentarme por el campeonato de mantas? Te envió la dirección y la hora “¿Nos vemos allí.?” Un cálido estremecimiento recorrió su cuerpo. Finalmente, lo había hecho, le había escrito. El reto estaba planteado y aunque estaba un poco nerviosa, la emoción de saber que lo vería de nuevo hacía que todo pareciera más real. No se detuvo a pensar demasiado y su respuesta fue casi instantánea: “Nos vemos allí, Ángel.” La tarde continuó lentamente y al llegar la hora de la cita, Luna reveló una sonrisa espontánea No era una cita formal, pero el nerviosismo en su interior era el mismo que si lo fuera. Vestía un conjunto sencillo, pero que la hacía sentirse segura de sí misma: una blusa azul que realzaba el color de su rostro y unos jeans cómodos, después de unos minutos frente al espejo, ajustó un par de detalles en su cabello, y cuando se sintió lista, salió al encuentro de lo que sin saberlo marcaría el comienzo de algo nuevo en su vida. Al llegar al Café Central, vio a Ángel sentado en una mesa cerca de la ventana, mirando distraído hacia el exterior. Sus ojos brillaron al verla y se levantó rápidamente para saludarla, lo que hizo que Luna sonriera automáticamente. No había duda de que algo especial había entre ellos, y a pesar de la incertidumbre que todavía rondaba en sus mentes, algo les decía que debían disfrutar de ese momento. —“¿Vas a quedarte con el título de campeona, entonces?” —dijo Ángel, con una sonrisa traviesa, mientras la guiaba hacia la silla frente a él. Luna avergonzada por su rápida respuesta, preguntó: —¿qué es lo que se hace en una competencia de mantas? ¿gana el que se queda dormido primero? mientras su rostro se ruborizaba Ángel no pudo contener su risa — No, aunque sería entretenido si eso pasará, ¿no creés?— respondio el , mientras luna se sintió más relajada —¿y si lo declaramos en empate? Respondio bromeando Luna mientras tomaba asiento —Para mí está bien— dijo él, mientras la miraba fijamente. Ambos pidieron un capuchino de vainilla, y mientras esperaban, comenzaron a hablar con la naturalidad de quienes se conocieran de toda la vida. La conversación fluía con facilidad, como si no hubiera pasado el tiempo desde su primer encuentro, cada palabra de Ángel parecía calmar las dudas que Luna había estado acumulando en su mente. Él hablaba con una mezcla de humor y sinceridad y a pesar de que no había intercambiado mucho sobre sus vidas personales, sentía que ya había algo más entre ellos, algo que no podían negar. —“Es curioso,” —dijo Ángel, después de un momento de silencio, mientras jugueteaba con la taza de café. — Tenemos otra cosa en común, No solo en cuanto a quedar atrapados en un ascensor, sino también, al capuchino de vainilla. Luna sonrió al recordarlo, esa sensación de haber quedado atrapados en ese pequeño espacio había sido el punto de partida de todo y no podía evitar que le causara algo de risa. —Sí, no es algo que pase todos los días. ¿Quién hubiera imaginado que un ascensor podría cambiar tanto las cosas? —respondió, con un brillo en los ojos. Pasaron horas conversando sobre temas variados, desde anécdotas de la vida cotidiana hasta sus gustos y pasatiempos, a Luna le sorprendió lo fácil que era hablar con él, cómo sus risas parecían surgir de forma natural, y cómo el tiempo volaba sin que ninguno de los dos se diera cuenta. La sensación de incertidumbre se desvaneció poco a poco, dejando solo una sensación de calidez y comodidad. Cuando finalmente se dieron cuenta de que ya era tarde, ambos se levantaron para irse. Ángel la acompañó hasta la puerta del café. —¡Gracias por estar aquí Campeona!. No sabes lo mucho que me alegra que hayas venido. —dijo, su tono sincero. Luna sonrió, sintiendo una mezcla de gratitud y una pequeña chispa de algo más. —¡Gracias a ti por el reto!. Fue una tarde bastante agradable. —respondió, mientras sentía cómo su corazón latía un poco más rápido de lo normal. Ambos se miraron durante un momento, y Luna sintió una extraña sensación, como si fuera el final de un capítulo y el comienzo de otro. Había algo en ese intercambio que le decía que lo vería de nuevo y aunque las dudas aún permanecían, por primera vez en mucho tiempo se sintió lista para enfrentarlas. —Hasta pronto, Luna. —dijo Ángel, dándole una ligera sonrisa. —Hasta pronto, Ángel. —respondió ella, con un suspiro de satisfacción mientras se alejaba. Al salir del café, con el aire fresco de la noche acariciando su rostro, Luna no pudo evitar sonreír para sí misma y Aunque no sabía exactamente qué deparaba el futuro, algo dentro de ella sentía que de alguna manera, ese encuentro había cambiado algo importante y tal vez, solo tal vez, el destino había comenzado a escribir su historia.
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