Más me enamoro de ti

1475 Palabras
Isabela estaba sentada en el salón. —Buenos días, querida—, sonrió Marisol al entrar en el salón con una taza de té en las manos. Isabela giró la cabeza para mirarla y le devolvió la sonrisa. —Buenos días, Sra. Marisol. —¿Quieres un poco de té o algo de beber?—, preguntó Marisol, y Isabela negó con la cabeza. —Eh, ¿tienes chocolate caliente? Me apetece muchísimo chocolate ahora mismo—, dijo Isabela riendo, y Marisol negó con la cabeza. —Tengo leche con chocolate, pero puedo prepararte un chocolate caliente con ella si quieres—, dijo Marisol mientras dejaba su taza de té sobre la mesita del salón. —La verdad es que la leche con chocolate estaría genial, muchas gracias, señora Marisol—, dijo Isabela mientras volvía a mirar por la ventana, ya que Marisol había salido de la habitación para servirle un vaso de leche con chocolate. —¡Rivera! ¡Ya estoy aquí!—, gritó Gabriel al entrar en la casa con una taza de café en las manos. Entró en el salón antes de fijarse en la chica que estaba en el alféizar de la ventana y le sonreía. —Hola, Gabriel—, dijo ella, y él le dedicó una leve sonrisa. —Buenos días, Isabela, ¿cómo has dormido? —De hecho, he dormido muy bien, y, ah, la señora Marisol me ha dicho que anoche me acostaste. Quería darte las gracias por eso. Te lo agradezco mucho—. Isabela le sonrió y él asintió con la cabeza. —No hay ningún problema—, dijo antes de sentarse en el sofá, justo cuando Marisol Rivera volvía a entrar en la habitación con el vaso de leche con chocolate de Isabela. —Toma, cariño—, dijo ella, entregándoselo a Isabela, quien le dio las gracias y sonrió. —¿Estás listo?—, le preguntó Marisol a Gabriel, quien asintió con la cabeza. —Voy a buscar los juegos—, dijo y salió rápidamente de la habitación. —¿Juegos para qué?—, preguntó Isabela mientras daba un sorbo a su leche, lo que hizo que Marisol la mirara. —Gabriel y yo hacemos una pequeña noche de juegos una vez al mes y yo tengo que trabajar más tarde, así que este mes lo hacemos temprano—. Marisol sonrió y Isabela asintió con la cabeza antes de volver a mirar a Gabriel, que entraba con un montón de juegos de mesa en las manos. —¿Te apetece jugar, cariño?—, le preguntó, y Isabela asintió con la cabeza. —Me encantaría—. Se sentó junto a Marisol en el sofá, con Gabriel al otro lado de ella. —¿A qué jugamos primero?—, dice Gabriel mientras coloca los juegos sobre la mesa. —Oh, ¿qué tal una partida de Uno?—, dice Marisol mientras coge las cartas de Uno de la pila. —Soy una bestia en el Uno, solo quería que lo supieras—, bromea Isabela, y Gabriel sonríe. —¿Quieres jugar al Uno normal o también con los colores, los números y las pilas, Rivera?—, le preguntó él, y ella se encogió de hombros. —Esta vez hagámoslo todo y la próxima ronda lo hagamos normal—, dijo ella, y Gabriel asintió antes de barajar las cartas y repartir siete a cada uno. —Empieza tú, Isabela—, dijo Marisol, y Isabela sonrió antes de colocar un nueve azul sobre el siete azul. Luego le tocó el turno a Marisol y puso un “skip”, lo que hizo que Gabriel exclamara dramáticamente: —El juego acaba de empezar, Rivera—, dijo mirándola con incredulidad. Isabela se rió y puso otra carta azul. —Lo siento, cariño —dijo Marisol dándole una palmadita en el hombro antes de volver a saltarse su turno. Isabela puso una carta de reverso y Gabriel le lanzó una sonrisa maliciosa a Marisol, lo que la hizo levantar una ceja. Rápidamente puso una carta de robar cuatro, lo que hizo que Isabela diera un grito ahogado. —Más te vale pillarlo, Marisol —instigó Isabela, y Marisol se volvió hacia ella. —Tú eres la que ha puesto la carta de reverso—, dijo, y Isabela abrió mucho los ojos antes de apartar la mirada mientras intentaba pensar en una respuesta. —Era mi última carta azul, señorita Marisol—, intentó defenderse Isabela, y Marisol hizo un sonido de “mhm”. —No importa, porque yo también tengo un "roba cuatro"—, dijo Marisol con una sonrisa burlona antes de poner el “roba cuatro” sobre la mesa, lo que hizo que a Isabela se le cayera el alma a los pies. —Sí, yo también sé jugar, cariño—, dijo Marisol, y Gabriel parecía querer reírse antes de apartar la mirada y taparse la cara. —¿Ah, sí? Adivina qué, sigue riéndote, Gabriel, porque ¡BOOM!