Me quebré. Aitana dice que esto no nos va a quebrar. Por ahí a ella. Y tampoco creo que sea tan así. Pero yo sí me quiebro. Llegué a casa. Me detuve antes de entrar. Había estado llorando todo el camino y no quería que me hicieran una sola pregunta. Le mandé un mensaje a mamá avisándole que salía con las chicas. Y llamé a Rosario. Estaba ayudando a su mamá a preparar la comida. Atrás se escuchaba música, voces y ella que se iba alejando del ruido. —Ahora sí, ¿me pensás contar de León? Le pregunté si nos podíamos ver, que necesitaba hablar. Me invitó a su casa, cenábamos todos y después charlábamos. Le dije que no podía ir ahí, ni a mi casa. Que saliéramos un rato. Jamás le había dicho algo así. Era evidente que pasaba algo. Crisis. Se está. No queda otra. Al menos entre nosot

