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1155 Palabras
-Entonces.. Entendí todo mal.- dijo Clara con los ojos borrosos a causa de las lágrimas de vergüenza que los habían alcanzado. Había tomado valor, se había levantado pasado el mediodía y al ver que su hermana deseaba seguir durmiendo había ido hasta el Ritz. Lo había visto a Evens desayunando en la terraza y no lo había dudado. Se había acercado con su habitual histrionismo dándole un corto beso a Dante, quien desayunaba a su lado y luego había acercado una silla a él para comenzar a charlar, con esa coquetería que tantas veces había visto en las películas. Evens reía de sus chistes, incluso había sentido que su pierna la había rozado un par de veces debajo de la mesa y su ilusión se había acrecentado como lo hace una masa a la que se le añade levadura. -Me contaron de unas cuevas aquí cerca ¿te gustaría ir conmigo?- le había preguntado justo cuando Dante había emitido una ligera risa que se había robado su atención. ¿Quién se creía aquel jovencito como para burlarse de ella?. En sus recuerdos, Dante siempre había sido el molesto hermanito menor, el que se había colado en su juegos para luego llamar a su madre al rescate, el que siempre estaba detrás cuando ella volteaba, un entrometido como en ese momento en el que ella hubiera dado todo por estar a solas con Evens. El pequeño Dante parecía no estar dispuesto a moverse. -¿Se puede saber de qué te reís?- le había preguntado indignada y Evens había querido enmendar las cosas antes de que algún malentendido le costara la amistad de los dos. -No es nada, Clara, veni, vamos a ver esas cuevas.- le había dicho y ella se había olvidado de todo para acompañarlo. Incluso de la extraña mueca que había visto en el rostro de Dante, detrás de su cabello lacio cubriéndo casi todo su rostro. ¿Quien se creía para arruinar su momento?, llevaba años deseando aquel encuentro y no iba a permitir que un adolescente se lo arruinara, pensó caminando cerca de Evens en dirección a la salida. Una vez que habían alcanzado la calle, ella se había acercado para entrelazar sus brazos, pero entonces él había tomado su mano con ternura para luego apartarla y buscar sus ojos. -Mira Claru, prefiero decírtelo de una vez porque creo que estas malinterpretando las cosas.- le dijo con una seriedad que nunca antes le había visto y ella se soltó con prisa en señal de alerta. No quería hacer el ridículo, a lo mejor él tenía novia o ella nunca le había gustado y no quería quedar como una tonta. -Está bien, entiendo, no te gusto, perdon yo,, creo que entendí todo mal, perdon..- comenzó a decirle mientras daba pasos hacia atrás, pero Evens volvió a tomar su mano para acercarla y ella pareció recuperar algo de esperanza. -Sos una jovencita hermosa Claru.- volvió a decir y ella abrió sus ojos mientras sonreía. -Pero a mi no me gustan las jovencitas, ni hermosas ni no hermosas. Pensé que lo sabías, soy gay.- le dijo arrugando sus labios como si le hubiera lanzado un dardo en medio del pecho y ella lo miró sorprendida. -Entonces... Entendí todo mal.- dijo Clara con los ojos borrosos a causa de las lágrimas de vergüenza que los habían alcanzado. -No llores, por favor.- Le pidió Evens alzando su mano para secar sus mejillas y ella sorbió su nariz para luego intentar ordenar sus ideas. -Perdon, yo no sabía, qué tonta me siento.- le dijo con sinceridad y él sonrió de nuevo. -No sos ninguna tonta, tampoco es que lo ande gritando a los cuatro vientos. Verás, el mundo se hace el progresivo pero no lo es tanto y siendo mi papa una figura tan pública prefiero mantenerlo en privado. No es que me avergüence ni mucho menos, pero yo lo prefiero así, al menos por ahora, será hasta que conozca a esa persona que me haga querer gritarlo a los cuatro vientos, como hizo mi papá con mi mamá alguna vez.- le dijo recordando el video de su padre ofreciéndole una serenata a su madre, ese que había visto mil veces y amaba ver para no olvidar. -Yo.. Lo siento, Evens, en verdad me comporté como una tonta. Gracias por decirmelo, y creo que deberías decírselo al mundo, ¡que importa si no les gusta, si no son progres, si viven en la prehistoria? El amor es amor. A nadie debería importarle el quién, si no el como y creo que los dos tuvimos un como hermoso como ejemplo, tanto tus padres como los míos fueron increíbles juntos y creo que eso es lo que nos tiene que motivar a seguir nuestros sueños a creer que hay alguien allá afuera perfecto para nosotros, alguien que nos haga querer gritarlo a los cuatro vientos y que nos robe más sonrisas que lágrimas. Al menos yo elijo creer que lo hay.- le dijo recuperado esa sonrisa que la hacía lucir tan hermosa. -Sabia que esto no iba a cambiar las cosas, Claru, porque tu amistad en verdad me encanta.- le confesó cruzando su brazo sobre sus hombros para volver a guiarla hasta el hotel. -Ahora creo que entre los dos podemos hacer algo por nuestros hermanos, a ver si el mío al menos se da cuenta de que saltar de cama en cama esta bien por un tiempo, pero dejarse llevar puede ser mucho más increíble.- le dijo y Clara lo miró sin terminar de comprenderlo del todo. --No se lo que tramas pero estoy con vos.- le dijo justo cuando regresaban a la mesa y Dante los miraba anonadado. -¿Qué corto fue el paseo?- les dijo sin terminar de saber en donde estaban parados. Los veía alegres, pero aquel abrazo comenzaba a revolverle el estómago. Si Evens pensaba engañarla, él no sería un cómplice. -Duró lo que tenía que durar.- dijo Clara mirando a Evens con una sonrisa que cada vez se le hacía más confusa a Dante. -Poco.- dijo intentando encontrar la respuesta en los ojos de Evens quien continuaba sonriendo ajeno a la batería de preguntas que estaba sufriendo su mente. -Suficiente.- dijo ella divertida mientras tomaba un pan y comenzaba a untarlo con mantequilla. -Ahora.. Llegó la hora de trazar un plan, ¿estás con nosotros, chiquitin?- le preguntó mientras daba un mordisco y Dante abrió sus ojos con indignación. -Te recuerdo que solo soy unos meses menor que vos, pero bueno, a ver ¿De qué plan estamos hablando?- dijo y en ese momento Evens supo que no solo su hermano necesitaba ayuda para ver lo que tenía enfrente, la pequeña Clara también necesitaba un nuevo par de anteojos, porque a veces el amor se esconde a plena vista, evadiendo el conjuro de los necios que piensan con los prejuicios y preconceptos, olvidando que cuando es real, el resto deja de importar
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