—¿De verdad, estás dispuesta a hacer cualquier cosa para vengarte de Carson Carter? —preguntó Owen, luego de que Carson dejara la habitación, con la promesa de Lizzy de conseguirle una nueva cita de trabajo.
—¿Recuerdas cómo me encontraste el día que fuiste por mí al hospital? —respondió Lizzy con otra pregunta. Su vista estaba fija en la ventana, el cielo ya había perdido esos bellos tonos anaranjados, ahora lucía oscuro, tan oscuro como su vida.
Lizzy hizo un esfuerzo sobrehumano para no recordar los amargos momentos que vivió cuando despertó en el hospital. Se encontraba sola y las heridas no solo estaban en su cuerpo, sino también en su alma.
Hubo un momento en el que cuestionó las razones para seguir viva. El dolor de la traición de Carson era demasiado fuerte que realmente hubiera preferido morir al caer al agua. Sin embargo, alguien la había rescatado y le había dado una nueva oportunidad.
—Lo recuerdo —respondió Owen, interrumpiendo los pensamientos de Lizzy—. También recuerdo todo lo que pasaste para recuperarte. Cuando decidiste volver de Inglaterra, te apoyé, pero jamás imaginé que deseabas acercarte tanto a Carson Carter de nuevo. Creí que ibas a atacarlo desde los negocios.
Lizzy negó.
—No quiero solo arruinarle unos cuantos negocios y esta es la única manera, Owen, de lo contrario, no habrá posibilidades.
—¿Qué pasa si te descubre antes de que puedas hacer algo en su contra? —preguntó Owen, moviéndose por la habitación como un león enjaulado, mientras Silas permanecía en completo silencio en una esquina, casi sin respirar, pero apoyando las palabras de su jefe—. La cercanía entre ustedes puede convertirse en un arma de doble filo.
—No va a descubrirme —refutó muy segura de sí misma.
Owen se detuvo.
—¡No puedes estar tan segura! ¡No puedes confiarte de nuevo, Lizzy! —explotó, alborotando sus cabellos con la mano, un signo evidente de frustración.
Ella cerró los ojos, respiró profundo y decidió lanzarse a la yugular de Owen.
—¿Por qué hiciste una cita con Carson? No lo necesitas para transportar tus productos, los dos lo sabemos, Owen.
El hombre la miró fijamente, se pasó la mano por el rostro y suspiró.
—Carson no sabe que no lo necesito, ¿no te pidió que buscaras una nueva oportunidad? Tal vez, no sea tan brillante después de todo y necesite desesperadamente un cliente importante.
—Fui yo quien le ofreció buscar una oportunidad de volver a reunirse contigo, pero eso no responde mi pregunta. ¿Cuál es el motivo por el que lo buscaste sin decírmelo? —insistió. Se había sorprendido cuando se enteró de que la cita de Carson era justamente con Owen. Aunque todo había salido como lo planeó, aquel inconveniente del que no sabía nada le vino como anillo al dedo. Tenía a Carson justo donde lo necesitaba.
Ahora, Carson esperaba que ella le consiguiera una segunda oportunidad con Owen, hasta le había dado su número de teléfono y le había pedido el suyo para poder comunicarse. Él había caído en su trampa.
—Para conseguir su caída, te dije que iba a ayudarte, pero no pensé que tu intención era volver a relacionarte con él de manera tan… íntima —señaló Owen, mostrando su descontento.
Lizzy se lamió el labio.
—Haré todo lo que tenga que hacer, Owen. Como cliente, no lograrás llegar muy lejos. Tal vez a su oficina o a la sala de juntas, pero jamás tendrás acceso a nada más —dijo, mirando a Silas, esperando que su guardaespaldas interviniera a su favor, pero él continuó en silencio.
—Entonces, ¿pretendes meterte a su cama? —cuestionó molesto el magnate. La molestia era evidente y no se molestó en esconderla. Odiaba la simple idea de tener a Carson cerca de Lizzy, que él tuviera una sola maldita oportunidad para volver a lastimarla.
No, no lo iba a permitir.
—Vive con Camila Jackson desde que desapareciste de su vida. Y muy probablemente tengan una relación más allá de la amistad, ¿qué es lo que pretendes, Lizzy? —le preguntó con seriedad—. ¿Acaso quieres convertirte en su amante?
Lizzy tembló, no se lo había planteado de esa manera, de hecho, quería estar cerca de Carson. Su principal pieza en su tablero de ajedrez era lograr meterse a la empresa y tal vez, volver a su casa para conseguir pruebas que expusieran el robo del que había sido víctima, pero ¿su amante? De verdad, ¿estaba dispuesta a convertirse en la amante de su marido?
—Perdone que me entrometa, señor Ford, pero la señorita necesita descansar, es una orden médica. Además, los dos están muy alterados y no es bueno sostener una conversación tan importante en ese estado y menos, en un lugar como este. No sabemos en qué momento, Carson puede volver —dijo, arriesgándose a ser reprendido por inmiscuirse en una conversación en la que no le habían pedido su opinión.
Sin embargo, conocía muy bien el temperamento de los dos. Ninguno iba a ceder, Lizzy tenía sus planes. Aunque no le gustaba en lo más mínimo la posibilidad de que ella volviera a los brazos de Carson Carter. Ese hombre no la merecía.
—Tienes razón —aceptó Owen, se obligó a respirar varias veces para recuperar la calma—. No podemos pelearnos antes de que todo esto empiece; sin embargo, puedes reconsiderar las cosas, Lizzy. Podemos aniquilarlo sin necesidad de que te le metas a la cocina.
—Dale una nueva oportunidad, Owen, de lo demás me haré cargo yo —respondió. Ella no estaba dispuesta a ceder. La atención de Carson ya la tenía, estaba segura de que lo demás llegaría por añadidura.
—Está bien, solo espero que esta vez seas mucho más inteligente, Felicity. Dudo mucho que, si ese hombre te descubre, te deje ir —le advirtió.
—Soy yo quien no tiene ningún interés en dejarlo ir, Owen, no sin antes hacerle pagar por todo el daño que me hizo —respondió con dureza, volviendo la atención al hombre.
Owen negó y salió de la habitación.
—Está enojado.
—Lo sé, pero no haré nada para contentarlo.
—Piensa mejor las cosas, Lizzy —le pidió Silas, acercándose a ella, tomando su mano.
Ella lo miró expectante.
—No me gustaría que volvieras con él y menos que te convirtieras en su amante. Recuerda que vive con Camila Jackson.
Lizzy apretó los dedos de Silas, la mandíbula se le tensó y sus ojos brillaron con peligro. Ese era un motivo adicional, tal vez iba a pagarle a su amiga con la misma moneda y se convertiría en la amante de Carson, solo para apartarla de su lado…
⤝♦⤞
—Estás loco, Carson.
—¿Por qué?
—¿De verdad crees que esa mujer va a conseguir que Owen Ford te dé una nueva cita? Es un hombre importante y malditamente ocupado. Dudo mucho que tenga el poder para hacerlo desistir. Ser su sobrina, no es garantía de nada.
—Es su única sobrina.
—Ni siquiera la conoces, no sabes nada de ella. No puedes ser tan confiado, Carson —le advirtió, sentándose en el sillón al lado del hombre.
Camila colocó la mano en la pierna de Carson.
—Sentí algo extraño cuando la vi, por un momento tuve la impresión de que era… —Camila se detuvo y se puso de pie. Se mordió el labio y se resistió a encontrarse con la mirada de Carson. Lo último que quería era discutir con él y siempre sucedía cada vez que Felicity era el tema de conversación.
—¿Te recordó a Felicity? —preguntó. Carson se levantó y tomó los hombros de Camila, obligándola a girarse—. Dime.
Ella asintió.
—Tuve la ligera impresión de que se parecía, pero había sangre en su rostro. Tal vez, solo vi mal, o… —respondió.
—De hecho —la interrumpió Carson—. Es idéntica a Felicity, como dos gotas de agua, excepto por algunos detalles —mencionó.
Camila abrió la boca y la cerró de golpe. Entonces no había visto mal y tampoco se estaba volviendo loca. Esa mujer sí se parecía a su amiga.
—Ella es…
—No. No se trata de Felicity. Ya te lo dije, se llama Lizzy y es sobrina de Owen. El parecido es una mera coincidencia.
—Tienes razón, no puede ser Felicity. Ella está muerta.
Carson se tensó.
—Aunque nunca se encontraron sus restos —agregó, viendo a Carson a los ojos—. ¿De verdad, confiarás en ella?
Carson se alejó y se mesó el cabello. Sus ojos brillaron de manera extraña.
—Tal vez deberías investigarla —habló Camila de nuevo—. Y si me permites un consejo, mantente alejado de ella, Carson, por lo menos hasta que tengas la seguridad de que sea quien dice ser.
—Ya estoy en eso, Camila. Gracias por tu preocupación —dijo. Carson se acercó de nuevo a ella, le acarició la mejilla y le dio un rápido beso en ella.
—Carson…
Las palabras de Camila fueron interrumpidas por el sonido del móvil de Carson. Él se alejó, tomó el móvil de la mesa de centro y sonrió al ver el nombre en la pantalla.
—¿Lizzy?
—“Lo he conseguido, mi tío va a darte una nueva oportunidad.”
—¿De verdad? ¿Cuándo y a qué hora? —preguntó, viendo a Camila levantar las cejas de manera interrogante.
—“Eso no voy a decírtelo por teléfono, lo menos que espero es una recompensa por mi ardua labor. ¿Qué tal si mañana me invitas a cenar?”
Carson volvió a sonreír ante la pregunta de Lizzy. Su voz se escuchaba suave y emocionada y él se contagió.
—Me parece una buena idea, ¿a las ocho en Le Ciel de Manhattan?
—“Perfecto, allí estaré…”