CANTO I De la gloria de Aquel que todo mueve lleno está el universo, donde esplende en una parte más y en otra leve. En el cielo, en que más su luz enciende, estuve, y cosas vi que relatarse no sabe o puede quien de allá desciende; porque nuestro intelecto, al acercarse a sus deseos, profundiza tanto, que la memoria atrás no puede alzarse. Pero, en verdad, cuanto del reino santo he guardado en mi mente cual tesoro, ora será materia de mi canto. ¡Oh, Apolo!, en mi postrer labor te imploro; que tu alta inspiración colme mi vaso, y acuérdame el laurel que más valoro. Me ha bastado una cima del Parnaso hasta el presente, y ahora dos te pido, para la justa que me queda al paso. ¡Penétreme el espíritu atrevido, con que a Marsyas el cuerpo ensangrentado sacaste, de su vaina

