Capitulo 13: La incertidumbre del Destino

1180 Palabras
Los días que siguieron a ese inesperado encuentro en el ascensor transcurrieron con una rapidez engañosa. El tiempo avanzaba sin pausa, como lo hace siempre, pero para Luna, cada minuto parecía estar envuelto en una especie de niebla emocional. No podía dejar de pensar en él, en su mirada, en su sonrisa, en la serenidad con la que había pronunciado aquellas palabras que se repetían sin cesar en su mente: “Nos veremos pronto.” Había algo en Ángel que escapaba a cualquier intento de definición: una chispa en su mirada, una calidez en su voz que la había envuelto sin previo aviso. Aquel instante fugaz —atrapados en un espacio reducido, en medio de una falla técnica— no debería haber significado nada y sin embargo, algo dentro de ella se había encendido. Una pequeña llama, sutil pero constante, que se negaba a apagarse incluso con el paso de los días. Luna no entendía exactamente qué era, pero esa chispa se transformó en una luz tenue que oscilaba entre la duda y la esperanza, una especie de resplandor que aunque débil, persistía en su interior. Al principio, intentó convencer a su lógica de que solo había sido una coincidencia, un incidente aislado, un mal funcionamiento del ascensor que había obligado a dos desconocidos a compartir unos minutos incómodos, Nada más. Sin embargo, las palabras de Ángel no eran tan fáciles de dejar atrás. Habían sido pronunciadas con una seguridad casi perturbadora, como si supiera con certeza que el destino aún tenía algo más preparado para ambos. Una mañana como tantas otras, Luna llegó temprano a la oficina. Valoraba esos momentos de silencio previo a la jornada laboral. El aire era más ligero, el bullicio aún no invadía los pasillos y podía concentrarse con mayor facilidad o al menos, solía poder. Ese día, la luz dorada del amanecer se colaba por las persianas como una promesa silenciosa, pero en su interior algo estaba distinto. Una inquietud la acompañaba desde que se despertó, una sensación casi imperceptible, pero presente, se acomodó frente a su escritorio con su taza de café humeante entre las manos. Los correos sin leer y los pendientes del día la esperaban con la misma paciencia de siempre, pero su atención estaba en otro lugar. Por más que lo intentaba, sus pensamientos volvían a él, como si su mente se negara a cerrar aquel capítulo que ni siquiera había empezado formalmente. ¿Qué tenía Ángel que la descolocaba así? . Él no era un hombre particularmente llamativo,agradable, sí...con una sonrisa franca y una manera de hablar que inspiraba confianza, pero no era solo eso. Era algo más profundo, algo que se escapaba de lo superficial. Su presencia le había generado una especie de sacudida interior, como si un engranaje olvidado se hubiera puesto en marcha tras mucho tiempo en silencio. Intentó racionalizar la situación, incluso se reprendió por lo que consideraba un exceso de sensibilidad. "¿Desde cuándo una mirada bastaba para desordenar tanto sus emociones?" Se obligó a volver al trabajo, a llenar el espacio con tareas pendientes, pero el pensamiento de aquel encuentro volvía, como un eco insistente. A la hora del almuerzo, decidió salir a caminar. El aire libre le hacía bien, o al menos eso esperaba. Se dirigió al parque cercano, sin rumbo fijo. Caminaba sin prisa, con los ojos distraídos y la mente vagando por lugares inciertos. El sol brillaba con intensidad, los árboles proyectaban sombras agradables y a su alrededor la ciudad seguía su curso. Sin embargo, ella se sentía ligeramente desconectada, como si caminara en paralelo a todo eso. No estaba buscando a Ángel, se repetía, !Claro que no!. Pero había una parte de ella —silenciosa, tímida, obstinada— que deseaba encontrarlo, o mejor dicho, que deseaba que el destino volviera a hacer de las suyas y los reuniera, así como lo hizo la primera vez. "¿Por qué algunas personas irrumpen en nuestras vidas sin previo aviso y dejan esa sensación de haber cambiado algo esencial?" Luna no podía dejar de preguntárselo "¿Y si él también pensaba en ese momento compartido? ¿Y si para él, también había significado algo más que solo una anécdota?". Era absurdo pensar en ello, pero no podía evitarlo y lo peor era que no tenía ninguna forma de encontrarlo. No habían intercambiado sus teléfonos ni siquiera r************* . Solo tenía ese breve recuerdo y la vaga posibilidad de volver a coincidir en ese pasillo del edificio si es que los horarios lo hicieran posible ya que ella, no era de quedarse hasta tan tarde en el trabajo. La idea de no volver a verlo la inquietaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Al regresar a la oficina, todo parecía seguir igual en el Hall del edificio: personas entrando y saliendo, teléfonos sonando,empujones sin intención y la máquina de café funcionando sin descanso. Se dirigió hacia los ascensores con la intención de dejar atrás sus pensamientos, pero justo cuando se unía a la fila de personas esperando, una voz familiar emergió del murmullo del ambiente y le hizo detenerse. —¿Te gustaría retarme por el título de campeona de mantas? El corazón de Luna dio un brinco. Giró lentamente, sin querer ilusionarse demasiado, y allí estaba él. Ángel... De pie, a pocos pasos, con esa sonrisa cómplice que ella había guardado en su memoria con tanto cuidado. Su mirada era la misma, cálida y clara, como si no hubiera pasado ni un segundo desde aquel primer encuentro. El mundo pareció detenerse por un instante, a su alrededor, las voces y el movimiento se volvieron un murmullo lejano y todo se reducía a esa escena: él, su presencia tranquila, y ella, enfrentando de nuevo ese torbellino de emociones que creía haber controlado. Una ola de calidez la envolvió como si de pronto, todo tuviera sentido, tal vez pensó, no había sido solo una coincidencia y como él dijo quizás, estaban destinados a volver a encontrarse. El corazón le latía con fuerza, pero esta vez no era solo confusión lo que sentía. Había también una certeza naciente, una intuición que le susurraba que ese reencuentro era más que una casualidad. Luna sonrió y en esa sonrisa había una mezcla de alivio, emoción y algo parecido al coraje. —Acepto el reto, Ángel —dijo, con una chispa divertida en la voz— Aunque, no te prometo que no haré trampas para quedarme con el título. Él rió, y su risa tenía esa misma naturalidad que la había conquistado desde el principio. Era como si el tiempo no importara, como si todo hubiera estado esperándolos para coincidir de nuevo En medio del bullicio cotidiano, en ese pequeño instante suspendido en el tiempo. Luna sintió que había dado un paso, Pequeño, sí, pero profundamente significativo. No sabía lo que vendría después, no podía anticipar si aquello sería el comienzo de algo nuevo o solo otro momento fugaz pero, por primera vez en mucho tiempo se sentía dispuesta a descubrirlo. Y quizás, solo quizás, el destino sabía exactamente lo que estaba haciendo.
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