Incidente

1699 Palabras
Una semana después Levanto a mi niño para llevarlo a la escuela, hoy nos ha costado despertar a los dos, anoche nos quedamos hasta tarde mirando una película de super héroes, Hulk y Spiderman son sus favoritos, nos hemos mirado todas las pelis de Marvel, pero los fines de semana que se queda en casa solemos repetir nuestras favoritas. — Mami ¿puedo faltar hoy? Tengo mucho sueño — claro está que mi peque ha salido dormilón igual que su madre. — No Andrés, tienes que ir a la escuela, ese era el trato, mirábamos la peli pero te levantabas sin quejarte. — Esta bien mamá. Se levanta con los ojitos pegados y se mete en el baño para asearse, mientras que yo, que también quisiera quedarme en la cama, me cambio con la ropa de trabajo. Los lunes son los días de más trabajo, ya que me toca el consultorio y el área de urgencias.  Ya cambiados, desayunados y listos, salimos rumbo al cole de mi peque, mi madre se ha ido mas temprano, ya que ella entra a las 6 de la mañana. Dejo a mi Andrés en la escuela y me voy hasta el hospital. Reniego en mi cabeza por que debo tomar el bus, no veo la hora de poder tener el dinero suficiente y comprarme un coche, esperar el micro me quita mucho tiempo y cuando viene ocupado a veces ni para. Estoy en la parada maldiciendo en mi mente, cuando veo un auto n***o de esos que se ven en las películas, de ultima gama y brillante por donde se lo mire, tiene los vidrios bajos y no puedo evitar mirar a su conductor. Un muchacho de unos 30 años, su cabello es rubio y lo lleva peinado hacia atrás, esta mirando hacia adelante esperando la luz verde del semáforo, que yo espero que tarde un poco mas, así puedo seguir admirando su belleza, tiene un perfil increíble, la nariz fina y unas cejas perfectas, quisiera verle los ojos, pero los lentes oscuros que lleva no me lo permiten. ¡Oh no! Se dio cuenta que lo estaba mirando y ahora es el quien me observa a través de sus anteojos de sol, es mucho mas lindo de frente, me sonríe y sigue su camino. Mientras que observo que al fin llega mi micro. Ha pasado una semana y no he vuelto a saber de Manuel, pues claro en ningún momento me pidió mi numero telefónico ni yo el del, tampoco es que hemos conversado lo suficiente como para hacerlo, no puedo negar que he soñado con el estos días, pero lo mejor será que me lo saque de la cabeza, sin duda teníamos intenciones diferentes y yo no tengo la menor intención de involucrar mi corazón en una relación. Por fin llego al hospital, saludo a mis compañeras y voy directo al consultorio, ya estoy llegando unos 15 minutos tarde y tengo al menos seis mujeres embarazadas esperando ser atendidas. La mañana pasa, me queda la ultima paciente, salgo hasta la puerta del consultorio y la llamo — señorita Steve pase por favor — pero para mi sorpresa la muchacha no viene sola. « Joder » Esta acompañada del rubio que he visto hoy en el semáforo. Pues claro, un hombre tan guapo sin duda estaría comprometido y... a punto de ser padre. La chica tiene una barriga de al menos 33 semanas de embarazo. Ambos pasan, intento no mirar al bombonazo de su marido, que siento que tiene su mirada clavada en mi, ahora que no tiene los lentes oscuros puedo ver que tiene unos ojos verdosos intensos, por un momento me recuerdan a Manuel, pero estoy segura de que es mi inconsciente cachondo que se ha quedado con las ganas y ahora lo veo en cualquier sitio. — Muy bien señorita, recuéstese en la camilla que vamos a ver como viene su bebé, haremos una ecografía, puede decirle a su esposo que se acerque — ellos ríen, no entiendo por que, pero no dicen nada. El se acerca y se sienta al lado de su esposa y yo comienzo a pasarle el ecógrafo por la barriga. — ¿Ya saben el sexo? — digo mientras observo la pantalla y veo que es un varón. — No, no se ha dejado ver en los controles anteriores y ya falta muy poco para que nazca, he tenido que comprar todo amarillo y blanco — Bueno ahora si se ha dejado ver, los felicito tendrán un precioso niño — a ella se le llenan los ojos de lagrimas, pero el simplemente la mira con una sonrisa en la cara, ni un beso ni una caricia, nada. « que tipo mas frio » pienso, al tiempo que le alcanzo unas servilletas de papel para que se limpie la barriga, le doy el turno para el siguiente control y se despiden. Uff que día agotador, es la hora del almuerzo, así que voy hacia el buffet a comer con mis compañeros y luego pasare