-Pero miren quienes decidieron unirse a la reunión.- dijo Evens con esa alegría que no había abandonado desde que por fin había comenzado a poner en palabras lo que sentía.
Entonces Lola se soltó con prisa de la mano de León. Había deseado seguirlo con la misma intensidad que recordaba del pasado, había caminado velozmente incluso anticipando la forma en que anhelaba volver a contemplar su cuerpo, conocer sus nuevos tatuajes, recorrerlo, saborearlo. Deseaba volver a dejarse llevar, como solo con él lo había hecho. Con esa confianza ciega que solo él lograba transmitir. Volver a besarlo había sido hermoso, pero solo se había convertido en una pequeña porción de lo que sabía que podían alcanzar juntos.
Pero entonces habían llegado al hotel y todo el valor se había evaporado. La mirada de los otros siempre la había llevado a inhibirse, pero si esa mirada incluía al pasado, tan nítido, tan voraz, la cobardía ganaba la pulseada.
-Hola Liam, Ciro. ¡Que gusto verlos de nuevo!- dijo esquivando sus miradas, sin poder prescindir del efusivo abrazo que los dos insistieron en darle.
-Cuanto tiempo sin verte, princesa, si que estás grande.- dijo Liam y ella sonrió ocultando la emoción que había llegado a sus ojos. Que volvieran a llamarla así, traía demasiados recuerdos y temía por su golpeado corazón y su resistencia frente a tanta nostalgia.
-Creo que deje de ser princesa hace años.- dijo divertida alzando su mano para saludar al resto de los presentes.
-Para nosotros siempre vas a ser una princesita, muy valiente.- agregó Liam y oírlo hablar así, vestido como toda una estrella de rock se volvía tan paradójico como adorable.
-Vamos que voy a creer que los años por fin te alcanzaron.- le respondió divertida,
Liam siempre había sido el que mejor había envejecido, su vida rodeado de juventud, su pasión por la música y su necesario estado atlético para cantar tres horas seguidas le habían favorecido.
-Naaa, está tan viejo como yo.- dijo Ciro agregando alegría a la atmósfera que amenazaba con el recuerdo de una ausencia que ninguno de los presentes quería recordar.
-No, pa, vos pareces más viejo.- interrumpió Dante y todos estallaron en una carcajada que se robó el resto de la comida.
Era increíble como lo jóvenes tenían esa necesidad de rebelarse frente al pasado, de evitar la tristeza y llevarse por delante la nostalgia. La juventud inundaba con su ímpetu la estancia, volviendo las bromas más divertidas y las sonrisas más prolongadas.
Se trataba de un momento feliz, de un reencuentro, de una nueva generación queriendo sembrar lo que sus padres habían cosechado con años de amistad y buenos deseos.
Pero en medio de las risas y las bromas, dos pares de ojos no podían dejar de estudiarse, la pausa a la pasión desatada en la playa no había supuesto alivio, si no todo lo contrario. León no quería recordar, no quería regresar a una navidad en la mansión de José, a un encuentro íntimo que nunca debió ser el último. No quería volver a lamentarse por no haberla buscado, por haber seguido su camino, por abandonarlo todo como lo había hecho su madre, con todo el dolor que eso le había provocado a su padre. Pero sabía que no podía con eso, que el pasado era imposible de cambiar y que las decisiones siempre tienen consecuencias.
Sin embargo, no poder cambiar el pasado no tenía nada que ver con el presente y él ahora tenía muy claro lo que deseaba para su presente.
Por eso no dejaba de mirarla, de enviar misiles con sus ojos, de volver cualquier cosa que no fuera ella, ignorable. Porque estaba dispuesto a no dejarla escapar, a no repetir un pretérito que había sido increíble por unos minutos para volverse doloroso después.
Por su parte ella, sentía su mirada y solo podía viajar al pasado. Aunque deseara justamente lo contrario, una antigua navidad feliz, la había alcanzado.
Una en la que el mundo se había divertido ruidoso y alegre afuera mientras ella se había entregado al primer placer real de su vida. Las anécdotas de Liam y Ciro capturaban la atención de los jóvenes mientras su mente había comenzado a viajar a un tatuaje perfecto, a un torso desnudo que sus ojos habían estudiado de memoria, a sus dedos recorriendo la piel suave de un León extasiado de ojos pletóricos y boca exquisita.
Uno que había tomado su vestido como si le estorbara sin molestarse en bajar el cierre, que se había agachado frente a ella para besar su abdomen y luego había demostrado pericia y destreza quirúrgica para hacerla vibrar.
Lola cerró sus ojos y la sensación regresó como si volviera a tener 18 años. Sus besos, sus manos, sus susurros al oído narrando las miles de formas en las que la encontraba perfecta. Su dulzura al alcanzar su cicatriz, su pausa para alzarla en brazos y llevarla hasta un sillón que jamás podría ver igual . La súplica en sus ojos por hacerlo bien y vaya si lo había hecho bien. No había un minuto de aquella primera vez que no recordara con felicidad. Los movimientos, la forma en la que la había guiado, la manera de acoplarse, el abrazo final.
El final.
En ese momento toda la lujuria que había alcanzado su mente se vio arrasada por el vendaval del recuerdo de la despedida y León pareció notarlo de inmediato.
-O encontras una excusa para irnos o salto arriba de la mesa para sacarte de aquí.- El mensaje llegó certero al teléfono de Lola quien abrió grande los ojos y emitió una risa involuntaria que llamó la atención de los presentes.
-Perdón, tengo que atender esto.- dijo cerrando sus ojos con fuerza para intentar obviar el hecho de que sus mejillas se habían vuelto rojo furioso.
-Andá tranquila, te esperamos en la prueba de sonido si queres.- dijo Ciro saboreando un croissant con pleitesía.
-Dale.- pudo responder Lola mientras caminaba con toda prisa sin saber muy bien en qué dirección debía huir.
Entonces llegó al lobby repleto de personas y miró en todas las direcciones, ¿que estaba haciendo? ¿Qué buscaba con aquella tregua? ¿Porque se había dejado vencer cuando en verdad debía huir para no regresar?, pensaba abrumada moviendo sus dedos con nerviosismo cuando alguien tiró de ella para introducirla en el ascensor y cerrar las puertas a su paso.
-Ya no nos quedan excusas, Lol. Los dos queremos lo mismo.- le dijo León y sin esperar respuesta volvió a tomar los labios de los que nunca se debería haber separado