Capitulo 8

2896 Palabras
Al día siguiente, busca un apartamento para alquilar en el edificio donde ella vivía, porque así sería más fácil que se encontraran, y él la conocería de verdad, cuando Adam entra al edificio para ir a visitarla. un departamento, se encuentra con Cristina que iba a llevar a Jean a la escuela _ Buenos días, señorita... eh... _ Buenos días, Sr. Adam, ¿no recuerda mi nombre? _ como pudo pensar Cristina, él ni siquiera sabía de su existencia, solo le había hecho caso por su perfume. _ Perdón... _ Me llamo Cristina, este es mi hijo Jean. Él sonríe y saluda al pequeño Jean. _ Encantado de conocerte, pareces un pequeño muy inteligente. _ Es el primero de la clase, su materia favorita son las matemáticas. _ Es madre, a diferencia de ti que es terrible en matemáticas, pero le gusta escribir..._ dice Jean. _ ¡Jean! _ dice Cristina, interrumpiéndolo, antes de que pueda decir algo más. _ ¿¡Te gusta escribir señorita Cristina!? _ dice Adam sorprendido _ si lo necesitas, puedes ponerte en contacto, y haré los arreglos para que tus escritos sean publicados. Adam le entrega una tarjeta de contacto y Cristina la toma, pero responde: _ No importa, son solo poemas. Lo siento, pero tengo que ir a llevar a mi hijo a la escuela. Cristina se va, y en el camino regaña a su hijo: _ Jean porque dijiste eso _ Ah madre tía Lu, dijo que este chico, es un jefe allá en la editorial, donde publicarás tu libro, y también dijo que le gustas a este chico. _ Jean, él no sabe quien soy. _ ¿Qué? _ Estuve de incógnito en la editorial. _ ¿Por qué? _ Porque, mamá no está publicando el libro con su nombre, mamá está publicando el libro con el nombre de Luna. _ ¡Pero madre, tu nombre es tan hermoso! _ Hijo, pero si el libro no es bueno, mamá teme que sepan que lo escribió ella. _ ¿Pero y si es genial, nadie sabrá que fuiste tú quien lo escribió? _ Prefiero así, solo necesito el dinero, no necesito que nadie husmee en nuestras vidas. En ese momento llegaron a la escuela y Cristina tuvo que separarse de Jean. Cristina vuelve a su edificio, porque ese día trabajaría de noche, y no tenía otro trabajo diurno, al llegar se encuentra con un camión de mudanzas en la entrada, viendo quién estaba ayudando con la mudanza: _ ¡¿Señor Adam?! ... ¿Estás trabajando haciendo cambios en tu tiempo libre?... ¿Tu salario en la editorial no es suficiente? _ dice Cristina en broma. _ No, no estoy trabajando con el cambio, soy el que se está moviendo. _ ¡¿C-c-cómo?! _ dice Cristina, más sorprendida de lo que pretendía. _ Tenía un apartamento en alquiler en este edificio, y desde hace un tiempo quiero dejar la casa de mis padres, vi una gran oportunidad para eso. ¿Por qué? ¿Te importa? _ ¡No no no! _ dice torpemente y piensa que ahora sería más difícil ocultar su identidad como Luna, estaba pensando qué haría ahora, tendría que tener más cuidado. _ Entonces, ahora que seremos vecinos podemos ponernos de acuerdo para irnos, puedes llamar a tu esposo y a Luna, tal vez sea más fácil, que ella acepte una invitación mía, podrías ser nuestro cupido. _ Lo siento señor, no estoy casado, así que una cita doble no funcionaría. _ Te presento a mi amigo de ese día. ¿Conoces el pelirojojo? Esta interesado en ti. _ No me interesa. _¿Por qué? Eres como tu amiga Luna, no crees en el amor. _ Yo sé que todos, sois iguales, no valéis nada, solo queréis una noche para disfrutar, después de conseguir todo lo que queréis, os vais y nunca volvéis. _ ¿Es el caso del padre de Jean? _ No es de tu interés. _ dice Cristina bruscamente. _ ¿Por qué no? Acusas y condenas a todos los hombres por solamente uno que te hirió, soy diferente, si Luna me diera una oportunidad le mostraría que puedo hacerla feliz eres la única persona que conozco cerca de Luna por favor ayúdame. _ Adán dice _ ¿Cómo supiste que vivía aquí? _ olvidando que él podría estar detrás de Luna y no de ella. _ No lo sabía, anoche seguí a Luna hasta aquí. ¿Sabes cuál es su apartamento? _ Ella no vive aquí, ayer vino a traerme mi celular, que se me olvidó en el trabajo. _ responde Cristina, tratando de encontrar una excusa para que Luna esté allí, pero pronto se arrepiente. _ ¡¿Ella trabaja contigo en alguna parte?! _ dice esperanzado. _ Ya sé lo que estás tratando de hacer. No jugaré tu juego. _ dice Cristina con frialdad. _ ¿TU? y que estoy tratando de hacer? _ dice Adam, sonriendo con picardía, pero era una sonrisa tan hermosa y seductora que Cristina tuvo que contenerse para no desmayarse. _ Estás tratando de obtener información de mi amiga, pero no será tan fácil. En ese momento suena el teléfono de Cristina: _ Pues termina tu cambio me tengo que ir Entonces Cristina contesta el teléfono y se va. Adam termina de hacer su movimiento, Cristina se va a buscar a Jean y termina encontrándose con Adam en el camino: _ Buenas tardes, ¿vas a buscar a tu pequeño? _ Sí. _ ¿Quieres que te lleve allí? _ No necesita. _ Es que quería compañía, comer un dulce. _ Sí, pero... _ Y apuesto a que a tu hijo le gustan mucho los dulces, me recuerda a cuando yo era pequeño. _ Sí mucho, él ama dulces _ Entonces déjame comprar un caramelo, para él. _ Vale, pero caminemos, tu coche es muy llamativo. _ dice Cristina suspirando. _¿Conoces mi coche? _ Por supuesto, Luna me habló de él. Pero se acordó de su auto cuando salió a caminar como Luna, ella se despierta de sus pensamientos y él le responde: _ Todo bien. Los dos van a buscar a Jean, juntos. Cuando llegan a la escuela, Adam espera a Cristina afuera mientras ella entra a buscar a Jean. Al salir, recibe una llamada de Luciana: _Hola Cristina. _ estaba Luciana, del otro lado, se veía angustiada. _ ¿Qué sucedió? _ No podré quedarme con Jean, tengo que ir al hospital, porque mi padre tuvo un accidente, me voy a quedar con él. _ Vale, voy a hablar con Pepe, a ver si me deja llevar a Jean al restaurante. _¿Estás seguro? _ Ya lo tengo, no te preocupes, ve para allá. _ Al colgar el teléfono: _¿Quieres que me quede con Jean? _ No hace falta, voy a hablar con Pepe, y me lo voy a llevar. _ dice cristina angustiada _ Déjame quedarme con él, sales muy tarde, no es bueno para el niño, duermes muy tarde, puedes estar tranquila, yo lo cuidaré. Adán dijo con calma. _ ¿Qué tal Jean, te puedo hacer unos buenos ravioles? ¿Podemos ver una película y luego te pondré a dormir? _ ¡Oh! Mamá, déjame tener al tipo, parece agradable, así que voy a fingir que es mi papá falso. A Adam le pareció graciosa la idea, nunca había pensado en tener hijos, pero si los tenía, quería que fueran como ese chico, listo, inteligente, sensible, independiente, pero a Cristina no le gustaba, no sería bueno que Jean se encariñara con Adam, porque era peligroso, él descubriendo que era Luna y alejándose de ellos, entonces no solo ella sería la herida, sino también Jean: _ Mejor no y sabe qué, no iremos más a la panadería, muchas gracias Sr. Adam, pero no quiero ver a mi hijo aferrado a usted, y lastimado en el futuro. Porque los niños confunden las cosas con facilidad... _ dice Cristina con brusquedad. _ No te preocupes mamá, sé que es solo una broma, el tío Adam y yo solo seremos amigos, te prometo que no diré nada sobre la tía Luna. - dice el niño guiñando un ojo a su madre. Adam vio que el chico era más inteligente de lo que esperaba, su intención era la misma, saber de Luna, pero también quería divertirse y recordar su infancia con ese chico: _ Vete por favor, Cristina, te prometo que lo cuidaré bien. _ dice Adam haciendo cara de cachorro. _ Pareces un niño Adán, ok. _ Dice riéndose de la situación. _ ¡Vivir! _ dice Adam y Jean al mismo tiempo. _ Tío tengo un juego de baile del momento, mamá es una experta. _ No