CANTO XXX Tal vez, a seis mil millas de lejano, arde allá la hora sexta, y este mundo su sombra inclina, cuasi al lecho plano, cuando el centro del cielo más profundo comienza a ser, tal que una que otra estrella muestra en su fondo brillo moribundo; y a medida que avanza clara y bella, del sol la ancila, cierra el firmamento de luz en luz, a la que más destella; así el coro triunfal con su contento en torno al Punto, porque fuí vencido, y que incluído parece en su elemento, poco a poco en mis ojos fué extinguido; y así a tornarlos a Beatriz amada, movióme amor y estar enceguecido. Si cuanto fué en mis cantos, alabada, pudiese condensar, con más riqueza, poco sería para ser loada. Lo que yo vi supera en su belleza nuestro alcance, y aun vivo persuadido que sólo Dios s

