David miró su imagen una vez en el espejo todavía no muy convencido de su aspecto. Pasó las yemas de sus dedos por sus mejillas un poco infladas, sus caderas estaban un poco más anchas y su vientre inflado era demasiado evidente, se sentía como una bola de grasa andante. ¿Cómo Adrián podía amarlo con ese aspecto tan horrible? Secó un par de lágrimas y se dirigió de nuevo a su armario, debía haber alguna prenda que le favoreciera, o al menos no lo hiciera odiar tanto a sí mismo. No quería que Adrián se avergonzara de su aspecto y mucho menos se sintiera mal por andar con él por las calles. Se quitó la décima camisa con frustración, nada se le veía bien. Revolcó un poco más entre sus ropas hasta hallar una camisa blanca, poco convencido se la probó, al menos el resultado era más agradabl

