Conociendo tu interior

1361 Palabras
—Bueno, ha sido un fracaso—, murmuró Isabela mientras Gabriel y ella se subían al coche. Llevaban todo el día buscando ofertas de trabajo y habían rellenado un montón de solicitudes, pero en la mayoría le habían advertido a Isabela que quizá no la contrataran porque estaba embarazada. Llegó un momento en el que Isabela casi se pelea con una chica porque esta no dejaba de mirarle el vientre con repugnancia. —No te preocupes, lo volveremos a intentar otro día—, dijo Gabriel, y ella suspiró asintiendo con la cabeza. —¿Tienes hambre? —Me muero de hambre, la verdad. Antes me odiaba por lo mucho que comía por culpa de estos pequeños, pero ahora me da igual porque mis antojos son la hostia—. Isabela sonrió y Gabriel salió del aparcamiento antes de ponerse en marcha. —¿Lista? ¿Qué te apetece?—, preguntó Gabriel, y Isabela se rió mientras pensaba en ello. —Un día me apetecía un batido grande, pero quería uno de Oreo con nata montada extra y tres cerezas encima. El otro día me apetecían pepinillos y galletas crujientes con un poco de avena por encima. Suena asqueroso de cojones, pero, sorprendentemente, estaba increíble—, dijo Isabela mientras sonreía mordiéndose suavemente el labio. —Rayos, solo de pensarlo ya me apetece—, dijo ella, y Gabriel soltó una pequeña risita mientras negaba con la cabeza. —Al parecer, puede que vaya a tener un niño y una niña, porque Marisol dice que, como me apetecen tanto los alimentos dulces como los salados...—, dijo Isabela encogiéndose de hombros, mientras él asentía con la cabeza ante su afirmación. —Nunca entenderé el embarazo de las mujeres—, dice Gabriel, y Isabela lo mira antes de sonreír. —¿Y tú crees que yo sí?—, dijo ella, y él esbozó una sonrisa antes de negar con la cabeza. —Entendido—, dijo Gabriel mientras entraba en el aparcamiento de un restaurante y se dirigía al autoservicio. —¿Has probado alguna vez PollosMax?—, preguntó él, y ella negó con la cabeza. —Bueno, te gustan los filetes de pollo, ¿no? —Sí, claro—, dijo Isabela, y Gabriel asintió antes de acercarse al altavoz y al menú. —Oye, ¿me pones dos menús especiales de tiras con salsa extra?—, le dijo Gabriel a la chica del micrófono. —¿Está bueno?—, preguntó Isabela, a lo que Gabriel asintió con la cabeza. —Por supuesto, pero ¿qué quieres beber? —Oh, una Fanta de naranja—, dijo ella, y él lo repitió por el micrófono. La señora le dijo el total y él se detuvo en la primera ventanilla. —Oh, toma—, dijo Isabela antes de buscar su bolso para sacar la cartera. —No, yo me encargo—, dijo Gabriel, pagó la comida y se dirigió a la segunda ventanilla para recogerla. —Compruébalo antes de que arranque—, dijo mientras le entregaba la bolsa a Isabela. Isabela revisó rápidamente la bolsa para asegurarse de que todo estaba dentro antes de asentir con la cabeza a Gabriel. Él cogió sus bebidas y luego arrancó. —Te lo digo ya: PollosMax es increíble y nunca has probado tiras de pollo con una salsa tan buena—, sonrió mientras conducía por la carretera. —¿En serio?—, sonrió Isabela, y él la miró de reojo antes de volver la vista a la carretera. —No soy muy de tiras de pollo, pero las comería con un poco de salsa. —Bueno, este embarazo me ha dado unas papilas gustativas interesantes, así que ya veremos—, dijo Isabela sonriendo. Condujeron durante un rato hasta que Gabriel se detuvo en un aparcamiento prácticamente abandonado. Aparcó el coche en una de las plazas antes de apagar el motor. —Vale, veamos qué te parece esta obra maestra de tiras de pollo—, dijo Gabriel mientras se volvía hacia Isabela. Cogió