La ecografía

1142 Palabras
—Isabela, despierta—, dice alguien mientras sacude a la chica para despertarla. Isabela abrió los ojos y vio a Camila mirándola. Se incorporó y bostezó antes de mirar a su alrededor y ver que el coche se había detenido y que habían llegado a su destino. —¿Dónde estamos? —preguntó Isabela al salir del coche. Luciana estaba de pie junto al coche, con el teléfono pegado a la oreja, hablando con alguien. —Para que te hagan un chequeo, recuerda—, dijo Camila, e Isabela asintió. Camila la llevó hasta la puerta principal de la clínica. Entraron y les recibió un olor a bebés. —Aquí huele a bebé recién nacido—, dijo Matías mientras se comía su barra de chocolate. —¿Cómo es que siempre estás comiendo...?— Isabela se detuvo y negó con la cabeza mientras suspiraba. Camila se acercó a la recepción y habló con la señora justo cuando Luciana entraba en la clínica con expresión de irritación. —¿Estás bien?—, preguntó Isabela, y Luciana asintió antes de suspirar. Los tres se dirigieron a las sillas que había junto a la pared y se sentaron. —Vale, alguien debería llevarte dentro de un par de minutos. Mi madre está trabajando hoy, pero no sé si será ella quien te examine—, dijo Camila mientras se acercaba y se sentaba junto a Matías, que estaba con el móvil. —Vale —Isabela bostezó y cerró los ojos mientras apoyaba la cabeza contra la pared que tenía detrás. —¿Estás cansada, chica?—, oyó Isabela que Camila le preguntaba desde su lado. —Sí, últimamente me canso mucho con este embarazo—, respondió Isabela mientras bostezaba de nuevo. —Deberías hablar de eso con quien te atienda—, sugirió Luciana, a lo que Camila asintió con la cabeza. —Sí, lo sé. —Isabela—, llamó alguien, lo que hizo que Isabela abriera los ojos y viera a una joven de piel clara vestida con una bata morada. —No sabía tu apellido—, dijo Camila, y Isabela asintió. Se levantó y sonrió a la mujer mientras le decía sus datos. Isabela se dirigió detrás de la puerta y habló con la enfermera. No pasó mucho tiempo antes de que Isabela estuviera esperando al médico, sentada en una de las camas pequeñas con esa incómoda sábana blanca encima. Suspiró y sacó su teléfono con una mueca en los labios. Isabela no había encendido el móvil desde que se marchó de casa de su madre. Se quedó mirando la pantalla negra antes de encenderlo. Isabela miró a su alrededor en la pequeña habitación blanca mientras esperaba a que se encendiera por completo. En cuanto el teléfono se encendió, lo único que Isabela oyó fueron los millones de notificaciones que llegaban a su teléfono. Tenía treinta mensajes de texto de su madre y quince llamadas perdidas. Su padrastro ni siquiera la había llamado ni le había enviado un mensaje, lo cual a Isabela ni siquiera le sorprendió. Isabela vio veinte mensajes de su mejor amigo, Josiah, lo que la hizo sonreír con tristeza. Josiah: Z0rra, ¿dónde c0ño estás? Perdona, más te vale que me contestes, j0der Te prometo que te voy a dar una paliza cuando me contestes ¿Puedes volver? Porque estoy aburrido Y me siento solo CONTESTA EL TELÉFONO Siento haber gritado, pero contesta el teléfono ¡HOLA! SI QUERÍAS HUIR, PODRÍAS HABERME LLEVADO CONTIGO. ¿POR QUÉ MIS MENSAJES SE ESTÁN PONIENDO EN VERDE, Z0RRA? SÉ MUY BIEN QUE NO ME HAS BLOQUEADO Isabela se rió mientras se le llenaban los ojos de lágrimas al terminar de leer el resto de sus mensajes. Lo echaba de menos y no se había dado cuenta de cuánto hasta ahora. Su dedo se movió para pulsar FaceTime y lo llamó. —Hola —, dijo Isabela, y Josiah la miró con ira. —¿Has decidido dejarme con estos idiotas sabiendo perfectamente que me habría gustado ir contigo?—, dijo él, e Isabela se rió una vez más mientras se mordía el labio. —Lo siento, ¿vale? Tomé esta decisión de loca y no estaba pensando en ese momento—, murmuró Isabela, y Josiah chasqueó la lengua. —Desde que te fuiste, la gente cree que solo soy un juguete s****l, lo cual estoy encantado de ser, pero, j0der—, Josiah puso los ojos en blanco mientras miraba a su alrededor. Josiah era un hombre de piel morena que medía solo metro setenta y cinco. Tenía una barba escasa y ojos verde oscuro. —Josiah, ¿con quién estás hablando por teléfono?—, gritó alguien, lo que le hizo poner los ojos en blanco. —Con la policía, z0rra estúpida—, le gritó de vuelta mientras giraba la cabeza para mirar el teléfono. —Señorita Isabela—, alguien llamó a la puerta de la habitación en la que estaba Isabela y entró. Isabela levantó la vista de su teléfono y miró a la mujer con la bata blanca de laboratorio. —Sí, hola—, sonrió Isabela, y la mujer le devolvió la sonrisa. —Soy la doctora Webb —, dijo, y Isabela asintió. —Si no me equivoco, quieres una ecografía y, básicamente, una revisión para ti y tu bebé—, continuó, a lo que Isabela volvió a asentir con la cabeza. —¡ECOGRAFÍA! ¡¿EL BEBÉ?!—, gritó Josiah por el teléfono, lo que hizo que a Isabela se le abrieran los ojos al recordar que estaba hablando por teléfono. —J0der, sí, y deja de gritar, me vas a reventar los tímpanos—, dijo Isabela mirando hacia su teléfono. Le dedicó a la Dra. Webb una pequeña sonrisa a modo de disculpa antes de volver a mirar su teléfono. —Z0rra, ¿dónde c0ño estás?—, dijo Josiah, y Isabela se mordió el labio. —¿Por qué? —Porque ese es mi ahijado en tu barriga—, dijo Josiah con tono de “¿y qué?” mientras miraba a Isabela. —¿Quién ha dicho que tú fueras el padrino?—, dijo Isabela en tono de broma, haciendo que Josiah la mirara como si estuviera loca. —Z0rra, por favor, envíame tu ubicación y estaré allí en unos días—, dijo Josiah, y Isabela asintió. —No traigas a nadie contigo—, le advirtió Isabela, y Josiah chasqueó la lengua. —¿A quién c0ño iba a llevar? —, dijo Josiah. —Vale, vale, adiós, tengo que irme—, dijo Isabela antes de colgar rápidamente. Le envió su ubicación a Josiah antes de centrar su atención en la doctora Webb, que estaba escribiendo algo. —Perdona, ¿por dónde íbamos?
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