Capítulo 9

1018 Palabras
En el dia siguiente: _ Mamá, ¿por qué no te fuiste a dormir a la habitación, y qué sigue haciendo el tío Adam aquí? _ dice Jean, adormilada aún frotándose los ojos Cristina se despierta un poco aturdida: _ Hijo, no es lo que estás pensando. _ dice Cristina sonrojada, sobresaltada. Adam se ríe con ganas: _ Aún no tiene edad para pensar en estas cosas, no te preocupes _ dice riendo _ Jean, mamá y tío, solo durmieron así, porque tu mamá llegó muy fría, y como yo ya estaba calentita calenté a tu mamá . _ ¡Oh! Lo tengo, como lo hicimos anoche. _ Eso. Cristina no lo podía creer, ese hombre entendía a su hijo mejor que ella, se sentía avergonzada por lo que pensaba: _ Adán a que hora entras? _ Entro a las 9:00. _ Está bien, todavía son las 7:00, ¿quieres tomar un café aquí? _ Está bien, solo si puedo ayudar. _ No hace falta, lo menos que puedo hacer por ti... _ O ayudo, o no lo hago _ dice Adam interrumpiendo con una sonrisa. El corazón de Cristina se acelera con esa sonrisa, tenía una sonrisa muy hermosa, ella responde: _ Esta bien me rindo... acepto la ayuda Ambos van a la cocina, mientras Jean va a poner la mesa, para que puedan comer cuando el café esté listo. Mientras ella prepara el Nespresso en la cafetera, Adam prepara unas tortitas voladoras, ¿por qué voladora? Como es uno de los pocos que puede hacer un panqueque, volar y volver a caer en la sartén, Cristina piensa que es increíble y lo ve hacer los panqueques: _ Quieres probar _ dice Adam cuando la ve mirándolo. _ Oh no, no soy bueno con eso, no. _ ¿Hacemos una apuesta? _ ¡¿Una oferta?! _ Sí, si consigo que hagas una tortita en el aire, me concedes respuesta a tres de mis preguntas. Pero... Si no lo logro, limpiaré tu cocina y llevaré a Jean a la escuela por un mes. Cristina pensó, Adam dice sonriendo: _ ¿De que tienes miedo? Es más probable que yo pierda y tú ganes. _ Está bien. Ella se acerca y sostiene la sartén, él se acerca por detrás y la sostiene en su mano, ella se estremece pero contiene un segundo la respiración al sentirlo tan cerca, su corazón comienza a latir tan fuerte que tiene miedo de ser escuchada: _ Cuando digo tres haces el movimiento de voltear la tortita. _ dice Adam_ uno… dos… tres. Él va a hacer la mudanza con ella, solo que ella estaba tan nerviosa que no puede seguir el ritmo: _ ¡Esperar! _ dice Cristina. Demasiado tarde, el panqueque aterriza en la estufa y hace un gran desastre: Dije que no funcionaría. _ dice ella, molesta, pero también aliviada, mientras imaginaba las preguntas que le haría. _ Bueno perdí, voy a limpiar tu cocina, y vengo a buscar a Jean para llevarlo a la escuela, pero ¿no tienes curiosidad por saber las preguntas? _ No. _ Concédeme solo, respóndeme una, ¿porque me quedo con tu hijo? Por favor. _ Depende de la pregunta. _ Sé que no debo preguntar, y no quiero parecer un entrometido, pero ¿dónde está el padre de Jean? _ ¿Por qué quieres saber eso? _ Porque ayer, tenía muchas ganas de que fuera mi hijo, porque me sentía bien cuidándolo, cuando necesites que lo cuide, puedes llamarme, lo haré gratis. Te juro que ya no intentaré chantajearte para que respondas nada sobre Luna. _ Creo que todavía te necesitaré, toda esta semana, pero no quiero molestarte, debes ser una persona muy ocupada _ dice Cristina, tratando de librarse de la pregunta. _ No será ningún inconveniente, al contrario, será divertido tanto para mí como para él, así que también puedo intentar enseñarte a hacer tortitas voladoras. - dice sonriendo. Esa sonrisa la torturaba, quería besarlo, estaba totalmente enamorada, pero no lo hizo, tenía un hijo, aunque Jean le gustaba, le gustaría si ella supiera que era Luna, y tal vez si él lo supiera. era Luna; él la amaría solo por ser Luna, tenía miedo de la respuesta, miedo de salir lastimada. Desayunan y Adam se va para prepararse para el trabajo. Mientras tanto, en casa de Cristina: _ Mamá, el tío Adam es súper agradable, quiero un padre como él. _ No digas tonterías, le gusta otra persona. Cuando llegó el momento de llevarse a Jean, Cristina no creía que cumpliría la apuesta, y baja a llevar a su hijo a la escuela, cuando Adam salió del ascensor, en el edificio: _ ¿No dije que lo llevaría a la escuela? _ dice Adam con una cara seria. _ Tío dice Jean corriendo hacia los brazos de Adam, quien lo jala hacia su regazo y lo besa en la mejilla. _ Dijo, pero no hace falta que... _ Cumplo mis promesas, si pierdo tengo que cumplirlas. _ ¡Viva! Me vas a llevar a la escuela hoy, tío. _ dice Jean feliz _ Vamos, ¿quieres dar una vuelta en el coche? _ No es mejor ir a pie, tu coche... _ Se es muy llamativo, así que alquilé una mini van para este mes. _ Pero no tenía que hacerlo. _ Ibas a dejarlo montar en mi Lamborghini. _ No. _ Imaginé. _ Está bien, te acompaño. _ dice Cristina, asintiendo. Llevan a Jean a la escuela, cuando llega le da un abrazo a su mamá, y otro a Adam: _ Adiós, tío. _ Hasta luego, muchachito. Cuando el niño ingresa a la escuela: _ Ahora… si quieres puedes contestar la pregunta que te hice en la mañana? Sé que no respondiste por Jean, pero ahora no está aquí. _ Adam dice seriamente mirando a Cristina a los ojos. Esta se estremece con ese par de ojos verdes que en ese momento estaban en un tono amarillento y seria, ella suspira: _ Esta bien te respondo, pero vamos a mi casa a tomar un café, y te puedo contestar.
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