CANTO XXXIII Deus, venerunt gentes, alternando, de tres en cuatro, dulce salmodía, las mujeres cantaron, lagrimeando. Beatriz en tanto, suspirosa y pía, las escuchaba, el rostro demudado, más que al pie de la cruz el de María. Cuando hubieron las vírgenes callado, ella les respondió, puesta de pie, con rostro, como el fuego, colorado; Modicum, et non videbitis me, et iterum, ¡oh hermanas biendilectas! modicum, et vos videbitis me! Llamó a las siete vírgenes selectas, a la joven, al sabio, a mí y a Estacio, como almas que le fueran predilectas. Al comenzar a caminar, despacio, cuando su pie diez veces hubo impuesto, sus ojos me clavó por largo espacio; y con tranquilo aspecto: «Ven más presto», me dijo, «pues hablar quiero contigo, si a escucharme te encuentras bien di