digas eso, exagerada _ dice Cristina. _ ¡¿Es verdad?! _ dice Adán mirando a Cristina con una sonrisa pícara. _ ¿vamos a la panadería? _ Está bien, ganaste. _ dice Cristina dándose por vencida. Fueron a la panadería, Luciana ya había ido al hospital, cuando llegan María los atiende personalmente: _ ¿Qué vas a querer, mi principito? _ María le dice cariñosamente a Jean. _ Tía María, voy a querer helado de chocolate, con almíbar, y torta. _ ¿Y tú, princesita? _ dice Adam en broma, sonriendo, a Cristina. Esa sonrisa era tan encantadora, ojalá le gustara y no una utopía, era increíblemente hermosa, y cuando sonreía, tenía un hoyuelo en la mejilla, tan encantadora, pero ese corazón no le pertenecía, y ella lo sabía,eso nunca le pertenecería. María dice: _ Ya la conozco, nunca había visto a alguien que le gustara tanto el tiramisú, prácticamente esta semana fue la única que comió este dulce, es tu favorito Adam se ríe como habla María, pero él conocía a alguien más a quien le gustaba el tiramisú, le recordó a Luna. María le pregunta a Adán: _ ¿Y tú qué quieres comer? _ Cannoli de chocolate. _ dice Adam, saliendo de sus pensamientos. María trae los dulces, Cristina le da el primer bocado, y estaba disfrutando su tiramisú, cuando: _ Se ve tan delicioso, dame un pedacito. _ le dice Adán a Cristina. _ Seguro. Coge un trozo con el tenedor y se lo mete en la boca: _ ¡Oh Madre! el tío comiendo de tu tenedor es como besarte. Por un segundo Cristina lo piensa, y recuerda el beso que intercambiaron en el parque, ella no tenía esa percepción que tenía Jean, pero era cierto, terminaron intercambiando saliva: _ Retírate para hacer como si me hubieras besado también. _ dice Adam burlonamente, recogiendo un trozo de Canolli con su tenedor y ofreciéndose a llevárselo a la boca. Adam se rió de lo que había dicho el chico, no lo había pensado de esa manera, pero ese chico era muy inteligente, por un momento recordó uno de los pasajes, de los libros de Luna, hasta parecía dejavu, cuando lo jalan fuera de sus pensamientos: _ Le voy a pedir a María otro trozo de tiramisú, para llevar _ Cool madre, así como después de los raviolis del tío. _ Está bien... si se lleva Ravioli a casa, no quiero que duermas fuera de la casa, ya que él quiere quedarse como tu niñera. _ Todo Bueno, preparo los Ravioli y se los llevo al pequeño Jean. Terminan su postre, toman un refresco, María empaca un trozo de tiramisú y otro dulce, como regalo para el pequeño Jean, cuando es hora de pagar: _ ¿Cuánto costaba María? _ pregunta Cristina. _ ¡No! déjame pagar, te invité. _ dice Adam, sacando el dinero de su billetera _ Eran 15 euros. _ Toma, ten, te puedes quedar con el cambio. _ Dice Adán pagando, con un billete de 20 euros antes de que Cristina tuviera tiempo de pensar. Se van a casa: _ Pues necesito que llegue, en el acto a las 7:30 de la noche, a las 2:00 de la mañana estaré aquí. ¿Estás seguro Adam? Todavía estoy a tiempo de conseguir una niñera si Pepe no deja que Jean me acompañe. _ Claro que sí, ¿no somos vecinos? ¿porque no puedo ayudarte?, mejor que pagarle a un extraño para que se quede con él, es mejor dejar que se quede conmigo, te lo prometo, no pasará nada. _ Pero también eres un extraño. _ Pero soy un extraño que vive unos pisos debajo de tu departamento, y no somos tan extraños el uno para el otro. _ ¿Y cuánto cobrará por el servicio de niñera? _ No voy a cobrar nada. Solo trata de conseguirme una cita con Luna, si es posible..., pero si no puedes, no hay problema, me gustaba tu hijo, divirtámonos juntos. Llega puntual, a las 19:29, con un plato de Ravioli en las manos, toca el timbre: _ Responde Jean mientras termino de arreglarme el cabello. _ dice Cristina. _ Está bien mamá Jean responde: _ Es el tío madre, trajo el Ravioli, creo que voy a cenar. _ Chico, tú solo piensas en comer _ dice Cristina. _ ¡AH! ¡Mama es! Tan fragante Adam se ríe de la escena: _ ¿Dónde puedo poner el Ravioli? _ Puedes dejarlo en la cocina, si necesitas el horno es eléctrico. _ dice Cristina saliendo del baño Adam toma el Ravioli, y ya los mete al horno mediano. _ Si necesitas ayuda… _ No te preocupes, yo sé manejar este tipo de horno, soy hombre, pero me va bien en una cocina. _ Pues tiene que acostarse hasta las 9:00 de la noche. No puedo hacer que se duerma antes de eso, y ya se duchó. _ Está bien, no hay necesidad de preocuparse. Cristina le da a Jean un beso en la mejilla y se da vuelta para irse: _ Oye, espera _ dice Adam. _ ¿Qué pasa, quieres rendirte? Ahora no hay más tiempo para conseguir una niñera... _ No, yo también quiero un beso _ dice señalándose la cara, sonriendo. _ No puedo creerlo. _ se ríe juguetonamente, sacudiendo la cabeza, lo besa en la mejilla y se pone a trabajar, el corazón le late con fuerza, el olor de su loción para después del afeitado ahora estaba en su rostro, era diabólicamente guapo, y encantador, aún más cuando sonreía, no sabía lo que le pasaba, hacía tanto que cerrara el corazón al amor, y ahora aparecía ese hombre, que estaba sacudiendo sus estructuras, haciendo un lío en su vida, aun sin su conocimiento. Los dos cenan, Jean se cepilla los dientes, se pone el pijama, y ​​los dos se sientan en el sofá con una manta, a ver dibujos animados, Cuando llega Cristina, Adam y Jean se han quedado dormidos abrazados. Se detuvo y los admiró a los dos por un minuto, y pensó que necesitaba encontrar un padre para el niño, porque extrañaba tener una figura masculina, tener una referencia, y también notó lo hermoso que era Adam con su cabello desordenado, incluso Parecía un ángel dormido, con su hijo en brazos, esos brazos que hasta ese momento, aún no había notado lo musculosos que eran, pero recordaba el abrazo que recibió de él, aún podía sentir el calor de esos brazos: _ Adam _ dice suavemente recogiendo a Jean en su regazo. _ ¡Hola! Perdón me quedé dormido_ dice Adam aún con un poco de sueño. _ No, no hay problema, voy a poner a Jean en la cama, si quieres quedarte aquí, puedo armar el sofá como cama. _ ¿No te importa que duerma aquí? Vivo unos pisos más abajo. _ dice Adam bostezando. _ Puedes quedarte en el sofá… solo tira de él, lo montaré rápido. _ No hace falta, el sofá es grande y cómodo, puedo dormir, tal como está. Cristina acuesta a Jean, y va a darse una ducha, sale vestida con su pijama muerta de frío: _ Ven aquí, te caliento, antes de irte a dormir, estás temblando de frío. _ No hace falta, voy a calentar una leche. _ dice tratando de evitar acercarse tanto a él. _ No necesitas calentarte, mientras te duchabas, te calenté un vaso de leche con canela. _ dice ofreciendo una taza, que estaba sobre la mesa. _ Gracias _ Cristina sonríe, tomando la taza, y sentándose en un sillón, a su lado, piensa cómo ese hombre puede ser tan perfecto, lástima que le gustaba otro, se acabó la leche: _ Aún tienes frío, ven aquí, debajo de la manta, te prometo que no te morderé _ dice sonriendo, en tono juguetón, abriendo la manta. _ No hace falta, me voy a dormir a mi cuarto. _ Deja de hacer el tonto, solo quiero calentarte, eres como una hermana, nunca te haría nada. Ella se resigna y va a sentarse en el sofá, debajo de la manta, él la abraza para calentarla, ella huele ese delicioso aroma a madera, esos brazos fuertes, el calor que emanaba de él, su corazón se acelera, él la abraza con intención. de calentarla, y los dos se quedan un rato abrazados bajo la manta, Cristina llega a imaginar cómo sería, si él se hubiera enamorado de ella y no de Luna, cómo sería si su corazón perteneciera a ella. a ella Cristina, y no a Luna. Ambos terminan durmiendo, calentitos en los brazos del otro.
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