-Ya lo hablamos. No. No quiero pelear. - Ciro hablaba al teléfono desde el balcón de su habitación, caminaba de un lado a otro con insistencia, mientras llevaba su mano libre a su cabello.
Había pensando que podría recomponer las cosas, la charla con su hijo lo habían llevado a pensar que a lo mejor no estaba todo perdido y por eso había decidido llamarla, pero al parecer para ella nada había cambiado y eso lo desesperaba.
-Está bien, Abril hace lo que quieras como siempre.- finalizó sin molestarse en oír la respuesta. Ella siempre quería tener la última palabra. La conocía, la conocía muy bien y como lo hacía le dolía tanto aquel final.
Sin poder evitarlo se dejó caer en una de las reposeras del balcón, el mar a lo lejos intentaba darle paz, pero sus ojos se cargaron de algo muy parecido al dolor.
Recordó lo que habían sido, lo que habían vivido, lo que habían compartido y luego recordó que alguien ya no estaba y eso dolió todavía más...
En una habitación cercana León se desperezó estirando sus brazos al ritmo de su suspiro. Había dormido poco, pero no quería seguir haciéndolo. El recuerdo de un abrazo demasiado intenso lo había acompañado durante toda la mañana y ahora que por fin estaba despierto solo deseaba repetirlo.
Se dio una ducha y pasó por los cuartos de los mellizos, para confirmar que roncaban plácidamente. Continuó su camino hacia afuera. Quería volver a verla, quería volver a hablar con ella y el deseo lo guió hasta su hotel, sin saber muy bien cómo continuar.
Y allí estaba parado, como un niño pequeño, sin atreverse a dar el paso, cuando un grito alocado lo devolvió a la realidad.
-Hi! My beautiful friend.- La voz de Laurel lo obligó a girar su cabeza justo cuando la silueta de Lola avanzaba por el lobby, lugar al que había estado mirando los últimos minutos.
León recibió el efusivo abrazo de aquella joven, lamentando el día en el que había accedido a sus caprichos. Laurel era un joven algo menor que él, que había tomado clases, pagadas por su adinerado padre y había insistido en conseguir algo más, para luego de obtenerlo, no darse por vencida, insinuando que podrían ser algo más.
Pero él no era de relaciones, no repetía, no sostenía lazos en el tiempo, le gustaba ser libre, sin ataduras.
Claro que eso había sido hasta que una hermosa joven de rizos oscuros había regresado a su vida.
Ahora las dos mujeres lo miraban y él estaba como un tonto sin poder manejar la situación.
-Las chicas duermen. Nos vemos en el show.- se limitó a decir Lola, al pasar por su lado y cuando él iba a detenerla, Laurel volvió a hablarle tirando de su brazo para llamar su atención.
León vio como Lola se alejaba e intentó ser lo más educado posible. No quería sonar arrogante pero necesitaba irse de allí cuanto antes.
Lola apresuró su paso sin saber qué rumbo debía tomar. Había pensado en él toda la noche, había imaginado diferentes desenlaces para su abrazo, lo había imaginado junto a ella con ese torso tatuado al desnudo. No quería hacerlo, pero seguía teniendo tantos sentimientos por él que su mente se había empeñado en mostrarle que todavía era posible.
Por eso aquella imagen había dolido tanto. Verlo capturado por esa joven de cabello dorado y cuerpo diminuto le había dolido como una daga en medio del estómago. ¿Qué había imaginado? ¿Acaso había pensado que él la había estado esperando? Si se habían encontrado de casualidad, como podía insinuar que él tenía algún tipo de sentimiento por ella.
La falta de sueño, el pasado, la nostalgia, eso lo había llevado a abrazarla, pero en realidad no la quería, ni siquiera había intentado volver a besarla, se recordó a sí misma con fastidio, mientras avanzaba por la playa apresurando el paso por la temperatura que tenía la arena.
Llegó a una zona de rocas y decidió sentarse. Necesitaba ordenar sus pensamientos, quedaban pocos días para la navidad y quería encontrar una buena excusa para alejarse de allí. Si bien le gustaba la idea de asistir al concierto, el regreso del pasado se estaba volviendo demasiado peligroso.
Cerró sus ojos mientras la brisa del mar depositaba sus ínfimas gotas sobre sus mejillas y al volver a abrirlos aquel rostro se mostró sonriente frente a ella.
-¡Qué rápido que caminas!- le dijo León recuperando su aliento justo cuando ella se hacía hacia atrás y casi resbalaba con la roca.
-¡Cuidado!- agregó tomando su mano para evitar su caída.
Entonces ella se soltó con fuerza.
-No necesito tu ayuda, andá con tu australiana, joven, rubia, esa sacada de película que se moría por abrazarte.- le arrojó arrepintiéndose en el mismo momento en el que él se rio como si le hubiera hecho un chiste.
-¿Se puede saber de que te reis?- le preguntó indignada y él se llevó su mano a la boca para intentar contener la risa.
-Perdón, es que .. no te recordaba tan celosa.- le dijo volviendo a emitir una risa que ella tomó como una ofensa y poniéndose de pie con prisa comenzó a alejarse.
-Espera, esperá, Lol.- le gritó y ella se detuvo para gritarle.
-No me llames así.-
León aprovechó que se había detenido para volver a alcanzarla y tomando su mano con determinación buscó sus ojos.
-No te entiendo, te juro que lo intento, pero no puedo. ¿de que te escapas?- le preguntó con seriedad y ella frunció sus labios abriendo grande sus ojos.
¿Acaso no era evidente? De él se escapaba, de lo mucho que podía sufrir a su lado, del recuerdo, del amor…
-No me escapo. Y la que no te entiendo soy yo, primero me besas, después me dejas, despues me abrazas, después abrazas a esa… a esa...- comenzó a decir con prisa, sin terminar de entenderse.
Entonces él ya no quiso esperar más, se acercó hasta presionar su cuerpo contra una de las rocas y se apoderó de su cuello para que no pudiera escapar.
Y sus labios volvieron a pertenecerle, y su aliento se fundió en un mismo aliento, mientras sus cuerpos vibraron con la desesperación de los amantes que saben lo que pueden alcanzar.
Con el rugido del mar como banda sonora, el beso escaló sin pausa y sus lenguas danzaron explorando cada rincón, elevando la temperatura, deseando cada vez más.
León presionaba su cuerpo mientras acariciaba su piel abriéndose camino a través de la ropa. La necesitaba, la necesitaba toda y ella lo supo de inmediato.
Como si fuera una muñeca se dejó mover a su antojo, mientras sus dedos intrépidos recorrieron esos tatuajes que casi había aprendido de memoria, presionando cada vez más, disfrutando de sus caricias, instándolo a continuar.
-Te haría el amor acá mismo, Lol, lo sabes.- susurró él a su oído, sin querer despegarse, sin querer que termine y ella acercó sus labios para besar su piel.
-Esto puede hacernos muy mal.- le confesó sin atreverse a abrir los ojos.
-Esto nos hace muy bien, sabemos que nos hace muy bien.- respondió él y antes de que la duda amenazara con separarlos, la tomó de la mano para abandonar la playa lo más rápido posible, con el único anhelo de hacer sus fantasias realidad