Adrián mordió sus labios con fuerza hasta el punto de casi sangrar. Veía a las enfermeras caminar de un lado a otro con tranquilidad, como si no ocurriera nada del otro mundo. En vez sonreír deberían estar cuidando de David y velando por su salud. Arrojó su sacó contra la silla ¿Por qué no le daban noticias? Su cuerpo sudaba mientras apretaba sus puños hasta el punto de poner blancos sus nudillos. Si a David le ocurría algo no se lo perdonaría jamás, se volvería loco. Daba círculos impacientes en el pasillo, no reparaba en las personas que le miraban con pensar. No quería saber de nada ni nadie, solo de David. Minutos después apareció Alex corriendo, sus ojos estaban rojos símbolo de que había llorado. Se precipitó al pelinegro con la ira ardiendo. — ¿Qué le has hecho?—Gruñó con ojos agu

