Si alguien hubiera podido ver la grabación de aquel ascensor de seguro se hubiera quedado prendado de la pasión que había aumentado la temperatura en varios grados.
Lola se había cansado de pelear contra ella misma, lo deseaba, lo deseaba desde que podía recordarlo y si el destino se había encargado de volver a juntarlos no veía porque ella tenía que apartarlo, por eso se había aferrado a su cuerpo enredando sus piernas alrededor de su cintura para cruzar sus manos detrás de su cabeza y disfrutar una vez más de ese cabello sedoso, de esos labios inciendarios que no hacían más que alimentar su deseo, su desenfreno y sin importar donde estaban habían bajado unidos, golpeando las paredes a su paso, con la torpeza de los amantes absortos en el deseo.
León había logrado dar con la tarjeta para accionar la puerta y llevarla hasta la cama, por fin. Al mismo lugar en el que la había imaginado desde que había arribado. Tenerla allì, acostada con sus labios hinchados producto de sus propios besos, su pecho subiendo y bajando y sus ojos brillantes con esa provocación tan diferente a la inocencia de la que había sido dueño demasiados años atrás, lo llevaron a tomarse unos minutos más. Necesitaba observar, necesitaba saber que no se trataba de un sueño, que estaba allì, que lo volvía a aceptar, que lo seguía deseando tanto como él a ella.
-¿Seguis queriendo esto?- le preguntò ella recuperando ese rubor tan adorable en sus mejillas.
-Es que lo deseo tanto que tengo miedo que termine demasiado pronto.- le confesò acercándose de nuevo para volver a besar sus labios, esta vez mucho más lentamente, deleitándose, saboreando cada rincón y ella cerrò sus ojos de nuevo con una sola certeza en su mente. Con ella, la vida, podía terminar demasiado pronto, pero no quiso pensar en eso entonces.
Con el peso de su cuerpo sobre el propio, se contorneó como si fuera una serpiente, buscando la forma de excitarlo más y más, mientras su respiración se aceleraba y su pulso marcaba los latidos anticipados de su corazón con más frecuencia en un palpitar que también eligió ignorar. Con la penosa circunstancia de tener que abandonar sus labios, Leòn se deshizo de su ropa y la vista se volvió mucho más eclipsante.
-Siempre fuiste tan hermosa.- le dijo acariciando su pecho, con especial pausa sobre aquella linea larga surcada por pequeñas marcas de lo que habían sido demasiadas cirugías y sin querer que el miedo lo alcanzara, continuó el camino hacia su ombligo para saltearlo y llegar a la zona prohibida que lo ansiaba con ese palpitar húmedo y exquisito.
Entonces el incendio se desató para no poder controlarse, sus lenguas, sus besos, sus caricias, todo su cuerpo rendido ante el placer de volver a tenerse. Y ella se movió para capturarlo debajo, incluso con la diferencia de tamaño se sintió poderosa, guiandolo sin pausa para comenzar a cabalgar con movimientos lentos, mientras sus manos se aferraban a ese torso tatuado, presionando con sus uñas para contener el gozo creciente.
Y el ritmo aumentò mientras él tomaba sus caderas y las movía al compás de su propio deseo intentando prolongar el final que se avecinaba imparable, incontenible, porque verla desde abajo, con su cabello rebotando y sus ojos cerrados, con su labio inferior mordido por sus propios dientes, mientras su respiración empujaba a través de su nariz en un intento vano por ocultar sus gemidos que ahora sonaban como la mejor melodía que sus oídos podían esperar.
-No puedo más, sos demasiado hermosa.- le confesó justo cuando ella daba las estocadas finales para dejarse caer sobre aquel pecho saboreando las réplicas de un placer genuino, uno que se acompañaba de algo mucho mayor que el gozo: el amor.
-¿Por qué nos tardamos tanto en repetirlo?- preguntó él aun con sus ojos cerrados, mientras acariciaba su espalda desnuda, sintiendo sus pechos contra su propia piel.
Entonces Lola sonrió.
-No lo sé.- le respondió sin querer despegarse, ya que sabía que si lo hacía la realidad regresaría para arruinarlo todo.
A lo mejor se habían tardado mucho, pero eso no cambiaba el hecho de que aquello seguía siendo imposible.
-Podría quedarme así toda la vida.- le confesó abrazándola con más fuerza y ella volvió a sonreír.
-¿Vos no?- le preguntò al no oír respuesta y ella se moviò un poco para intentar buscar su mirada.
-¿Toda la vida?- repitió sabiendo muy bien que para ambos aquella medida era muy diferente.
-Toda la vida.- Repitió él ajeno a la tristeza que aquella frase producìa en ella, que se limitó a fingir una escueta sonrisa.
-No se te vaya a ocurrir huir ahora, Lol.- le dijo acunando sus mejillas entre sus palmas para insinuar que hablaba en serio y ella arrugò sus ojos como si no fuera capaz de responderle. Entonces èl volviò abrir grande sus ojos.
-Lol, en serio. ¿Que nos impide intentarlo?- le dijo incorporándose, obligandola a hacerlo también.
-No pensemos en eso ahora, por favor, dame tiempo.- le suplicó cerrando sus ojos para luego volver a abrazarlo y aunque èl no estuvo seguro de que aquello era una buena idea, tenerla aferrada a su cuerpo fue lo suficientemente hermoso como para que decidiera aceptar su tregua.
No terminaba de entender el motivo de su prudencia. Creyò que a lo mejor temía que el volviera a alejarse, que siguiera siendo el cobarde que había abandonado la carrera, el país, a su familia para lanzarse al mundo sin paracaídas.
No la culpaba, había sido un escurridizo rebelde sin causa, persiguiendo lo que creía era la herencia de su madre, alejándose de sus afectos para no volver a construir lazos, porque su pérdida dolía mucho, sin saber que su soledad había dolido mucho más, sobre todo en este momento en el que comprendía lo que se había perdido al huir.
Entonces quiso remediarlo, quiso demostrarle que el pasado no iba a repetirse, que la libertad que siempre había pregonado no tenía nada de bueno si lo alejaba de lo que le pasaba a su lado. Quiso demostrarle que era capaz de cambiarlo todo por hacerlo posible, que se mudaría donde ella dijera, que la seguiría al fin del mundo sosteniendo su cámara si era necesario, pero como no supo cómo comenzar a hablar dejó que su cuerpo lo hiciera y antes de que ella alzara sus barreras de nuevo, volvió a atacar su cuerpo con un deseo renovado por la necesidad de hacerle conocer su devoción, de hacerle saber que la quería, de hacerle el amor