ALESSANDRO El sol está en su máximo convirtiendo el desierto de Sinaloa en un horno de luz blanca, el aire acondicionado de la camioneta blindada trabaja al máximo, pero el sudor frío me baja por la espalda. Vamos en convoy cuatro camionetas del cártel de El Alacrán y dos helicópteros negros que barren el terreno desde el aire como aves de rapiña. - Señor Moretti —dice el operador de radio del asiento delantero—. El piloto del Halcón 1 tiene visual una columna de polvo al este, cerca del cauce seco del río. Dos vehículos, una camioneta y un Jeep de escolta, se mueven rápido hacia la pista clandestina del Valle de la Muerte. - ¿Están solos? —pregunto, revisando el cargador de mi rifle de asalto por enésima vez. - Parece que sí, los rusos no han aterrizado todavía y tenem

