David veía a padre e hijo correr tras el balón ensimismado, en ese momento su mente era un bucle de pensamientos lleno de nada y a la vez de todo. Habían pasado casi dos semanas desde aquel día en el apartamento de Adrián y debía reconocer que lo sentía como si apenas hubiese sido ayer. Sus esfuerzos por evitarlo fueron en vano de continuar gracias a Julián y sus insistencias de verlo, quería entender a su hijo pero realmente le costaba mucho. No tenía control de sus propias emociones, de sus pensamientos, su cuerpo incluso parecía más independiente. Cada vez que veía a Adrián se juntaba la amargura del pasado en su corazón, por más que trataba de controlarlo no podía, era inevitable que el amor y el odio se juntaran de una manera confusa. Pero, lo peor de todo, era que Adrián no le ayu

