ALESSANDRO La guerra no es ruidosa todo el tiempo, a veces la guerra es un silencio tenso, interrumpido por el sonido de teléfonos satelitales y el clic de armas siendo cargadas. Han pasado tres días desde que el carguero partió con Marco hacia Brasil y desde que enterré a Bianca en una tumba sin nombre, tres días desde que Giuseppe Conti su padre, juró borrar mi apellido de la faz de la tierra. Villa Moretti es ahora un búnker, las ventanas están cubiertas con placas de acero, los jardines están minados de sensores de movimiento y hombres armados con visión nocturna. No me importa, pueden sitiarme diez años si quieren, tengo comida, tengo armas y tengo lo único que me importa bajo este techo. Estoy en el despacho revisando los informes de bajas con Enzo. - Hemos perdido dos alma

