David abrió sus ojos con una enorme sonrisa. Ese día hace ocho años, había nacido la criatura que le había dado un sentido entero a su vida. Se movió ligeramente en la cama mirando por encima del hombro al pelinegro que todavía descansaba, sonrió al sonido de su suave respiración. Le había pedido a la una de la mañana un chocolate para calmar sus antojos y él lo había complacido tomando el auto en pijama, había regresado con el dulce en sus manos y sus ojos casi cerrados, David lo había recibido con una sonrisa mientras secaba sus lágrimas de felicidad. Lo mejor era dejarlo dormir cuanto quisiera. Con cuidado caminó hasta baño y miró su reflejo en el espejo, ese día había decidido junto con Adrián darle a Julián la noticia de su hermanito, consideraban que era el momento oportuno. Además

