Capítulo 04. Un trago amargo

1615 Palabras
Lizzy se congeló al escuchar el nombre por el que Carson la llamó, su corazón se agitó y su pulso se aceleró; sin embargo, se obligó a mantener la serenidad que tanto había practicado en los últimos meses. Esto solo era el inicio de lo que estaba por venir, una pequeña prueba que, si no la superaba, todo iba a irse a la mierda. —Perdón —dijo, viendo a Carson —. ¿Cómo me ha llamado? —preguntó. Lizzy batió las pestañas, mostrándose confundida. Carson la miró indeciso de avanzar, era el rostro de Felicity, su esposa. Sus mismos labios, excepto por el color de los ojos y el color de sus cabellos, tampoco eran lisos, sino ondulados, pequeños cambios. —Eres tú… —dijo, inmóvil. La tensión corrió como veneno por sus venas. No podía apartar la mirada de ese rostro que tanto daño le había causado con su traición. El recuerdo fue como un baldazo de agua fría. La rabia le hizo salir de la sorpresa y el shock, avanzó con paso decidido, pero no llegó muy lejos. La mano firme de Silas sobre su pecho lo detuvo. —Le recomiendo que, por su seguridad, no de un solo paso más, señor Carter —pronunció. Su tono bajo y amenazante. —Apártate, este no es asunto tuyo —espetó Carson. Él tomó la mano de Silas y la apartó con brusquedad, su intención era llegar a Lizzy, quien observaba todo en completo silencio y con fría calma. —La seguridad de la señorita Ford, es asunto mío —rebatió Silas. El guardaespaldas no tenía ningún maldito problema en someterlo y sacarlo de la habitación; sin embargo, no iba a mover un solo dedo sin la autorización de Lizzy. Lo último que quería era arruinar sus planes, le gustara o no, estuviera de acuerdo con ella o no. No iba a intervenir, al final del día, estaba bajo sus órdenes. —Cálmate, Silas, el señor Carter debe estar confundiéndome con otra persona, ¿no es así? —preguntó Lizzy. Ella hizo un gesto cuando se acomodó mejor en la cama. Ella se aseguró de que Carson tuviera una visión perfecta de su perfil y pudiera ver el parche que llevaba en la frente. —Parece que quien se ha golpeado la cabeza es usted, señor Carter —dijo, tocándose la frente. Carson le dio una mirada a Silas, midiendo la reacción del guardaespaldas al avanzar hasta colocarse al pie de la cama. Sus ojos se encontraron con los grises de Lizzy y por un momento volvió a sentirse confundido. —¿Podría decirme su nombre? —preguntó. Los vellos de la nuca se le erizaron cuando ella le sonrió. —Lizzy Ford —se presentó, tendiendo su mano. Carson sintió un nudo subirle a la garganta. No podía ser una simple casualidad su encuentro con esa mujer. Todo en ella le recordaba a Felicity Clifford. —¿Se encuentra bien, señor Carter? Luce demasiado pálido, como si acabara de ver un fantasma —murmuró Lizzy. Carson se acercó y tomó la mano que aún se extendía hacia él. Una ligera corriente le atravesó el cuerpo y se retiró tan pronto como pudo. Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Lizzy. Buscando a una mujer que estaba muerta, ¿por qué lo estaba? Felicity había caído por el precipicio y su cuerpo se perdió en las profundidades del mar. —Lo siento, señorita Ford —se obligó a disculparse. Había sido un error, se dejó llevar por un momento de sorpresa y shock. —¿Por qué motivo se está disculpando? —preguntó Lizzy con una sonrisa en el rostro. La más forzada en los últimos doce meses. El toque de Carson le resultó nauseabundo, quería limpiarse con las sábanas, borrar de su mano, la huella que le dejó; sin embargo, en su lugar se mantuvo serena y tranquila, aunque por dentro era un torbellino de profundo odio. —Por confundirla con otra mujer —dijo Carson, sintiendo un amargo sabor en la boca—. Y también por el accidente, no fue mi intención colisionar contra su auto —añadió. Lizzy abrió y cerró la boca, fingiendo sentirse sorprendida con la noticia y le funcionó. —¿Fue usted quien chocó mi auto? Carson asintió, miró a Silas y luego volvió la atención hacia Lizzy. —Como le dije, no fue intencional. Llevaba prisa para reunirme con un posible cliente. Owen Ford —explicó. La sorpresa volvió a dibujarse en el rostro de Lizzy y Silas pensó que como actriz bien podía ganarse la vida. Lizzy lo estaba haciendo muy bien. —No sabía que mi tío pensaba contratar los servicios de Clifford Logistics & Transport —expresó. —Usted lo ha dicho, señorita Ford. Pensaba, luego de esto, me ha dejado claro que no volverá siquiera a plantearse la opción de usar nuestros transportes —respondió Carson. —¿Cómo? —preguntó—. Lo sucedido fue un accidente, nada intencional, usted mismo lo ha dicho, señor Carter. Él negó. —No es lo que su tío piensa —respondió. Carson no podía apartar los ojos del rostro de Lizzy. Sus expresiones y gestos, estaba comparándolos, pero… —Me mira tan intensamente, que podría creer que se ha enamorado de mí a primera vista —dijo. Silas carraspeó y Lizzy fingió sonrojarse. —Lo siento, ¿podrías dejarme a solas con el señor Carter? —preguntó, tímidamente. Silas casi la fulminó con la mirada, pero asintió y dos segundos después. Estaban solos en la habitación. Lizzy se movió con intensión de sentarse y Carson no dudó en acercarse para ayudarla a colocarle una almohada detrás de la espalda. Recogiendo su embriagante aroma, él cerró los ojos y apretó los dientes cuando sintió el tirón de su entrepierna. —Gracias, es usted un caballero. Carson negó. —Por favor, háblame de tú —pidió, sentándose en la silla que antes ocupó Silas. —No sé si podría, apenas nos estamos conociendo —respondió, halando las sábanas que se corrieron hasta sus piernas. —No sé por qué me siento tan familiarizado contigo —se aventuró a decir. Lizzy apretó los dientes, su perfil se endureció, pero Carson había desviado la mirada. —Antes me llamó por un nombre que no es el mío, eso me sorprendió. Jamás me habían confundido con otra mujer. No sé si sentirme halagada o insultada. —Nuevamente, me disculpo, Lizzy. Ella sonrió. —Veo que está dispuesto a que lo tutee, señor Carter —dijo. —A veces soy un poco insistente. Lizzy lo sabía, cuando la cortejó, no quitó el dedo del renglón hasta convertirla en su esposa solo para traicionarla tres años después. Engañándola con otra mujer y arrebatándole todo lo que era suyo. No conforme con eso, también intentó secuestrarla para tenerla encerrada. Los puños se cerraron sobre la blanca sábana mientras se obligaba a dejar de pensar en el pasado. Tenía a Carson Carter delante de ella, no podía echar por la borda este momento. —Esa mujer… —No hablemos de ella, es solo un mal recuerdo. Un trago amargo que jamás debí beber —expresó Carson. El rostro se le llenó de ira y Lizzy sintió que la única con derecho a mostrar su descontento era ella. ¿Un mal recuerdo? ¿Un trago amargo? Una maldición amenazó con abandonar sus labios. Tuvo que morderse el interior de la mejilla. —Vaya, entonces debo considerar que la confusión es un insulto para mí. No quiero imaginar el daño que esa mujer le ha causado. —Y yo tampoco quiero hablar de eso —expresó, incapaz de continuar sentado. Carson se levantó, metió las manos en los bolsillos y caminó hasta el ventanal—. ¿Desea que corra las cortinas? —preguntó cuando el sol empezaba a ocultarse, bañando el cielo de tonos anaranjados. —No, no es necesario —respondió Lizzy—. Me gusta—dijo. Carson asintió, a Felicity también le gustaba mirar el cielo cuando era bañado por esos exóticos colores. Era como una llama de fuego. —Entonces, ¿las negociaciones con mi tío se cancelaron? —preguntó Lizzy, consciente de que era mejor ir a terrenos seguros. —Está muy molesto por el accidente y lo entiendo. Cualquiera en su lugar habría reaccionado así. —Tal vez tenga razón, mi tío Owen es un hombre muy protector. La familia es lo primero para él y yo, soy su única sobrina. Hemos estado muy unidos —comentó con deliberada intención—. No me atrevo a pensar en el momento que me llegue a faltar. Perdí a mis padres siendo muy joven y otra pérdida sería muy difícil de superar. —Tengo entendido que sus negocios están enfocados en la industria petrolera. Lizzy asintió. —Es una de las más importantes de la economía mundial y aunque estoy siendo entrenada por él para ocupar su lugar. Es una gran responsabilidad. —Estoy seguro de que podrás con eso y con todo lo que te propongas. —Ni siquiera me conoce, señor Carter, no puede asegurar una cosa como esa. Tal vez debería buscar un esposo para que se haga cargo y yo pueda continuar con mi vida. Carson negó. —Yo puedo ayudarla, aunque no creo que eso sea necesario. El señor Owen se ve muy saludable. —Lo sé, lo sé. Ni siquiera debí tocar el tema; pero volviendo a lo suyo. Puedo hablar con mi tío para que le dé una oportunidad —ofreció Lizzy. —¿Harías eso por mí? Lizzy sonrió y asintió. «Haría cualquier cosa para vengarme de ti», pensó…
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