algunas de las cajas blancas de comida y las abrió. —Vale—, dijo Isabela antes de coger un filete de pollo y mojarlo en la salsa. Le dio un mordisco y masticó mientras Gabriel esperaba a saber si le gustaba o no la comida. —Oh, esto está bueno—, sonrió Isabela mientras seguía comiendo las tiras de pollo mojadas en la salsa especial. —¿Ves? Te lo dije—, sonrió él antes de empezar a comer también. Comieron en silencio durante unos minutos antes de que Isabela carraspease mientras daba un sorbo a su refresco de naranja Fanta. —Cuéntame cosas sobre ti—, dijo Isabela mientras miraba a Gabriel, que estaba comiendo un poco de pan. —Bueno, supongo que soy más o menos el típico chico solitario. De pequeño me tachaban tanto de chico solitario como de chico malo, y te puedo decir que probablemente no soy ninguna de las dos cosas, sino ambas a la vez—, dijo antes de comerse el resto de su pan. —Sí, se nota el aire de chico malo por tu forma de vestir, pero también por cómo interactúas con la gente—, dijo Isabela asintiendo con la cabeza mientras se encogía de hombros. —No soy muy sociable. En el instituto apenas hablaba con nadie, a menos que los conociera bien, como a mi grupo de amigos. Sigo con ellos porque son como mi familia. Tampoco soy muy hablador, a menos que sea una conversación cara a cara como esta. Isabela lo mira mientras asimila todo lo que él está diciendo. —Así que eres un poco tímido a la hora de interactuar con gente con la que no te sientes cómodo. Pero tampoco es que tengas precisamente las mejores habilidades sociales, en términos de una ligera ansiedad social—, murmuró ella, a lo que él asintió con la cabeza. —Sí, eso lo resume bastante bien—, dijo él con una risita antes de terminarse lo que le quedaba de comida. —Lo entiendo perfectamente, porque soy una persona tímida por naturaleza y a veces pienso inmediatamente que la gente es mala, aunque no me dé cuenta conscientemente de que lo estoy haciendo—. Dijo ella y volvió a meter la comida en la bolsa de plástico. —Quiero decir, siento que todo el mundo quiere creer que hay bondad en las personas, pero debido a cómo hayamos crecido en un determinado estilo de vida y también a lo que acabamos de pasar como personas, sentimos de forma natural que alguien nos va a j0der y que simplemente es una mala persona—. Gabriel se encogió de hombros y Isabela asintió con la cabeza. —Y eso es una mi3rda, porque uno pensaría que al menos podríamos tener algo de fe en que este mundo es bueno, pero nos sigue demostrando que estamos equivocados cada minuto y cada día de nuestras vidas—, dijo ella, dando un sorbo a su refresco mientras apoyaba la cabeza contra la ventanilla del coche. —Especialmente viviendo en Estados Unidos. —Oh, ni de c0ña. La gente que no es de Estados Unidos dice que hay lugares en el mundo peores que este, lo cual, vale, en algunos casos es totalmente cierto, pero eso no significa que nuestros niveles emocionales al vivir aquí y al vivir en otro sitio no sean, de alguna manera, los mismos—, dijo Isabela antes de fruncir el ceño. —Creo que me he liado un poco—, se rió Isabela mientras negaba con la cabeza. —No, entiendo lo que quieres decir. Dices que, en algunas circunstancias y situaciones, este país está más j0dido que muchos otros lugares, mientras que esos otros lugares nos superan en otros aspectos—, dijo Gabriel, y Isabela sonrió mientras asentía con la cabeza. —Sí, ves, ahí lo pillas—, dijo apartándose unos mechones de pelo de la cara mientras se lamía los labios. —Sí, lo pillo. Créeme, lo pillo.
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