David rodó sobre su cuerpo abriendo sus ojos con pesadez, los recuerdos de la noche anterior lo trajeron a la realidad tiñendo sus mejillas de carmín. Con temor ladeó su rostro encontrándose con la imagen de Adrián durmiendo plácidamente a su lado, su corazón se aceleró a un ritmo aterrador, no podía ser posible que despertara junto a él, en su departamento, en su cama. Contuvo el aire y se quedó admirando el cuerpo ajeno, la noche anterior había sido hermosa, demasiado para ser cierta. Apartó con cuidado la mano que reposaba en su cintura. Se sentía feliz, lleno. Quería despertar a Adrián y rogarle que lo hiciera suyo una vez más, pero recordar la palabras de su última discusión le dieron motivos suficientes para no hacerlo. Además tampoco tenía sentido hacerlo, no quería salir herido.

