Isabela caminaba por la casa con un ligero bostezo. Llevaba despierta desde las ocho de la mañana y no había dormido nada en todo el día.
Gabriel se había ido de casa de Marisol hacía unas tres horas y Isabela acabó aburriéndose y viendo un maratón de su serie en el salón de la casa.
—Necesitamos una siesta, ¿verdad, cariño?—, le dijo Isabela a su barriga mientras se la acariciaba suavemente con las yemas de los dedos.
—¿Le estás hablando a tu barriga?—, preguntó alguien, haciendo que Isabela diera un respingo y soltara un pequeño grito. Se dio la vuelta para mirar a la persona, que resultó ser Josiah.
—Sí, mis bebés necesitan conocer la voz de su mamá—, dijo Isabela encogiéndose de hombros, lo que hizo sonreír a Josiah y sacudir la cabeza.
—He venido a contarte algo—, suspiró Josiah, frotándose las manos. Isabela arqueó una ceja antes de acercarse a él con una mano sobre el vientre.
—¿Has matado a alguien?—, le murmuró Isabela en voz baja, lo que hizo que Josiah abriera mucho los ojos y ella rápidamente negara con la cabeza.
—No, ¿qué te pasa, Isabela?
—Una vez—, dijo Isabela levantando la mano, lo que hizo que Josiah la mirara con ira.
—Deja de sacar ese tema. Ve a echarte la m4ldita siesta—, dijo él, haciendo que Isabela se riera y se encogiera de hombros.
—Vale, pero en serio, ¿qué es lo que quieres decirme?—, dijo ella antes de soltar un pequeño bostezo.
—Puede que tenga que volver a casa unos días—, dijo él, y el rostro de Isabela se ensombreció.
—¿Por qué?
—Mis padres están preocupados y me están sacando de quicio, pero también tengo a una chica esperándome—, dijo él lentamente, y Isabela arqueó una ceja mientras lo miraba.
—Para empezar, ni siquiera te caen bien tus padres, así que ¿por qué te preocupas por ellos? En segundo lugar, apenas eres bisexual, te gustan las p0llas y eso es todo—, dijo Isabela cruzándose de brazos.
—Empecé a hablar con esta chica después de que te fueras, amiga, y supongo que conectamos—, dijo Josiah encogiéndose de hombros, y Isabela puso los ojos en blanco.
—¿Conectaste? Sí, claro.
—¿Por qué te cuesta tanto creer que, sí, prefiero a los hombres, pero que sigo sintiéndome atraído por las mujeres?—, dijo él a la defensiva.
—Porque te conozco, Josiah, a ti no te gustan las chicas.
—¿Cómo c0ño vas a decirme lo que me gusta?
—Josiah, eres gay, así de simple. Me da igual lo que digas, sé quién eres y te comportas como si estuviera intentando decir que eres heterosexual—, gritó Isabela, y Josiah puso los ojos en blanco antes de negar con la cabeza.
—Isabela, da igual si dices que soy heterosexual o no. Soy bisexual y tú intentas decirme lo contrario. Sigue siendo como decir que tú no eres heterosexual y que eres gay—, dijo levantando los brazos al aire, lo que hizo que Isabela se burlara.
—No soy heterosexual, idiota de mi3rda.
—Exacto, eres heterosexual... espera, ¿qué acabas de decir?—, dijo Siah mientras arqueaba las cejas al máximo al asimilar lo que Isabela acababa de decir.
Ella se encogió de hombros.
—No soy heterosexual, soy la B de LGBTI+—, dijo y salió de la sala de estar con Josiah siguiéndola de cerca.
—¿Por qué c0ño no me lo has dicho nunca?
—Porque no es tan importante, además, la mayor parte de esa mi3rda pasó cuando estaba en el instituto—, murmuró Isabela, y Josiah chasqueó la lengua.
—J0der, yo fui al instituto contigo... bueno, al menos parte de él—, dijo él, haciendo que Isabela asintiera con la cabeza.
—Exacto.
—Vale, eso sigue sin justificar lo que estabas diciendo.
