Las lágrimas dieron lugar a sonrisas y el silencio de la habitación del hospital se convirtió en efusivos besos de Milo para con Lola, quien fingía que le molestaban, cuando en realidad, los había extrañado demasiado. -No pienso dejar de darte besos, princesa, llevas muchos meses fuera y que nuestro reencuentro haya sido en este lugar solo me da la derecha para no detenerme.- le dijo con gesto gracioso. -Basta, pa.. En serio, vas a asfixiarme.- le dijo entre risas estirando sus brazos para apartarlo. -No me estarás cambiando por este jovencito ¿no?- le dijo observando a León, que se había quedado inmóvil frente a la imagen de aquella alegría que no podía terminar de saborear. Lola lo miró y el temor se tradujo sin interferencia. Estaba aterrado, como ella había imaginado. La suya no e

