ABRIL
Isabela se frotó la barriga y se dirigió a la despensa de la cocina. Cogió una bolsa de Doritos y un tarro de mantequilla de cacahuete. Se acercó a los taburetes de la barra y se sentó, poniéndose cómoda.
—Hola, Isabela—, dijo Renata al entrar en la cocina.
—Hola, cumpleañera, ¿qué vas a hacer hoy?—, sonrió Isabela mientras mojaba los chips en la mantequilla de cacahuete antes de comérselos.
—Más tarde voy a una fiesta, pero por ahora voy a ir al centro comercial con Camila—, sonrió Renata e Isabela asintió con la cabeza.
—¿Quieres venir? —preguntó Renata, y Isabela negó con la cabeza.
—No, está bien, pero gracias—, dijo ella, y Renata asintió. Isabela siguió comiendo sus patatas fritas mientras Renata cogía una botella de agua y se marchaba.
—¿Qué rayos estás comiendo?—, dijo Matías al entrar en la cocina con cara de asco.
—Unos Doritos con mantequilla de cacahuete—, dijo Isabela encogiéndose de hombros. Matías hizo un gesto de asco y negó con la cabeza mientras cogía unas Pringles de la despensa.
—Isabela, tenemos que hablar sobre tus elecciones alimenticias.
—¡Matías, pruébalo, está buenísimo!—, dijo Isabela antes de meterle una patata frita en la boca a Matías, que volvió a hacer un gesto de asco. La masticó y luego ladeó la cabeza mientras asentía con ella.
—No está mal—, dijo Matías, haciendo sonreír a Isabela mientras ella seguía comiendo. Él salió de la cocina y Isabela cogió su teléfono y empezó a navegar por i********:.
Isabela acabó comiéndose al menos más de la mitad de la bolsa antes de guardarla. Cogió una botella de agua y salió de la cocina para ver a todos en el salón, excepto a Camila y Renata.
—Me sorprende que no estén organizando una fiesta para Renata—, dijo mientras se dirigía al sofá y se sentaba junto a Josiah. Le puso los pies en el regazo, lo que hizo que él la mirara con el ceño fruncido, a lo que ella le devolvió la mirada.
Siah se había estado quedando en casa de Gabriel desde que terminó su estancia en el hotel. Isabela había ido allí varias veces a visitar a Siah y le encantaba la casa de Gabriel.
—Hola, chicos—, sonrió Marisol al entrar en la casa y dirigirse al salón.
—Hola, Rivera—, Gabriel le hizo un gesto con la cabeza y ella saludó con la mano a todos los que le devolvieron el saludo antes de subir a su habitación.
—La fiesta a la que Renata cree que va a ir más tarde es la fiesta que le han organizado. Solo que ella aún no lo sabe —dijo Diego encogiéndose de hombros mientras le robaba unas patatas fritas a Matías, quien lo miró con enfado.
—¿Quién lo ha organizado?—, preguntó Isabela mientras se recostaba en el sofá y se frotaba suavemente el estómago.
—Camila y Luciana—, dijo Matías con la boca llena de patatas fritas, lo que hizo que Isabela frunciera la nariz.
—¿Dónde está Luciana? —preguntó Josiah, y justo en ese momento Luciana entró en el salón con el teléfono en la mano.
—Alice y Sola dicen que comprarán los adornos y decorarán la casa de Sola—, dijo ella y se sentó en el regazo de Diego, quien la miraba fijamente.
—Qué bien.
—Lo que significa que ustedes, chicos, irán a su casa a ayudarlas—, dijo Luciana señalando a todos los chicos, ante lo cual Matías gruñó en voz alta.
—¿Por qué?—, Luciana lo miró con severidad, lo que le hizo suspirar y murmurar “no importa”
—Oye, Isabela, ¿puedo hablar contigo de algo?—, preguntó Luciana tras unos segundos, al levantar la vista de su teléfono.
