Acuerdo privado

1748 Palabras
Arianna —Espero que me pagues extra por rebotar a tus prospectos, porque esta no lo tomó para nada bien —. Le dije sentándome a su lado, luego de rechazar a su primera cita —. Se ha ido hecha una furia. —Alissa, fue una pérdida de tiempo —. Me dirigió una mirada desarmaste, que me hizo sentir la única mujer en el mundo—. Era una ego maníaca. Comprenderás que no es algo que me convenga —. Asentí, admitiendo mi error, no iba a decirle que no conocía a mi candidata de nada. Que solo la use para cobrar el bono y poder largarme de la casa de mi ex —. Yo no me preocuparía tanto por ella, con ese vestido recibirá al menos dos propuestas de matrimonio de camino a casa. Además, pude ver que tampoco te gustaba demasiado. —Es cierto, me parece bellísima, aunque sentí que se esforzaba demasiado —. Deslizó su mirada desde mis ojos, hasta mis labios, sin decir nada. Así que, me arrellane en el asiento del reservado, encogiéndome. Se sentía como si supiese exactamente lo que estaba pensando. Lo vi señalar al camarero, que en unos segundos se acercó con una botella de champaña. Nos sirvió dos copas, asintió levemente con la cabeza y luego se alejó. Mi comportamiento, me avergonzaba. Incluso Aquiles, había percibido lo celosa que estaba. Debía comportarme como una profesional, no podía volver a ocurrir. —¿Qué tal fue tu día preguntó? —Observándome con impertinencia sobre la copa y cerrando el tema de su cita fallida. —¿Te refieres a mi día, luego de que me dejases completamente aturdida en el ascensor? —Tomé el champán de dos largos sorbos, devolviéndole la mirada. Los tendones de sus brazos se marcaban con cada gesto y continuaba con sus ojos clavados en los míos. Permanecimos en silencio, sintiendo como la energía fluía entre nosotros. Él mantenía una expresión recelosa que me hizo experimentar el golpeteo de algo pesado en mi estómago. —Realmente lo lamento —. Su voz era ronca y tuve que tomar aire a grandes bocanadas, aunque no lo logré. Por lo que mi cabeza comenzó a dar vueltas —. No pude evitarlo, luché contra el impulso desde que entré en tu oficina. —¿Por qué? —Pregunté sin pensarlo y desee poder culpar al alcohol por ello, aunque no era así. Me moría por saber si también percibía la energía que crepitaba cada vez que estábamos juntos. Aquiles se inclinó ligeramente y colocó una mano sobre mi muslo: —No quieres saber la verdad —murmuró, acariciando el lóbulo de mi oreja con sus labios. Se me aceleró la respiración y el deseo, caldeo mis terminaciones nerviosas, enviando pulsaciones directamente hacia el interior de mis muslos. —Sí… Sí que quiero —. Repuse, entre temblores, al sentir su mano bajando lentamente. —Desde que te vi entrar con este vestido rojo por la puerta, supe que la rubia que iba contigo, no tendría la menor posibilidad —. Masculló con los dientes apretados. Antes de que sus labios se posaron en la curva de mi cuello, provocándome un estremecimiento —. Me siento muy atraído por ti y no quiero. Intento resistirme a la idea de cuánto deseo follarte, pero me es imposible, Arianna —. Respiró contra mi cuello, gimiendo. Fue un resuello fiero, animal y erótico —. Necesito que me detengas. Dime que me aleje en este instante —. Su mano en mi muslo continuaba marcando un ritmo lento y obvio. Abajo y arriba… Cada vez un poco más arriba. Súbitamente, perdí la capacidad de respirar. —¿Qué pasa si no quiero que te detengas? —Jadee y él gruñó de una manera dolorosamente excitante. —No es buena idea, Arianna… —Cerré los ojos con un suspiro trémulo, abrumada por la sensación de su aliento, acariciando mi cuello, y la palma masculina subiendo con cautela. Dándome tiempo para echarme hacia atrás. No lo hice porque la fuerte presión que había comenzado a pulsar en mi interior, me obligó a abrir ligeramente las piernas —. Por favor, dime que me aleje. No soy tan fuerte como para reprimirme lo suficiente para no saltar sobre ti en cualquier instante. Para no desear hundir mis dedos en tu empapado interior. Me sujeté de su brazo que se sentía rígido —. Decía que no era tan fuerte, aunque aun así, se estaba reprimiendo y eso me molestaba. Quería que me desease tanto que perdiese la cabeza, al igual que me ocurría —. Que hiciese eso o cualquier otra cosa, sería un error. Sentí que el alma se me iba a los pies, decepcionada de que pudiese controlarse, a pesar de ver el esfuerzo que realizaba para ello. —¿Por qué? —Mi voz sonó áspera y rota. Él me volvía débil, líquida, temblorosa. —Si lo detenemos ahora, no se convertirá en un problema —. Su pulgar trazo sobre mi vestido el contorno de mi ropa interior y comenzó a tirar despacio de la falda… Sí, por favor, sí —. Pronto la atracción que sentimos se detendrá. Desee poder lanzar una carcajada, la atracción era más de