CANTO XVI ¡Oh, nobleza de sangre con pobreza; que de ti se gloríe tanta gente en la tierra tan llena de flaqueza, ya no me maravilla ciertamente; que allá do el apetito se modera, en el cielo, llenaste tú mi mente! Bien sé que tú eres capa pasajera, que si no se remienda cada día la cercena del tiempo la tijera. Con el Vos, que era en Roma primacía, aunque no siempre fuera acostumbrado, recomencé con la palabra mía; y Beatriz, que se estaba a mi costado, reía como aquella que tosiera de Ginebra al galán enamorado. «Vos sois mi padre», así yo prosiguiera. «Vos prestáis a mi labio la energía; vos me eleváis a más sublime esfera. »Por tantos ríos corre la alegría, en mi mente, que goza en la leticia de poder contenerla el alma mía; »habladme, pues, oh vos, cara primicia