—Claro—, dijo Isabela, y Luciana se levantó. Isabela retiró los pies del regazo de Siah y se puso de pie, siguiendo a Luciana hasta la cocina.
—¿Qué pasa?—, le sonrió Isabela antes de dar un sorbo a su agua.
—Necesito ayuda para invitar a salir a alguien y no quiero pedírselo a los chicos porque tienen la boca muy grande—, dijo Luciana volviéndose hacia Isabela, que abrió mucho los ojos.
—¿A quién vas a invitar?—, preguntó Isabela, y Luciana se encogió de hombros mientras se sentaba en la encimera. Luciana no respondió y Isabela asintió con la cabeza.
—Bueno, al menos deberías averiguar qué le gusta y usar eso para invitarlo. A mí, por ejemplo, me gusta que la gente me compre comida, así que si alguien me regalara una cesta llena de comida y luego me lo pidiera...—, dijo Isabela sonriendo mientras sentía que se le hacía la boca agua.
—Me casaría con esa persona inmediatamente—, sonrió Isabela, haciendo que Luciana se riera y sacudiera la cabeza.
—Vale, sí, se me ocurre algo.
—Sí, ¿y qué le gusta?—, preguntó Isabela mientras se acariciaba la barriguita y la miraba sonriendo.
—Bueno...—, Luciana empezó a enumerar cosas y Isabela se distrajo un poco mientras miraba fijamente la encimera de la isla. Isabela empezó a pensar en su madre y en cómo solía hablarle de que no quería que Isabela acabara como ella, en una situación con alguien como su padrastro.
—Isabela, ¿me estás escuchando?—. Luciana sacó a Isabela de su ensimismamiento y esta asintió con la cabeza.
—Has mencionado las fiestas; creo que quizá deberías hacerlo esta noche en la fiesta de Renata. No tienes que hacerlo delante de la gente, pero ya sabes, mételo de alguna manera—, murmuró Isabela, y Luciana asintió.
—Pero, ¿y si me rechaza?—, Luciana se mordió el labio y Isabela puso los ojos en blanco.
—Entonces que te rechacen...— Isabela se quedó a medio decir cuando Matías entró en la cocina con un gemido mientras se frotaba el estómago.
—¿De qué están hablando aquí?—, preguntó, y Isabela miró a Luciana, quien negó con la cabeza y carraspeó.
—Nada, gracias, Isabela—, dijo Luciana antes de salir de la cocina. Isabela asintió y miró a Matías, quien se encogió de hombros y se dirigió a la nevera para darse un festín.
Isabela se levantó y salió de la cocina para ver a Diego y Josiah hablando mientras Gabriel veía la televisión. Se acercó a él, se sentó y le dedicó una sonrisa.
Lo único que obtuvo fue un gesto de asentimiento con la cabeza por su parte.
—¿Se ha ido Luciana?—, le preguntó Isabela, y él negó con la cabeza señalando el porche lateral, donde ella podía ver ligeramente la silueta de Luciana fuera.
—Oh —murmuró Isabela antes de recostar la cabeza contra el respaldo del sofá. Se acomodó para tumbarse de largo, pero se aseguró de que sus pies no tocaran a Gabriel.
—¿Te parece bien ir a una fiesta? —le preguntó Gabriel de repente, y ella lo miró antes de encogerse de hombros.
—Sí, bueno, no me quedaré mucho rato, claro, pero estaré bien—, sonrió Isabela, y él asintió antes de volver a mirar la televisión.
—¿Te vas a quedar mucho rato? —le preguntó Isabela, y él negó con la cabeza.
—No soy muy de fiestas, pero me quedaré el tiempo suficiente para que Renata no me dé la lata con eso—. Isabela se rió ante su respuesta.
—Creo que va a ser divertido—, sonrió Isabela, y Gabriel la miró antes de asentir.
—Eso espero.