a saludar  a mi madre antes de ir al sector de urgencias. Me acerco al mostrador a pedirle a Barbara mi vianda, me sirve en una bandeja un delicioso plato de arroz frito con un vaso de jugo de naranja, se me hace agua la boca del hambre que tengo. Me giro con cuidado con la bandeja en las manos y de repente choco con alguien haciendo que mi almuerzo caiga al piso completo. — Pero ¿Qué haces? — grito mirando mi deliciosa comida desparramada — Eres tu la que se ha dado vuelta sin fijarse — levanto la mirada y veo al rubio que he cruzado hoy dos veces mirándome con altivez, cuento hasta tres para no mandarlo a donde no le da el sol, tiene suerte de tener esos ojos tan intensos que hicieron que me quede medio embobada mirándolo. — Déjame invitarte el almuerzo, yo invito — dice acercándose al mostrador, no oigo lo que le dice a Barbi, pero ella, al igual que yo, se queda mirándolo con una sonrisa de tonta. Es que realmente es muy guapo. — No te preocupes, puedo volver a pedirme la comida yo solita. — Lo que faltaba, mira si voy a andar dejándome seducir por un hombre que esta a punto de ser padre. « ¿y quien te ha dicho que quiere seducirte? solo esta teniendo un gesto amable » me dice esa vocecita en mi mente con la que suelo tener las peleas mas grandes. — Por favor, tómalo como un agradecimiento por haberle dicho a mi amiga el sexo de su bebé — ¿su amiga? ¿ha dicho su amiga? Entonces no es su esposa. Sonrío como idiota por mis pensamientos, y el me mira con los ojos achinados sin entender el motivo de mi sonrisa. — Bien, ese es mi trabajo, pero la próxima vez, por favor ten mas cuidado. — digo haciéndome la ofendida, pero por dentro - y no se por qué - me alegro por que no sea él el padre de aquel bebé.  Nos sentamos y enseguida Barbi nos trae dos platos con milanesas y papas fritas, no puedo evitar relamerme los labios cuando veo mi comida favorita frente a mi. — Soy Víctor y lamento haber tirado tu almuerzo, espero que este sea de tu agrado — « de mi agrado eres tú » ufff, sacudo la cabeza antes de que ese pensamiento se instale en mi mente, tampoco es que quiero andar de regalada insinuándome al primero hombre guapo que se me cruce. — Soy Amelia, y si, me encantan las milanesas que hacen en el buffet — tomo los cubiertos y me llevo el primer bocado a la boca, puedo ver de reojo como me mira con una sonrisa torcida. — ¿Tu no comes? Esta delicioso — digo con la boca llena mientras mastico. Es que si hay algo que me puede, es esto. — Sin duda se ve delicioso — ¡Madre mía! eso ha sonado en doble sentido, o quizás es mi imaginación, y ya estoy demasiado sexualizada que todo lo tomo para ese lado. No respondo. — ¿Hace mucho trabajas aquí? — dice mientras se lleva el tenedor a la boca y me quedo como tonta mirando sus anchos labios. — Hace 3 años, ¿y tu? ¿Dónde esta la chica embarazada? — intento sacar algún tema de conversación para poder distraer mi perversa mente. — Se ha ido a su casa, yo tengo una reunión de trabajo en media hora y quise hacer tiempo almorzando algo, hasta que bueno, no sabia que a raíz de un incidente iba a tener tan buena compañía — de nuevo sus ojos se clavan en los míos, tengo que beber un poco de jugo para poder disimular que casi me atraganto con una papa frita. ¿Me esta tirando los cachos?. — ¿Eres tu la que estaba esta mañana en la parada del autobús? — ¡Oh! me reconoció. « Pues si Am, si te has quedado mirándolo como una idiota»  — Oh, si, es que creí que eras un conocido. — Mentí intentando sonar creíble, tampoco es que podía decirle, oh si era yo y estaba mirando lo bueno que estas. Me mira con una sonrisa en el rostro, es imposible no babear. Mira su móvil y se levanta. — Disculpa, voy tarde. Ha sido un placer conocerte preciosa, espero poder volver a tener la suerte de cruzarte. — Se gira para irse, pero antes saca de su bolsillo una tarjeta pequeña y la deja sobre la mesa, me guiña el ojo y se marcha. La tomo y veo su nombre Víctor Roitz, la doy vuelta y esta su numero de teléfono. Por un momento dudo si guardarla o no, tampoco es que voy a escribirle y decirle "hola soy la chica que te ha estado mirando como una psicópata y luego le has invitado el almuerzo", pero bueno, es que por algo me ha dejado su número. Sin seguir pensándomelo, tomo la tarjeta y la guardo en mi chaqueta, me levanto y vuelvo a mi trabajo, el día aun no termina.
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