—Mira, Siah, te sentías unido a esa chica porque pensabas que me había pasado algo malo o que no iba a volver, así que intentabas llenar ese vacío y sustituirme por ella —dijo Isabela volviéndose hacia él, lo que le hizo fruncir el ceño con fuerza.
—No vuelvas a decir algo así nunca más—, dijo él, y Isabela suspiró, poniendo los ojos en blanco mientras negaba con la cabeza.
—Voy a seguir diciéndolo porque es verdad—, dijo ella, y se dio la vuelta, alejándose y subiendo las escaleras.
—No, lo dices porque crees que todo gira j0didamente en torno a ti, Isabela, pero adivina qué, z0rra: NO ES ASÍ—, gritó mirándola fijamente a los ojos.
—¿Sabes qué? Que te j0dan, Isabela—, añadió, lo que hizo que Isabela soltara una risa seca y sin humor.
—¡Que te j0dan, Josiah, j***r!—, gritó ella antes de oír cómo se cerraba de golpe la puerta principal, lo que la hizo burlarse.
Se dirigió a su habitación y se tumbó en la cama tras quitarse los pantalones de chándal. Suspiró y se frotó suavemente el estómago mientras miraba al techo.
Cerrando los ojos, Isabela dejó a un lado sus pensamientos y rápidamente cayó en un sueño profundo.
*
—Cariño, vamos, tenemos que irnos—, dijo Sola dándole una palmada en el cul0 a Alice y rodeando la cama. Alice gimió en voz alta antes de levantar la cabeza de la almohada para mirar con ira a su novia, quien solo le dedicó una pequeña sonrisa.
—Tú y mi cul0 van a tener un problema en un momento—, dijo incorporándose un poco mientras Sola se burlaba.
—Chica, cállate de una vez y levántate para que podamos irnos.
—Mírate, creyendo que puedes darme órdenes—, dijo Alice con una sonrisa burlona, apartándose el pelo de la cara mientras se mordía el labio. —Qué mona—, murmuró y se levantó de la cama.
—No es bonito, nena, es la verdad, porque puedo darte órdenes.
—¿Ah, sí?—, Alice arqueó una ceja ante su comentario de forma burlona y Sola se volvió hacia ella con su propia sonrisa burlona en el rostro.
—Claro que sí—, dijo Solaria.
—No vas a hacer una m...— Sola fue interrumpida por Alice, que la agarró por el cuello y la inmovilizó contra la pared que tenía detrás.
Sola soltó un suave jadeo y Alice le dedicó una sonrisa burlona. Se inclinó hacia Sola, dejándola sentir su aliento en la cara.
—No me subestimes nunca, nena, te olvidas de con quién c0ño estás hablando.
—¡Alice! ¡Solaria, dónde coñ0 están, tenemos que irnos!—, gritó Matías desde abajo, y Alice gruñó antes de poner los ojos en blanco.
—Aguafiestas—. Le dio un rápido beso en los labios a su novia antes de dirigirse al baño.
Matías estaba sentado en el salón con una bolsa de patatas fritas en las manos mientras esperaba a las dos amantes que, a sus ojos, se estaban tomando su dulce tiempo lésbico.
—Vale, ya estamos listas—, dijo Alice al entrar en el salón quince minutos más tarde. Llevaba unos pantalones cargo y una camiseta vieja que le había robado a su hermano. Sus manos estaban cubiertas de anillos, para gran deleite de Sola.
—Por fin, vamos ya—, dijo Matías levantándose del sofá. Tiró la bolsa de patatas fritas, ya vacía, antes de seguir a las chicas hacia la puerta.
Sola llevaba un top n***o sin tirantes con unos vaqueros negros rotos de cintura alta. Le había robado una de las chaquetas a Alice y se la había puesto encima.
—Sigo sin entender por qué tenemos que irnos—, refunfuñó Alice mientras se subía al coche.
—Tampoco entiendo por qué nos llevas tú cuando las dos tenemos coche—, dijo levantando una ceja a Matías, quien le dio un golpecito en la frente.
—Cállate y siéntate atrás para que no te mates.