—. Isabela puso una carta de robar cuatro y a Gabriel se le cayó la mandíbula, mientras Isabela sonreía feliz mientras se recostaba contra el sofá. —Eso no es justo—, dijo Gabriel, lo que hizo que Marisol se encogiera de hombros y sonriera. —Eso te pasa por intentar meterte conmigo—, dijo ella y le entregó sus doce cartas. —Me encanta este juego—, dijo Isabela acariciándose la barriguita con una gran sonrisa en la cara. —Sí, pero tú no eres la que tiene millones de cartas—, dijo Gabriel, lo que hizo que Isabela se encogiera de hombros y sonriera. —Y por eso me encanta—, dijo ella, y cogió su leche para dar un gran trago. —¡Mamá Marisol!—, gritó alguien al entrar en la casa por la puerta principal. Camila y Matías entraron en la casa y Isabela levantó la vista antes de sonreír. —Hola, chicos—, dijo ella, y Camila le sonrió antes de saludarla con la mano. —Ya sabes que cuando entras en mi casa, no hace falta que grites. Puede que mis oídos estén viejos, pero te oigo perfectamente—, le dijo Marisol a Matías, quien sonrió y negó con la cabeza. —Sí, señora. ¿Estás lista para irnos?—, preguntó él, y Marisol asintió con la cabeza. —Se me había olvidado que te dije que vinieras temprano. —¿Tienes trabajo ahora?—, preguntó Gabriel, a lo que Marisol volvió a asentir con la cabeza. —No, pero quiero llegar temprano para hablar con Agnes—, dijo Marisol levantándose. Dejó las cartas sobre la mesa y se acercó a Matías, quien le dedicó una sonrisa. —¿A qué estaban jugando?—, preguntó Camila, y Gabriel murmuró “uno”, lo que la hizo asentir con la cabeza. Isabela se levantó y se disculpó mientras salía de la habitación. —Adiós, Rivera, nos vemos luego—, dijo Gabriel mientras se levantaba con los juegos de mesa en las manos. Ella le sonrió a modo de despedida antes de que él saliera de la habitación. Marisol cogió su bolso y salió por la puerta principal con Matías y Camila detrás de ella. Isabela estaba en la cocina cogiendo una botella de agua y una manzana justo cuando Gabriel entró. —Hola —dijo Gabriel, y ella se volvió hacia él con una sonrisa. —Iba a hacer unas rodajas de manzana con mantequilla de cacahuete, ¿quieres un poco?—, preguntó Isabela, y Gabriel intentó ocultar su cara de asco, pero no lo consiguió. —No pasa nada, estoy bien—, dijo él, y ella se encogió de hombros antes de sacar la mantequilla de cacahuete de la despensa. —¿No guardas la mantequilla de cacahuete en la nevera?—, preguntó Gabriel, lo que hizo que Isabela lo mirara extrañada mientras soltaba una pequeña risa. —No, bueno, no sé qué hacen los demás, pero sé que ni Marisol ni yo lo hacemos. Yo guardo la mía en la despensa y la mermelada en la nevera—, murmuró ella, lo que hizo que Gabriel asintiera con la cabeza. —Oh, la verdad es que no lo sé. No soy muy fan de la mantequilla de cacahuete—, dijo él encogiéndose de hombros, lo que hizo que Isabela soltara un pequeño grito dramático. —Me has herido profundamente, me has herido de verdad—, dijo Isabela llevándose la mano al corazón mientras negaba con la cabeza. Gabriel sonrió y negó con la cabeza ante su tontería, lo que la hizo sonreír y seguir cortando la manzana.
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