Trauma con mi padrastro

1229 Palabras
MAYO Ring... Ring Isabela suspiró al oír el timbre del teléfono antes de volverse hacia él. Vio que era su madre llamándola de nuevo. Isabela extendió la mano para pulsar el botón de respuesta y puso el altavoz. —Sí, mamá—, dijo Isabela, y oyó a su madre moviéndose por la habitación. —Cariño, llevo un montón de tiempo intentando localizarte—, dijo la madre de Isabela, y a Isabela se le escapó una pequeña sonrisa. —¿Cómo estás, mamá?—, Isabela temía la respuesta. Sabía que si tenía que ver con su padrastro, la respuesta no le gustaría nada. —Estoy bien, cariño, solo te echo de menos—, dijo su madre, y Isabela pudo percibir la sonrisa en su rostro a través de su voz. —Yo también te echo de menos, mamá—, murmuró Isabela mientras la miraba con expresión triste. —¿Dónde estás? Me encantaría ir a verte—, Isabela se mordió el labio y miró a su alrededor en el salón antes de volver a bajar la vista hacia su teléfono. —Estoy en Texas—, dijo Isabela, y oyó a su madre dar un pequeño grito ahogado. —Cariño, no entiendo por qué tenías que irte—, dijo su madre en voz baja, y Isabela soltó un pequeño suspiro. —Necesitaba alejarme un poco de todo y pensar en algunas cosas—, murmuró Isabela mientras jugaba con los dedos. —Lo entiendo. Bueno, ¿puedo ir a verte? —Eh, claro, mamá, pero solo tú, ¿verdad?—, se aseguró de preguntar Isabela, y oyó a su madre murmurar un pequeño “sí”. Isabela sonrió y rápidamente le dijo a su madre dónde estaba. —Vale, bueno, cariño, ¿qué tal si voy en coche, busco un hotel donde quedarme y pasamos el rato juntas?—. Isabela sonrió y asintió con la cabeza. —Me encantaría. * —Mírate, qué mona estás—, sonrió Luciana mientras observaba el atuendo de Isabela. —¿De verdad que sí? Gracias. Hoy me apetecía lucir mi barriguita, así que decidí ponerme un top corto en lugar de mis sudaderas habituales—, dijo Isabela sonriendo mientras se acariciaba suavemente el vientre. —Estás guapísima, chica—, dijo Renata desde junto a Luciana, quien asintió con la cabeza. —Si me gustaran las chicas embarazadas, te tiraría los tejos, chica—, dijo Luciana, haciendo que Isabela se echara a reír. Renata le dio un golpecito en el brazo a Luciana antes de mirarla con el ceño fruncido, lo que hizo que Luciana se encogiera de hombros. —¿Sabes algo de Josiah?—, le preguntó Renata a Isabela, quien suspiró y negó con la cabeza. —Supongo que sigue enfadado conmigo, y no lo culpo. Fui bastante grosera—, murmuró Isabela, y Luciana asintió con la cabeza. —Es que lo fuiste, pero tampoco te equivocaste—, dijo Luciana poniendo los ojos en blanco. —Cualquiera puede pasar cinco segundos con Josiah para darse cuenta de que es gay—, murmuró, y Isabela dio un sorbo a su agua antes de encogerse de hombros. —Sí, pero quiero decir que él aún no ha llegado al punto en el que pueda admitirlo o aceptarlo, así que no deberías presionarlo—, dijo Renata, y Isabela asintió con la cabeza. —Lo sé, solo estaba enfadada porque se marchaba y quería hacerle daño. —Pero ¿por qué estás enfadada? Quiero decir, tú te fuiste sin pensarlo dos veces, así que ¿por qué te enfadas con él por ir a ver a su familia y a una chica, pero luego volver contigo?—, preguntó Luciana, haciendo que Isabela frunciera ligeramente el ceño mientras se encogía de hombros de nuevo. —No lo sé. —Bueno, si vuelve, simplemente pídele perdón y hazlo de corazón—, dice Renata, a lo que Isabela asiente. —Lo sé. —¿Dónde está Diego?—, preguntó Luciana a Renata mirándola, y Renata se encogió de hombros. —No lo sé, le envié un mensaje hace como diez minutos y no me ha contestado—, murmuró Renata, y Luciana suspiró. —Bueno, tengo que irme. Voy al centro con Gabriel a buscar trabajo —dijo Isabela mientras miraba la hora en su móvil. —Ah, con Gabriel, ¿eh? —Luciana sonrió con sorna, haciendo que Isabela pusiera los ojos en blanco. —Cállate de una vez —dijo ella, haciendo que Luciana se riera. —Ni siquiera sé por qué voy a buscar trabajo, porque probablemente no me quede mucho tiempo acá—, murmuró Isabela mientras ponía los ojos en blanco ligeramente. —¿Por qué?—, preguntó Renata mientras levantaba la vista de su móvil. —No puedo quedarme con la señora Marisol para siempre. —Sí, lo sé, pero puedes conseguir un trabajo y ahorrar dinero para conseguir un piso en la ciudad—. Luciana se encogió de hombros, pero Isabela negó con la cabeza. —Pero es que... —Isabela se quedó a medio decir cuando sonó su teléfono. Bajó la vista y vio que era su madre llamándola de nuevo, lo que le hizo soltar un suave gemido. —Mi madre quiere verme—, dijo Isabela sin apartar la vista del teléfono. —¿Qué has dicho? —He dicho que sí—, respondió Isabela antes de contestar la llamada. Se llevó el teléfono al oído y escuchó la alegre voz de su madre. —Isabela, cariño, no encuentro tu pueblo en el GPS—, oyó decir a su madre, y Isabela suspiró. —Mamá, ¿qué tal si te buscas un hotel en Houston y nos vemos allí?—, dijo Isabela mientras se jugaba un poco con el pelo. —Vale, cariño—, charlaron un rato más antes de que su madre tuviera que colgar. Isabela colgó el teléfono tras despedirse y se volvió hacia Renata y Luciana, que estaban conversando entre ellas. —Vale, lo siento—, dijo Isabela con un pequeño bostezo. —¿Entonces va a venir?—, preguntó Luciana, a lo que Isabela asintió con la cabeza. —Sí. —Qué bien, ¿por qué no pareces contenta?—, preguntó Renata frunciendo el ceño. —Solo espero que no traiga a mi padrastro con ella. Quiero decir, dijo que solo vendría ella, pero espero que cumpla su palabra—, murmuró Isabela mientras suspiraba. —¿Qué pasa con tu padrastro? —Nada. Tengo que irme—, dijo Isabela rápidamente y se levantó de su asiento. Luciana frunció el ceño mientras veía a Isabela salir rápidamente del local y apresurarse hacia fuera. —Oye, ¿estás lista?—, preguntó Gabriel mientras se apoyaba en su coche cuando Isabela se acercó a él. —Sí, acabemos con esto de una vez—, suspiró Isabela, y él asintió mientras le abría la puerta. Ella le dio las gracias y se subió. —¿Estás bien?—, preguntó Gabriel mientras se sentaba en el asiento del conductor y se abrochaba el cinturón de seguridad. —Sí—, murmuró Isabela mirando por la ventana mientras otro pequeño suspiro se escapaba de sus labios.
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