la que cualquiera podría manejar. De haber sentido algo así con Marcos, probablemente, lo recordaría. Esto era nuevo, arrollador. —¿Realmente crees eso? —No. Quiero besarte, tocarte. Cada segundo que estoy cerca de ti, me parece imposible contenerme. Desde que entraste a mi oficina, para tu entrevista, no he pensado en otra cosa que en tomarte encada rincón de mi despacho. No puedo confiar en mí, por eso cuento contigo. Necesito que seas la sensata en todo este embrollo, hasta que las cosas se enfríen —. Si pensaba que yo lograría conectar una sola neurona, mientras me tocaba de esa manera, estaba completamente loco. Ni siquiera podía considerar la idea de decirle que no. Quizás intentaba excitarme con esa pose de hombre contrariado, hasta que me convirtiese en un guiñapo. Si así era, lo estaba consiguiendo con creces. Cada toque sobre mi piel sudorosa y húmeda, me empujaba un poco más sobre el límite. —No comprendo, si no quieres que ocurra nada, ¿Por qué me estás tocando? ¿Por qué me besaste? —Se incorporó lentamente, separándose y me arrepentí de haber hablado. —Arianna —suspiró —. Hace más de siete años que no tengo sexo, hace más de siete años que no besaba a nadie. Y en esos siete años, nunca nadie me había puesto a prueba como lo haces tú. Esto es nuevo para mí y no tengo idea de cómo manejarlo. Estaba perpleja, ¿siete años? Parpadee incapaz de comprenderlo, cómo alguien era capaz de estar siete años sin echarse un polvo. Y sobre todo, como alguien como él, resistió siete años, los avances de las mujeres que querían seducirlo. —¿Has hecho un voto de castidad? —Negó con la cabeza—. Entonces, ¿tienes alguna enfermedad de transmisión s****l? Sonrió, llevándose la copa a la boca. —Estoy muy limpio, durante estos años me he realizado exámenes de rutina muchas veces —. Me mordí el labio, sintiéndolos mojado e hinchado por la anticipación —. Es solo que no puedo ofrecerte amor. Te quiero para mí, pero no de la manera que esperas. No puedo salir con alguien, porque no puedo enamorarme y espero que lo entiendas. Solo quiero que sepas que una vez lo intenté, pero fallé. Las consecuencias de fallar, pueden ser desastrosas —. Sacudió la cabeza, inspirando pesadamente —. No quiero volver a lastimar a alguien de ese modo. No podría soportar la culpa. —Tiene que ver con los rumores, ¿verdad? —Se echó hacia atrás con una expresión de sorpresa y luego movió la cabeza afirmativamente —. Ella murió, ¿cierto…? —Fue mi culpa, la lastimé demasiado. Ella no debió amarme, como tú tampoco deberías hacerlo. —No quiero enamorarme —. Me apresuré a decir —. Creo que esto no debería ser tan categórico —. Sus ojos se pasearon lentamente por mi cintura, mis pechos, el cuello hasta llegar a mis ojos —. Que tengamos una aventura, no significa que necesariamente existan sentimientos. ¿Estaba realmente segura de lo que decía o simplemente lo deseaba tanto que no me importaban las consecuencias? —El amor es algo intrínseco a la naturaleza humana —señaló. —No en todos los casos, a veces solo se trata de química —. Dejé escapar un suspiro —. Nosotros tenemos química, mucha —. Me miró con el ceño fruncido, poco convencido —. Te entiendo, te gusto, quieres tener sexo conmigo, pero no quieres tener que cortejarme, ni tener miedo de lastimarme, porque podría correr el riesgo de enamorarme de ti… Tampoco quieres enamorarte. —Es justo eso. —No va a pasar, aún tengo sentimientos por Marcos, aún no hay espacio en mi corazón para alguien más. Estoy pasando por un divorcio horrible. Aunque, por otro lado, extraño tener relaciones… Podría ser simple y divertido, no es necesario que lo compliquemos—. Me pareció que no tenía idea de que significaba; simple y divertido. Por desgracia, tampoco lo sabía—. No somos amigos, no me debes nada. Además, sería muy consciente de las reglas, ambos los seriamos. Me gustas mucho y me han pasado demasiadas cosas malas en mi vida como para dejar pasar esto. Es la mejor oferta que he recibido en años. Lo pensó un instante, tomando el contenido de la copa de un trago. —¿Serías mi pareja para los medios? —Negué. —Aún no estoy divorciada, para ambos sería contraproducente —. Su gesto se volvió severo. Sin embargo, acaricio mi mandíbula con sus nudillos con dulzura. Parecía que estaba a punto de decir algo, por lo que lo detuve —. Se me ocurre que podríamos conseguirte a alguien dispuesta a fingir y luego, nosotros… —Me tomó por la muñeca y tiró de mí acercándome a él. Su pecho subía y bajaba, despacio. —Continuaríamos con nuestro acuerdo en privado —. Dijo y dejé escapar un suspiro en respuesta —. Un acuerdo privado —. Ronroneo, inclinándose y acariciando mis labios con los suyos. —Sí… Un acuerdo privado —. Repetí, jadeando contra su boca.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR