Capítulo 03. Voy a hacerme responsable

1800 Palabras
Carson observó horrorizado cómo la mujer caía inconsciente. Su corazón latía con fuerza, y el eco podía escucharlo en sus oídos. Camila, aún en shock, bajó del coche con el teléfono en la mano. —Carson, la ambulancia ya viene en camino —informó, con la voz temblorosa, mientras se acercaba a él y observaba a la mujer desmayada dentro del vehículo. La sangre corría de su frente, cubriendo una parte de su rostro. No la conocía; sin embargo, la sintió extrañamente muy familiar. —¡Ayúdame a sacarla! —gritó Carson, interrumpiendo los pensamientos de Camila. —No, será mejor que no la toquemos. Podría estar lastimada y solo empeoraremos las cosas —le recomendó, aunque su instinto le empujaba a actuar. La mujer podía morirse y el único responsable sería Carson. —Maldición —gruñó Carson, apretó los dientes, mirando el rostro pálido de la mujer. Algo en ella le resultaba tan malditamente familiar y al mismo tiempo una completa extraña. Quería verle el rostro sin esa sangre corriendo de su frente. «¿Quién eres?», pensó, mientras sus manos temblaban sobre la puerta, tentado a estirarla y limpiar la sangre de la frente de la mujer y descubrir quién era. —Será mejor que te alejes, la ambulancia no demora en llegar —sugirió Camila, viendo lo cerca que Carson estaba de mandarlo todo al demonio y tocar a la desconocida. Carson no tuvo tiempo, las luces y sirenas de la ambulancia iluminaron la escena. Los paramédicos trabajaron con rapidez, estabilizando a Lizzy y llevándola a la camilla. —¿Es familiar suyo? —preguntó uno de los paramédicos a Carson, obstruyendo su visión sobre Lizzy. —No… pero iré al hospital —respondió rápidamente—. Fue mi coche quien impactó con el suyo, voy a hacerme responsable —añadió, viendo a Camila palidecer. Iba a ganarse una reprimenda por parte de Camila, podía adivinarlo por la manera fiera en la que lo miraba, pero esto era mayor a su deseo de mantenerse al margen del escándalo. Ya había tenido demasiados reflectores cuando la prensa se hizo eco del accidente donde Felicity falleció mientras era acompañada de su amante. Carson apartó los recuerdos de su cabeza mientras Camila se acercaba. —Tienes una reunión con el señor Ford —le recordó—. ¿Estás seguro de que quieres cancelarlo? Esto podría traernos complicaciones —dijo, tocando su hombro. —Ya lo he dicho, Camila. Voy a asumir mi responsabilidad —espetó Carson, sin apartar la vista de los paramédicos que subían la camilla a la ambulancia. —¡Ni siquiera sabes quién es esa mujer, Carson! Puedes meterte en problemas. —Ya estoy metido en uno, además, no voy a evitar mi responsabilidad en todo esto. Fui imprudente y debo asumir las consecuencias —insistió, alejándose de Camila. La mujer suspiró, pero no insistió. Sabía que, cuando Carson tomaba una decisión, era inútil tratar de disuadirlo. Así que, no tuvo más remedio que seguirlo al hospital. ⤝♦⤞ Silas apretó el volante con fuerza, sus nudillos perdieron el color y su mandíbula se tensó. Estuvo a nada de salir corriendo del auto y apartar al idiota de Carson de Lizzy. La sola idea de que la tocara le hacía hervir la sangre. Pero la culpa era suya por haberle permitido salirse con la suya. Desde el inicio, había sido una locura dejarla sola, permitir que arriesgara su seguridad solo para llamar la atención de aquel maldito hombre. Pero Silas era consciente de que no podía interferir en los planes de Lizzy, él solo era su guardaespaldas. El responsable de su seguridad. Entre los dos, existía un alto grado de confianza. Lizzy solía escucharlo, incluso habían llegado a compartir besos que le hacían volar, pero no debía olvidar su lugar. —Maldición, Owen va a colgarme de las pelotas cuando se entere de la última locura de Lizzy —murmuró, golpeando el volante con frustración mientras la ambulancia salía del lugar. Tenía nada más y nada menos que la responsabilidad de llamar a su jefe y avisarle lo ocurrido. Silas podía escuchar las maldiciones de Owen; sin embargo, no iba a pasar nada más, pues él también conocía muy bien a Lizzy y sabía que cuando algo se le metía en la cabeza, era muy difícil hacerla desistir. Por otro lado, debía buscar la manera de llegar a Lizzy en el hospital antes de que Carson pudiera verla. Por lo que, tomó un atajo para llegar antes. El plan debía funcionar a la perfección. Cuando la ambulancia entró y Lizzy fue llevada a emergencia, Silas ya esperaba escondido detrás de una de las columnas de la sala de espera. Vigilando a Carson Carter y cada uno de sus movimientos. Su semblante era de preocupación, si no supiera de primera mano lo que le hizo a Lizzy creería que era sincero; pero su expresión solo era el resultado de sus acciones. Posiblemente, pensaba en los problemas legales que una demanda podría traerle a su reputación. —Hablé con el señor Ford y me he disculpado con él —dijo Camila, mirando a Carson, ignorando la presencia de Silas, que escuchaba atento la conversación. —¿Qué te ha dicho? —preguntó Carson. Se puso de pie y caminó de un lado al otro, evidenciando su nerviosismo. —Hemos tenido un poco de suerte. Le surgió un improvisto y canceló antes de que pudiera explicarle la situación —respondió Camila. —Por lo menos no hemos quedado mal, esto no estaba en nuestros planes. —Lo sé, pero debiste tener más cuidado. Ni siquiera sabemos cómo se encuentra la mujer. No sabemos nada de ella. —El paramédico creo que recogió su bolso, no me atreví a preguntar —dijo Carson y Camila asintió, ella también lo había visto. —Solo espero que la policía no se involucre, como sea, ha sido un accidente de tránsito y hemos llamado la atención —señaló, provocando que Carson dejara escapar un gemido. —Evita a toda costa que la prensa se haga eco, voy a resolver lo que tenga que resolver con las autoridades y con ella —dijo, refiriéndose a Lizzy. Silas apretó los puños, habría sido maravilloso que la policía se involucrara, presentar cargos y verlo esposado mientras lo llevaban a la patrulla como el criminal que era, pero esos no eran los planes de Lizzy, así que, no se involucraría nadie más. —Familiares de la señorita Ford —llamó el médico. El hombre de bata blanca miró a todos los presentes en la sala, ninguno de ellos se adelantó y se presentó. Carson hizo lo mismo y al darse cuenta de que ninguna de esas personas tenía un familiar con ese apellido, se adelantó un paso, pero fue interrumpido por la presencia de un hombre alto, cuerpo atlético y enfundado en un traje n***o, hecho a medida. —Soy su guardaespaldas —se presentó Silas, parándose delante de Carson, sorprendiendo al hombre y al médico. —¿Su guardaespaldas? —Sí, le he avisado a su tío y viene de camino, por el momento solo estoy yo —recalcó Silas, marcado las últimas palabras para que Carson las escuchara. Carson frunció el ceño. Lo había escuchado todo muy claro, lo que no entendía era de donde diablos había salido ese tipo si en la sala no estaba. —¿Puede darme el nombre del tío de la señorita? —preguntó el médico, haciendo una anotación en su tableta. —Owen Ford —dijo. Carson dio un paso hacia él y con el ceño fruncido, tocó el hombro de Silas. —¿Ford? —repitió, con incredulidad. Silas lo miró como si estuviera viendo una jodida cucaracha, se sacudió para que Carson apartara su mano. —Sí, el señor Owen Ford es el tío de la señorita Lizzy —respondió. Silas se cruzó de brazos, observándolo con resentimiento—. ¿Fuiste tú quien ocasionó el accidente? —preguntó. Carson abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio mientras pensaba en Owen Ford. Las coincidencias no existían, por lo que Owen Ford, su cliente, debía ser el tío de Lizzy. Finalmente, sacudió la cabeza. —Fue un accidente —respondió—. No fue algo con intensión, estaba afanado y… —No tienes que explicarme nada, no soy yo quien debe escuchar tus palabras —le cortó Silas, bruscamente. Él se alejó y recargó el hombro contra la columna, dirigiéndole una mirada gélida a Carson. ⤝♦⤞ Lizzy se despertó una hora después. La habitación estaba silenciosa. Sus párpados pesaban y por un momento se sintió desorientada hasta que pudo distinguir la figura de Silas sentado junto a su cama. —Silas… —susurró con dificultad. Esto no era parte del plan. Se sentía terriblemente dolorida. Él se inclinó hacia ella, aliviado al ver que recuperaba el conocimiento. —Estoy aquí, Lizzy. Todo está bien. Lizzy intentó sentarse, pero un dolor punzante en su frente la detuvo. —¿Qué pasó? —Pasó lo que tenía que pasar. Lo que esperabas conseguir, un accidente con Carson Carter —dijo. Silas apretó los labios—. Estaba aterrorizado, llamó al 911 y te acompañó al hospital. Lizzy experimentó una ráfaga de emociones, confusión, incredulidad y finalmente, satisfacción. —¿Dónde está ese bastardo? —preguntó, su voz cargada de emoción contenida. Silas la observó con detenimiento. —Debería sacarte de aquí, ponerte sobre mis rodillas y darte unas cuantas nalgadas —pronunció—. ¡Lo que hiciste fue una locura! —gritó, levantándose de la silla con brusquedad. Silas se había contenido durante tanto tiempo, que ahora no podía cerrar la boca. —Las cosas pudieron salir mal. —Pero no fue así y todo salió como lo tenía previsto —refutó, frunciendo el ceño, sintiendo el dolor en la frente. —¿Todo? —cuestionó Silas, fulminándola con la mirada—. Tienes una herida en la frente que tuvo que ser suturada, pudiste herirte de gravedad y entonces… Lizzy se tocó la frente, había un parche que protegía su ceja. El impacto había sido fuerte, pero el cinturón de seguridad fue de gran ayuda y la bolsa de aire… —¿Dónde está Carson? —preguntó al recordar que Silas la había ignorado. —Está aquí, hablando con Owen en la sala de espera —dijo finalmente. Lizzy esbozó una sonrisa amarga, sus ojos brillaron con determinación. —Entonces será perfecto. Esto no cambia nada, Silas. Ahora estoy más cerca de hacerle pagar —pronunció en el momento que la puerta se abrió y Carson aparecía en el umbral. La respiración de Carson se cortó al ver el rostro de la mujer. Era alguien a quien no esperaba volver a ver. —Felicity —murmuró…
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